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Rubalcava, Murat y Eruviel, ‘listos para ser soldados’ de Claudia Sheinbaum

20 Dic 2023
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Rubalcava, Murat y Eruviel, ‘listos para ser soldados’ de Claudia Sheinbaum a creación de la Alianza Progresista, conformada por expriistas que ahora apoyan a la precandidata presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum
  • Dicen que en la oposición no hay una candidatura sólida y llaman ‘títere’ a Xóchitl Gálvez

La creación de la Alianza Progresista, conformada por expriistas que ahora apoyan a la precandidata presidencial de Morena, Claudia Sheinbaum, “no es por oportunismo” ni “para buscar un hueso o una chamba”, sino porque en la alianza opositora no hay una candidatura sólida, ya que, además de “títere” y “perdedora”, está hecha a base de “chistes, bromas y groserías”.

Los expriistas Adrián Rubalcava, alcalde de Cuajimalpa; Alejandro Murat, exgobernador de Oaxaca, y Eruviel Ávila, senador sin grupo parlamentario, justificaron la creación de esta iniciativa, mediante la cual piden a la morenista sumarlos a su campaña.

Asimismo, expriistas como los senadores Jorge Carlos Ramírez Marín y Nuvia Mayorga, así como Cuauhtémoc Salgado, exdirigente estatal del PRI en Guerrero, ofrecieron a la exjefa de Gobierno de la capital el respaldo de liderazgos de la Alianza Progresista en los 32 estados y en los 300 distritos electorales.

“Estamos a favor de Claudia Sheinbaum como cualquier ciudadano y como cualquier político que quiere transformar el país. No hemos tenido un acercamiento. (...) Si ella nos llama, nos invita o nos fija una tarea, ahí estaremos como soldados para cumplir lo que ella manifieste”, expresó Rubalcava.

Esta Alianza Progresista está conformada por una veintena de expriistas, de los cuales al menos cuatro formaron parte o fueron cercanos al gobierno de Enrique Peña Nieto.

En primer orden se encuentra el exgobernador de Oaxaca, Alejandro Murat (2016-2022), quien no sólo es hijo de un connotado y controvertido expriista como es José Murat, sino además se desempeñó como director general del Infonavit (2012-2015) en el gobierno de Peña Nieto.

El también exdiputado (2004-2006), tras una larga militancia en el partido tricolor que data de 1993, renunció este año para sumarse a la campaña de Sheinbaum.

El yucateco Jorge Carlos Ramírez Marín, quien es senador sin grupo parlamentario, pero que llegó a su escaño por el PRI.

El legislador, conocido como Prócer, se desempeñó en la administración peñanietista no sólo como secretario de la Reforma Agraria (2012-2013), sino como secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (2013- 2015).

Tras una larga militancia de más de 40 años, Ramírez Marín ayer señaló que el PRI trabaja para fortalecer al PAN: “En la oposición no se está formando una alianza, sino una asociación delictuosa”.

Nuvia Mayorga, actual senadora sin grupo, pero que llegó a su escaño por el PRI, ocupó la dirección general de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (2013-2018) con el presidente Peña.

El actual senador Eruviel Ávila, sin bien no formó parte del gabinete de Peña Nieto, sí trabajó muy cerca de su administración como gobernador del Estado de México (2011-2017).

Adrián Rubalcava, quien se venía desempeñando como alcalde de Cuajimalpa desde 2018, respalda a Sheinbaum luego de que le negaron la candidatura del Frente opositor a la Jefatura de Gobierno de la capital; ayer se lanzó contra la candidata presidencial de la oposición: “Pobre Xóchitl (Gálvez), tan lejos de Dios y tan cerca de Alito”.

Otros priistas que se suman al Alianza Progresista a favor de Sheinbaum son: Efraín Narváez, Marco Antonio Leyva, Alejandro Dionisio, Marcela Sánchez, Alberto Jiménez, Salomón García, Fernando Álvarez, Samuel Reséndiz, Eduardo Montaño y Cuauhtémoc Salgado, entre otros.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.