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Aumentar la seguridad en carreteras por Semana Santa, demandan desde el Senado

25 Mar 2024
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Aumentar la seguridad en carreteras por Semana Santa, demandan desde el Senado Imagen tomada de: https://twitter.com/GN_Carreteras
  • En periodos vacacionales, el índice de accidentes puede elevarse entre 15 y 20 por ciento, advierten senadores del PT

 

Ante la proximidad del periodo vacacional de Semana Santa, el Grupo Parlamentario del PT pidió a la Guardia Nacional que, en coordinación con las autoridades en materia de seguridad, en todos los estados del país fortalezcan su presencia y vigilancia en las carreteras, caminos y puentes federales.

 

Se trata, explicaron, de garantizar la seguridad de las personas que transitan en la red nacional de carreteras, pues persisten los reportes de robo a personas y operadores de transporte de carga que utilizan las autopistas del país.

 

El punto de acuerdo, publicado en la Gaceta Parlamentaria del 20 de marzo y turnado a la Comisión de Seguridad Pública, fue suscrito por las senadoras Geovanna Bañuelos de la Torre y Cora Cecilia Pinedo Alonso, así como por el senador Joel Padilla Peña.

 

 Pidieron a la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes que, en coordinación con la Guardia Nacional, refuercen la vigilancia de las carreteras, con especial atención al respeto a los límites de velocidad, así como de la periódica revisión de los vehículos.

 

Además, solicitaron a la SICT que fortalezca la presencia de personal de los Ángeles Verdes para que, en coordinación con las autoridades de las 32 entidades federativas, brinden asistencia y auxilio a la población usuaria de las carreteras, caminos y puentes de México ante el incremento vial en la red de carreteras, con motivo del inicio de la Semana Santa 2024.

 

Bañuelos de la Torre, Pinedo Alonso y Padilla Peña mencionaron que, durante las vacaciones, el volumen de tráfico en las carreteras aumenta significativamente debido a que las personas aprovechan esos días para realizar viajes de placer, visitar familiares y amigos o simplemente para salir de la rutina.

 

A partir del próximo domingo, 24 de marzo, y hasta el 31 de marzo de 2024, se celebrará la Semana Santa. Por ello, a partir del próximo viernes se observará en las centrales de autobuses, en las carreteras y autopistas de nuestro país un incremento significativo de usuarios.

 

Las senadoras y el senador agregaron que de acuerdo con Caminos y Puentes Federales (Capufe), el riesgo de que suceda un accidente de tránsito en temporada vacacional se incrementa, debido al aumento del aforo vehicular en las carreteras, el exceso de velocidad y por no respetar los señalamientos viales.

 

“La Secretaría de Salud estima que, en periodos vacacionales, el índice de accidentalidad puede incrementar entre un 15 y un 20 por ciento respecto a los periodos ordinarios. De igual manera, se estima que ocho de cada 10 accidentes en las carreteras del país son atribuibles a quien conduce. Entre esas causas pueden estar las distracciones por dispositivos móviles, comer, fumar, el consumo de bebidas alcohólicas, entre otros”.

Mencionaron que, del total de robo a transportistas reportados en 2023, 66.29 por ciento fueron cometidos en carreteras estatales y 33.71 por ciento en carreteras federales.

 

En ese mismo año, se reportaron nueve mil 181 robos a transportistas, catalogados como delitos de fuero local, lo que representó 3.9 por ciento de incremento, respecto de 2022, cuando se registraron ocho mil 836 eventos de esta naturaleza.

 

Además, 92 por ciento de los robos en carreteras se cometieron en 10 entidades de la república: Estado de México, Puebla, Guanajuato, Michoacán, San Luis Potosí, Jalisco, Hidalgo, Querétaro, Veracruz y Tlaxcala. Más de la mitad de estos robos, siete mil 445 casos, se cometieron en los estados de México y Puebla.

 

Con información de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores

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El apunte del director

  • Febrero 2026
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    El arranque del segundo periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión confirma una realidad incómoda pero cada vez más evidente: el Poder Legislativo ha dejado de comportarse como un contrapeso y opera, en los hechos, como una extensión administrativa del Ejecutivo. Lejos de marcar agenda propia o ejercer su función constitucional, el Congreso parece más una oficina alterna de la Secretaría de Gobernación que un poder autónomo del Estado mexicano.
    El inicio del periodo legislativo estuvo marcado por la simulación. Una sesión breve, discursos previsibles y, de inmediato, un receso que envía un mensaje claro a la ciudadanía: no hay urgencia, no hay prisa y no hay conciencia del momento político que vive el país. Mientras los problemas nacionales se acumulan, diputados y senadores administran su tiempo como si gobernar y legislar fueran actividades accesorias.
    En este contexto, la salida de Adán Augusto López del primer círculo de poder no es un episodio menor. Su paso por la Secretaría de Gobernación dejó una huella profunda en el Congreso, particularmente en el Senado, donde se construyó una estructura política leal, disciplinada y eficaz para operar las decisiones del Ejecutivo. Hoy, esa red está bajo revisión y su reacomodo marcará el verdadero equilibrio interno del oficialismo.
    El reordenamiento no implica necesariamente una ruptura, pero sí una redefinición de mandos y lealtades. La pregunta de fondo es si el Congreso aprovechará este momento para recuperar márgenes de autonomía o si simplemente cambiará de operador político sin alterar su lógica de subordinación. Hasta ahora, todo indica que se optará por lo segundo.
    La discusión sobre la reforma electoral ilustra con claridad este fenómeno. Anunciada como una transformación profunda del sistema democrático, la iniciativa ha terminado por diluirse en una versión funcional, cuidadosamente negociada para no incomodar a los aliados del oficialismo. El PT y el PVEM aceptaron ajustes como la reducción de prerrogativas y cambios en la representación plurinominal, pero lo hicieron a cambio de preservar cuotas de poder y espacios de negociación.
    No se trata de una reforma pensada desde el interés público, sino de un ejercicio de administración política. La prioridad no es fortalecer la democracia ni corregir distorsiones del sistema electoral, sino garantizar gobernabilidad legislativa y estabilidad interna rumbo a los próximos procesos electorales. El Congreso, una vez más, actúa como ejecutor de acuerdos cupulares y no como foro de deliberación nacional.
    Pero sería un error cargar toda la responsabilidad al bloque gobernante. La oposición tampoco ha estado a la altura del momento. Fragmentada, reactiva y sin una estrategia clara, ha renunciado a su papel de contrapeso efectivo. Oscila entre la protesta simbólica y el discurso incendiario, sin construir una agenda legislativa sólida ni articular una alternativa creíble frente al poder.
    La inoperancia opositora termina por reforzar la hegemonía del oficialismo. Sin presión real, sin debate profundo y sin costos políticos, el Congreso se convierte en un espacio cómodo para la obediencia. El resultado es un Legislativo irrelevante, incapaz de representar la pluralidad del país y ajeno a las demandas ciudadanas.
    Lo que se espera del Congreso en este segundo periodo es mucho más de lo que hasta ahora ha mostrado. Se requiere un Poder Legislativo que legisle, que cuestione, que modifique y que, cuando sea necesario, frene. Un Congreso que deje de actuar como ventanilla de trámite del Ejecutivo y asuma su responsabilidad histórica.
    Si el Congreso insiste en comportarse como una oficina alterna de Gobernación, la democracia mexicana seguirá perdiendo uno de sus pilares fundamentales. La autonomía no se decreta, se ejerce. Y hasta ahora, en San Lázaro y en el Senado, esa voluntad simplemente no se ve.