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Economía mexicana da síntomas de desaceleración

20 Jun 2023
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Economía mexicana da síntomas de desaceleración Imagen tomada de: https://twitter.com/INEGI_INFORMA
  • La economía mexicana presentó una desaceleración tanto en las actividades terciarias como en las secundarias durante mayo

 

La economía mexicana se desaceleró durante mayo al anotar un avance de 0.1 por ciento mensual, desde 0.6 por ciento en abril, de acuerdo con el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) que elabora el INEGI.

 

El menor dinamismo de la actividad se daría ante una desaceleración tanto en las actividades terciarias como en las secundarias, según las cifras desestacionalizadas.

 

Para el caso de las terciarias se observaría un crecimiento de 0.1 por ciento mensual en mayo, de igual forma, este dato se daría tras un avance de 0.6 por ciento en abril.

 

Mientras que las secundarias también habrían reportado un avance mensual de 0.1 por ciento en mayo, menor al 0.4 por ciento del mes previo.

 

A pesar de la desaceleración de mayo, Marcos Arias de Monex recordó que el dato de abril fue revisado al alza, al pasar de 0.4 por ciento estimado a 0.6 por ciento, “con lo que el segundo trimestre perfila un crecimiento igual de destacado que el primero, cuando se registraron unos de los mejores resultados en los últimos 20 años”.

 

“Aunque es un avance liviano, la economía mexicana continúa generando valor y evitando el cuadro de una desaceleración más profunda”, dijo Marcos Arias de Monex.

 

El crecimiento promedio de la actividad industrial entre enero y mayo del presente año es de 0.0 por ciento, mientras que en los servicios el avance reportado es de 0.32 por ciento.

 

El economista en jefe de Ve por Más, Alejandro Saldaña, dijo que al sector servicios le ha ayudado el tener niveles de desempleo relativamente bajos marcando mínimos históricos al inicio del año impulsando el consumo, pero se anticipa una desaceleración hacia los próximos meses.

 

“El entorno de altas tasas de interés por la afectación al poder adquisitivo por la inflación es consistente que veamos una desaceleración en la actividad económica, más en los servicios donde se refleja la dinámica del consumo privado, incluso las remesas si las conviertes a pesos y le restas la inflación muestra una variación anual negativa”, dijo Saldaña en entrevista.

 

Sobre el desempeño de la industria, Saldaña recordó que ha mostrado “lecturas mixtas con pequeños brincos sobre todo en la actividad manufacturera, y esto parece ser consistente con un ritmo de crecimiento menor en la industria estadounidense”.

 

Para el quinto mes del año, en Estados Unidos, la actividad industrial tuvo una caída de 0.2 por ciento mensual, que representó su primera contracción en el año. En su interior, si bien las manufacturas crecieron 0.1 por ciento, el dato fue menor al 0.9 por ciento reportado durante abril.

 

Otra de las señales de debilidad en la manufactura, pero visto desde México, se manifiesta en las exportaciones, que anotaron en abril una caída de 2.6 por ciento mensual, tras un avance de 4.2 por ciento en el mes previo.

 

El presidente de Bursamétrica, Ernesto O’Farrill explicó que ven “una desaceleración gradual tanto del sector exportador como en el mercado interno, y si bien es factible crecer por arriba del 2 por ciento en todo el año, es probable un escenario en el que la recesión inicie a finales del año y afecte la economía mexicana en el primer trimestre del 2024″.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.