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Ubica tu casilla en Edomex y Coahuila 2023

01 Jun 2023
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Ubica tu casilla en Edomex y Coahuila 2023 Imagen tomada de: https://twitter.com/INEMexico
  • Así puedes saber la ubicación de la casilla donde te toca votar durante las Elecciones en México 2023

 

Este 4 de junio se llevará a cabo la jornada de Elecciones 2023, para elegir dos gubernaturas en México de los estados de Coahuila y Edomex. Para que los ciudadanos puedan ejercer su voto, el Instituto Nacional Electoral (INE) abrió acceso al sistema en línea Ubica tu casilla 2023, donde se podrá conocer la ubicación exacta de la Mesa Directiva de Casilla.

 

Para las Elecciones locales 2023, se tiene contemplada la instalación de 24 mil 480 casillas; 20 mil 433 en el Estado de México y cuatro mil 47 en Coahuila, donde además se elegirá a 25 representantes de las diputaciones de su Congreso.

 

¿Cómo ubicar tu casilla para votar en Edomex y Coahuila?

La plataforma del INE para ubicar tu casilla, está disponible las 24 horas en línea. En donde podrás conocer la ubicación exacta de las 24 mil 480 casillas electorales que se instalarán para las Elecciones en México 2023 de los dos estados que elegirán a su próxima gobernadora o gobernador.

 

Ubica tu casilla 2023: ¿Cómo funciona la plataforma del INE?

Ingresar al sitio oficial del INE para ubicar tu casilla

Selecciona tu entidad federativa

Introducir el número de 4 dígitos de la sección electoral a la que perteneces, el cual puedes encontrar en la parte inferior de tu credencial para votar.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.