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Desde San Lázaro. Se aprieta la sucesión presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Se aprieta la sucesión presidencial. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/XochitlGalvez

Todo sea por no soltar el hueso, aunque les toquen premios de consolación, lo importante es seguir “mamando” del presupuesto, total, el pueblo bueno aguanta eso y más

O dígame estimado lector, tendrán alguna posibilidad de alcanzar la nominación presidencial por Morena y sus rémoras, Gerardo Fernández Noroña o Manuel Velazco, vamos ni siquiera Ricardo Monreal podrán acceder a esa posición privilegiada, en cambio sí repetirán en el Congreso, porque así ya lo dispuso el presidente López Obrador al otorgarles desde ahora sus premios de consolación por prestarse a la farsa en donde inicialmente saldría ganadora Claudia Sheinbaum, pero ahora con la irrupción de Xóchitl Gálvez , necesariamente se tendrá que cambiar la fórmula para incorporar a un candidato más competitivo, so pena de perder el poder el próximo año.

La fuerza mostrada en los últimos días por Xóchitl al ser trending topic en twitter y por despuntar notablemente en las encuestas, pone de manifiesto varios hechos que han cambiado el equilibrio de fuerzas entre el oficialismo y la oposición y por consecuencia se aprieta la sucesión presidencial.

Por ello es menester considerar los siguientes apuntes:

El primero es que, por parte del Morena, PT y PVEM, solo quedan dos aspirantes en igualdad de condiciones para ganar el proceso y esos son: Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, por lo que se deduce que Adán Augusto López, será el próximo coordinador de los senadores de Morena en la LXVI Legislatura.

Segundo; los legisladores, Monreal, Noroña y Velazco, deberían mejor ya no invertir en un proyecto que es a todas luces perdedor, aunque en su corazoncito no buscan realmente la nominación presidencial, sino que se conforman, los dos primeros,  con abanderar la causa rumbo a la Jefatura de Gobierno de la CDMX.

Tercero; Si hasta hace pocos días la yegua del oficialismo marchaba a la punta, hasta que, viniendo de atrás, ahora se encuentra en el curva final siendo emparejada por Marcelo y Xóchitl y con un final de película que se definirá en la línea de meta.

Cuarto, este equilibrio de fuerzas  complica sobremanera el proyecto político de AMLO por instaurar el Obradorato al pretender gobernar el próximo sexenio a través de interpósita persona.

Quinto, los tiempos se aprietan y se retiran de la brega por la candidatura varios personajes que por semanas estuvieron insistiendo en ello. Léase Lilly Téllez, Germán Martínez, Damián Zepeda y otros tantos, mientras que se van perfilando los que en definitiva estarán en la boleta presidencial.

Sexto, por parte del bloque oficialista solo quedan Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum.

Séptimo, del lado opositor, se perfilan Xóchitl Gálvez, Santiago Creel y Enrique de la Madrid.

Octavo. Las autoridades electorales seguirán siendo omisas al sancionar a las corcholatas por  actos anticipados de campaña con recursos públicos.

Noveno. En estos momentos no hay un claro ganador en la elección presidencial, no obstante los estertores triunfalistas que emanan desde Palacio Nacional.

Décimo, el país se cae en pedazos, en tanto las campañas políticas de las corcholatas del presidente López Obrador están al tope, en cuanto al dispendio de recursos públicos y en la distracción de sus tareas como las del  propio Jefe del Ejecutivo Federal, Verbigracia, lo que ocurre en Chiapas con el secuestro por parte de criminales de un grupo de trabajadores estatales, es solo una pequeña muestra de la insensibilidad de AMLO, de la descomposición social e ingobernabilidad.

Volvamos a la sucesión presidencial y los yerros de AMLO que, a la postre, han encumbrado a una de sus opositoras a la antesala de la presidencia de la República.

El propio tabasqueño al cerrarle la puerta de Palacio Nacional a la hidalguense (al intentar ingresar para ejercer su derecho réplica otorgada por un juez) la martirizó, al tiempo de evidenciar su temor por ser increpado por una opositora.

Otro error del mandatario federal es promover una guerra fratricida entre las corcholatas para disfrazar el dedazo presidencial en favor de Claudia Sheinbaum.

Quiso distinguirse de los presidentes priistas  con un proceso inédito mediante las encuestas, sin embargo, con  el estancamiento de la ex Jefa de Gobierno en estas, pues tendrá que apoyar a Marcelo Ebrard si es que quiere frenar a Xóchitl.

A unas semanas de que se conozcan las candidatos presidenciales de Morena y rémoras; y del bloque opositor conformado por el PAN, PRI, PRD y el Frente Cívico Nacional, no hay certeza sobre quien será el ganador a pesar de que desde hace varias semanas se veía que no habría alternancia en el poder, pero los yerros de AMLO y el repunte de Xóchitl Gálvez apretaron la sucesión presidencial.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.