Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

México cierra su embajada en Quito

08 Abr 2024
286 veces
México cierra su embajada en Quito Imagen tomada de: https://twitter.com/SRE_mx
  • El personal diplomático de México en Ecuador regresará al país en vuelos comerciales

La Embajada de México en Quito cerrará de forma indefinida y suspenderá los servicios consulares para más de mil 600 mexicanos y empresarios en la nación sudamericana, informó este sábado la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

En un comunicado, la SRE señaló que la comunidad mexicana y empresarial en Ecuador podrá recibir asistencia a través del Sistema de Registro para Personas Mexicanas en el Exterior (Sirme), así como en embajadas de naciones cercanas como la de Chile, Colombia y Perú.

La Cancillería del Gobierno mexicano también precisó que será un grupo de 18 mexicanos, integrado por los diplomáticos mexicanos en Ecuador y sus familiares, quienes retornarán en un vuelo comercial respaldado por embajadas amigas.

“El grupo de 18 personas viajarán el domingo 7 de abril en un vuelo comercial de Ecuador a Ciudad de México”, indicó.

Además, la dependencia del Gobierno de México señaló que una gran cantidad de países amigos y aliados con la Embajada en Ecuador ofrecieron su apoyo para velar por la integridad de las personas mexicanas que regresan a México.

Añadió que sus representaciones diplomáticas acompañarán a los mexicanos en su recorrido hasta el aeropuerto en la ciudad de Quito.

“Estamos pendientes de los diplomáticos de nuestra patria, no están solos”, sostuvo en un mensaje en X el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

En tanto, la canciller mexicana Alicia Bárcena indicó que coordina el retorno del personal diplomático acreditado en Ecuador por instrucciones del mandatario mexicano.

Además, aseveró que “México siempre velará por su seguridad y por el respeto de sus derechos”.

Senado de México hace un llamado a la Asamblea de Ecuador

El regreso de los diplomáticos mexicanos y el abandono de la Embajada mexicana en Ecuador se da tras el rompimiento de las relaciones diplomáticas de México con el Gobierno de Ecuador, luego del asalto al recinto diplomático en Quito para capturar al exvicepresidente ecuatoriano Jorge Glas.

En este contexto, la presidenta del Senado mexicano, Ana Lilia Rivera, advirtió que las autoridades ecuatorianas están obligadas a salvaguardar la Embajada de México, sus bienes y archivos, según la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

“En el Senado mexicano nos mantendremos atentos de que así sea”, señaló en X, al tiempo que hizo un respetuoso exhorto a la Asamblea de Ecuador para establecer contacto y, juntos, “coadyuvar a la superación de esta sensible crisis diplomática privilegiando el diálogo y la solución pacífica de las controversias”.

México también ha anticipado que recurrirá a la Corte Internacional de Justicia para denunciar la responsabilidad de Ecuador por violaciones al Derecho Internacional.

Con información de: El Financiero

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.