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Inflación en México se desacelera a 5.84% en mayo; liga 4 meses a la baja

08 Jun 2023
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Inflación en México se desacelera a 5.84% en mayo; liga 4 meses a la baja Imagen tomada de: https://twitter.com/INEGI_INFORMA
  • La inflación tocó su menor nivel desde agosto del 2021, cuando reportó una tasa de 5.59 por ciento anual

 

La inflación en México parece que encontró una tendencia a la baja y durante mayo se ubicó en 5.84 por ciento anual, con lo que ligó cuatro meses a la baja, de acuerdo con el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) del INEGI.

 

Con este descenso, la inflación tocó su menor nivel desde agosto del 2021, cuando reportó una tasa de 5.59 por ciento anual.

 

Además, el dato fue mejor al 5.89 por ciento anual esperado por analistas consultados por Citibanamex en su encuesta más reciente.

 

Si bien la inflación manda señales de enfriamiento, todavía está por encima del rango objetivo del Banco de México (Banxico) que es de 3 por ciento +/- un punto porcentual, nivel que ha superado desde marzo del 2021, es decir, 27 meses.

 

Respecto a abril, el INPC mostró una caída de 0.22 por ciento, que significó la segunda caída mensual al hilo y la más pronunciada para un mismo mes desde el 2019 de 0.29 por ciento.

 

Los analistas pronosticaron un descenso de 0.17 por ciento mensual en mayo, mes en el que de 2003 a 2019 se ha reportado una caída del INPC.

 

El ritmo descendente de la inflación también se reflejó en la subyacente, que reportó una tasa de 7.39 por ciento anual en mayo, de igual forma su cuarto mes a la baja y en línea a lo que pronosticó el mercado.

 

En su comparación mensual, la subyacente anotó un avance de 0.32 por ciento en mayo, y la más baja para un mismo mes desde el 2020. El consenso de analistas apuntó a un crecimiento de 0.33 por ciento mensual.

 

Al interior, las mercancías anotaron un incremento mensual de 0.35 por ciento en mayo, el más bajo desde noviembre del 2021 y para un mismo mes desde el 2019, para ubicarse en 9.04 por ciento anual, el nivel más bajo desde marzo del año pasado.

 

Mientras que los servicios se encarecieron 0.29 por ciento en mayo, por encima de 0.25 por ciento del mes previo y a tasa anual llegó a 5.43 por ciento, la más baja desde diciembre pasado.

 

Sobre la inflación no subyacente, mostró su tercera caída mensual y en mayo fue de 1.88 por ciento, para situarse en 1.24 por ciento anual, el nivel más bajo desde diciembre del 2020.

 

“Dentro del índice no subyacente, a tasa mensual, los precios de los productos agropecuarios bajaron 0.34 por ciento y los de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, 3.21 por ciento. Esto se debió, principalmente, a los ajustes en las tarifas eléctricas por temporada cálida en 11 ciudades del país”, dijo el INEGI.

 

La inflación anual en los productos agropecuarios fue de 4.95 por ciento, su nivel más moderado desde mayo del 2021 y en energéticos y tarifas autorizadas se dio por segundo mes al hilo una inflación negativa o deflación y en mayo fue de -1.83 por ciento.

 

Con información de: El Financiero
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.