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Eclipse total de Sol

26 Mar 2024
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Eclipse total de Sol Imagen capturada de: https://twitter.com/ @eloycam2012
  • ¿Ya sabes si podrás ver el eclipse total de Sol desde tu casa? Esto es todo lo que debes saber sobre el evento

 

El norte de México tendrá uno de los espectáculos celestes más importantes del siglo. Hablamos del eclipse total de Sol, que será visible en ciertas ciudades del país, Estados Unidos y Canadá.

 

La última vez que México fue testigo de un eclipse total de Sol fue el 11 de julio de 1991, uno de los más largos registrados en la historia, debido a su duración de poco más de 7 minutos en fase total y de hasta 3 horas y media en su fase parcial.

 

Casi 33 años después, ocurre un evento similar, y si bien cada año hay eclipses, los considerados como ‘totales’ de Sol tardan décadas en presentarse. De hecho, luego del eclipse de este año no volverá a verse uno en México hasta marzo de 2052.

 

Ahora que ya conoces la importancia del próximo eclipse total de Sol, estos son algunos aspectos que debes conocer para disfrutar del evento.

 

¿Qué es un eclipse total de Sol?

Ocurre cuando el Sol, la Luna y la Tierra se alinean de cierta forma en la que la luz solar deja de llegar al planeta debido al ‘bloqueo’ que hace la Luna al estar en medio.

 

A lo largo del año hay alrededor de cuatro eclipses solares en el mundo; sin embargo, normalmente son parciales, es decir, que la Luna solo bloquea una parte de la luz del Sol, o anulares, cuando el satélite natural no bloquea en su totalidad al Sol y crea un ‘anillo de fuego’, ya que la luz ‘se escapa’ por los bordes.

 

Con los eclipse totales, a diferencia de los anulares y los parciales, la Luna logra bloquea toda la luz del Sol, provocando que en ciertas regiones se oscurezca el cielo durante minutos, provocando un efecto que pocas veces en la vida se puede observar.

 

Los eclipses solares duran hasta 7.5 minutos como mucho, una cifra ‘pequeña’ a comparación de los lunares, que se han extendido hasta por 3 horas con 45 minutos, y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explica que esto se debe a que “los tamaños aparentes del Sol y de la Luna son muy similares” desde la Tierra, mientras que el diámetro de la Luna es menor a la sombra en la Tierra, lo que permite que se vean más los lunares.

 

El eclipse total de Sol en México será el próximo lunes 8 de abril. De acuerdo con la UNAM, su fase parcial comenzará a las 9:51:23 horas.

 

La fase total, es decir, el momento en el que se oscurecerá el cielo, será de las 11:07:25 a las 11:11:45 horas. Con ello, se estima que el eclipse total de Sol dure exactamente 4 minutos con 20 segundos.

 

Una vez terminada la fase total, volverá a ser parcial el eclipse y terminará a las 12:32:09 horas.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.