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Cuánto tendrá que pagar el Gobierno en multas por no liberar a ‘Don Rodo’

30 Abr 2024
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Cuánto tendrá que pagar el Gobierno en multas por no liberar a ‘Don Rodo’ Imagen tomada de: https://twitter.com/rosaicela_
  • Al Gobierno de México le tomó más de dos días acatar la decisión de un juez de liberar a Abraham Oseguera

 

“Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie” dice la frase que el presidente Andrés Manuel López Obrador solía repetir en sus conferencias ‘mañaneras’ y para muestra el ‘castigo’ que recibió el Gobierno por no acatar la decisión del Poder Judicial.

 

Pero, ¿qué pasó? Vamos por partes: Agentes de la Guardia Nacional detuvieron a Abraham Oseguera, alías ‘Don Rodo’, el pasado domingo 21 de abril en Autlán de Navarro, Jalisco, acusado del delito del narcotráfico.

 

De hecho, ‘Don Rodo’ ya había pisado la cárcel, pero en Estados Unidos después de ser procesado por tráfico en California en 1994. Tras cumplir su condena y regresar a México, fue señalado por homicidio en Michoacán en 2013, pero el caso prescribió por lo que no fue vinculado a proceso.

 

Según fuentes federales, Abraham Oseguera solía pertenecer a la cabeza de la estructura del Cártel Jalisco Nueva Generación, grupo delictivo dirigido por su hermano Nemesio Oseguera, ‘El Mencho’.

 

Por razones calificadas como “inverosímiles” por el Gobierno de México, el juez Rogelio León Díaz Villarreal decidió no vincular a proceso a Abraham Oseguera y ordenó su liberación inmediata en las primeras horas del domingo 28 de abril.

 

¿Qué argumentos dio el juez? Consideró que no era creíble que una persona de más de 70 años estuviera fuera de su domicilio en la madrugada altamente armado y con pastillas de fentanilo.

 

Además, aseguró que Abraham Oseguera no estaba en condiciones de cargar un arma larga esto por los problemas de salud que sufre (recientemente fue operado por cáncer, aseguró su abogado). El juez Díaz Villarreal basó esta afirmación no a través de un dictamen pericial, sino solo con la “simple opinión del médico que ofreció el detenido como testigo”, criticó Luis Rodríguez Bucio, subsecretario de Seguridad.

 

Sin embargo, ‘Don Rodo’ salió del Altiplano hasta la madrugada de este martes 30 de diciembre. ¿Cuál fue la razón? Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad, remarcó que el Gobierno de México no dejó en libertad a Oseguera debido a que querían integrar bien su expediente.

“Consideramos que se debía hacer una revisión exhaustiva para cuidar a la población y cuidar el prestigio de las instituciones. Al final, aunque el juez había dado un ultimátum de tres horas, se determinó no acatar de inmediato para proceder a copiar toda la información y proteger en todo momento la dignidad del Estado mexicano”, detalló en el Salón Tesorería de Palacio Nacional.

 

Esta ‘desobediencia’ tiene consecuencias: El Gobierno federal tendrá que pagar dos multas de 25 mil pesos por no haber acatado la orden de liberar a ‘Don Rodo’ desde el domingo pasado.

 

“Procederemos a pagar porque consideramos que era mejor pagar a ser víctimas del escarnio”, argumentó la secretaría de Seguridad.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.