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Crisis México-Ecuador

08 Abr 2024
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Crisis México-Ecuador Imagen tomada de: https://twitter.com/SRE_mx
  • La Secretaría de Relaciones Exteriores prometió acudir a organismos multilaterales para que la comunidad internacional condene la irrupción en la embajada

México acudirá este lunes 8 de abril a la Corte Internacional de Justicia para denunciar la responsabilidad de Ecuador por violaciones al Derecho Internacional, luego del asalto policial en la Embajada mexicana en Quito el pasado viernes 5 para la detención del exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas.

La secretaria de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, dijo este domingo 7 de abril en una conferencia de prensa que el país también acudirá a organismos multilaterales para que se condene el actuar del Gobierno de Ecuador y que provocó el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

“A partir de mañana (lunes) estaremos acudiendo a la Corte Internacional de Justicia, donde estaremos presentando este triste caso y por supuesto iremos a todos los foros multilaterales regionales e internacionales que corresponden para que realmente esto, primero que nada, se condene por toda la comunidad internacional”, dijo.

Bárcena agradeció la solidaridad de la comunidad internacional y señaló que al menos 18 países de América Latina y 10 países europeos han manifestado su respaldo, así como Estados Unidos y Canadá, en Norteamérica.

Agradeció también a organismos internacionales, múltiples parlamentarios y a la comunidad global por sus mensajes de respaldo, ante lo que calificó como un “hecho tan lamentable”. 

Bárcena también reconoció a las fuerzas políticas en México, pues admitió que, sin importar los colores e ideologías, todos los partidos políticos “unieron su voz en defensa de nuestra patria”.

Nos sentimos ultrajados, admite Bárcena

Respecto de la irrupción de policías de Ecuador a la Embajada de México en Quito y agresión a los diplomáticos mexicanos en la nación suramericana, la canciller mexicana afirmó que fue un ultraje y violación a la inmunidad del recinto diplomático y su personal.

“Nos sentimos francamente ultrajados porque fue violada la inmunidad de la Embajada y del personal diplomático y además el ingreso fue con una gran violencia y, sobre todo, y por supuesto, sin autorización”, expresó.

Por este hecho, México rompió de inmediato las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Ecuador, después de la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador, que derivó en el cierre definitivo de la Embajada de México en Quito.

Diplomáticos en Ecuador regresan ‘con la frente en alto’

Bárcena también encabezó una ceremonia por el regreso a México de los diplomáticos en Ecuador y sus familias, quienes mencionaros regresar con la frente en alto luego del asalto del viernes pasado.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.