Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Solo mejor que Haití: Banco Mundial estima crecimiento de 0% para México en 2025

24 Abr 2025
410 veces
Solo mejor que Haití: Banco Mundial estima crecimiento de 0% para México en 2025 Imagen tomada de: https://x.com/BancoMundial
  • El Banco Mundial dio un oscuro panorama para la economía mexicana, afectada por los aranceles de EU, para el cierre de este año

 

La economía de México no mostrará crecimiento en 2025 en una desaceleración desde el 1.5 por ciento que se estima creció en 2024, según el Banco Mundial, al ubicar al país como el segundo en la región de América Latina y el Caribe con una economía sin expansión, solo mejor que Haití en donde se anticipa una contracción de su PIB.

 

Se estima que el PIB México muestre una variación de 0.0 por ciento en 2025, de 1.1 por ciento en 2026 y 1.8 por ciento en 2027, según los datos publicados en la versión avanzada del informe ‘Crimen Organizado y Violencia en América Latina y el Caribe’, que se publicará el próximo lunes 28 de abril.

 

Salvo por Haití, del que se espera una contracción de 2.2 por ciento, México es el país con los pronósticos menos halagüeños.

 

El giro de Estados Unidos hacia una política arancelaria “arroja incertidumbre sobre el proyecto de nearshoring en América Latina y el Caribe y el acceso a los mercados mundiales en general, mientras que el otro principal mercado de ALC, China, continúa mostrando un crecimiento anémico”, explica el artículo.

 

Por otro lado, mayores aranceles, y los niveles más altos de incertidumbre comercial en una década, impiden una mayor integración de la región en las cadenas de suministro de Estados Unidos, además de poner en peligro los empleos en las industrias relacionadas con las exportaciones, considera el Banco Mundial.

 

Reconoce que los acuerdos recientemente firmados por México y el Mercosur con la Unión Europea representan un paso hacia la diversificación de mercados y una postura relativamente abierta hacia los mercados mundiales.

 

“Sin embargo, los nuevos desafíos exigen abordar una agenda pendiente de hace décadas en las áreas de infraestructura, educación, regulación, competencia y política tributaria para aumentar tanto la productividad como la capacidad de adaptación de las economías de la región frente a la nueva incertidumbre”, advirtió.

 

Ante un cambio en la percepción del rumbo de la economía mundial, ahora se espera que la inflación en los países avanzados persista retrasando nuevos recortes de las tasas de interés y limitando el espacio para que los bancos centrales de América Latina y el Caribe (ALC), flexibilicen aún más la política monetaria.

 

Con información de: El Financiero
Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.