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Tribunal Electoral quita candidatura a diputado a Francisco García Cabeza de Vaca

18 Abr 2024
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Tribunal Electoral quita candidatura a diputado a Francisco García Cabeza de Vaca Imagen tomada de: https://twitter.com/TEPJF_informa
  • El Tribunal electoral determinó que están suspendidos los derechos político electorales de García Cabeza de Vaca, debido a que hay órdenes de aprehensión en su contra

 

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tiró la candidatura la Cámara de Diputados del exgobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

Por mayoría, las y los magistrados, resolvieron que por resolución judicial están suspendidos los derechos político-electorales del exmandatario debido a que en su contra hay al menos dos órdenes de aprehensión.

 

Dijeron, además, que hay evidencia judicial de que García Cabeza de Vaca se ha sustraído de la acción de la justicia con el fin de no ser detenido para que enfrente judicialmente las acusaciones en su contra.

 

Por ello, las y los magistrados determinaron revocar la candidatura del exgobernador de Tamaulipas y dieron 48 horas al Partido Acción Nacional (PAN) para que postule a la persona que sustituirá dicha candidatura.

 

Cabe recordar que en el INE/CG233/2024 el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), en ejercicio de la facultad supletoria, aceptó los registros de las candidaturas a diputadas y diputados al Congreso de la Unión por el principio de mayoría relativa y representación proporcional.

 

Entre ellos, aceptó la candidatura de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, María Teresa Castell de Oro Palacios, Gabriel Ricardo Quadri de la Torre, Olga Zulema Adams Pereyra y Julián Zacarías Curi y Esteban Abraham Macari.

 

Dicha decisión fue impugnada por Morena quien pidió cancelar la candidatura de García Cabeza de Vaca.

 

El caso llegó a la Sala Superior del TEPJF y, a propuesta de la magistrada Janine Otálora Malassis, la Sala decidió revocar la determinación.

 

Reyes Rodríguez Mondragón, quien votó contra el proyecto, dijo que García Cabeza de Vaca tiene suspensiones de amparo contra las órdenes de aprehensión por lo que sus derechos político electorales no están suspendidos.

 

“No haya una orden judicial que así lo determine, no hay alguna autoridad electoral que así lo registre y por tanto se haya dado de baja su registro electoral”, dijo el magistrado Rodríguez Mondragón.

 

Señaló de manera insistente que, una orden de aprehensión no es suficiente para suspender los derechos político electorales de una persona y mucho menos para impedir su registro como candidato a un puesto de elección popular.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.