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De Cinco Estrellas. Más allá del crucero tradicional, los destinos remotos marcan nueva forma de viajar. Por: Victoria González Prado Destacado

04 Sep 2026
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De Cinco Estrellas. Más allá del crucero tradicional, los destinos remotos marcan nueva forma de viajar. Por: Victoria González Prado Durante años, viajar en crucero estuvo asociado con idea muy concreta, embarcarse para recorrer distintos destinos
  • Más allá del crucero tradicional, los destinos remotos marcan nueva forma de viajar
  • Emirates presenta el primer asiento de Premium Economy del mundo

Durante años, viajar en crucero estuvo asociado con idea muy concreta, embarcarse para recorrer distintos destinos, regresar al barco al final de cada jornada y disfrutar de amplia oferta de entretenimiento y servicios a bordo. Pero esa idea está cambiando.

Cada vez más viajeros buscan que el barco sea mucho más que el lugar desde donde contemplar el paisaje. Quieren llegar más lejos, explorar territorios poco accesibles y vivir experiencias que difícilmente podrían encontrar en itinerario convencional. El destino, la posibilidad de salir de las rutas habituales y la manera de acercarse a cada territorio adquieren papel central en la elección del viaje.

Dentro de esta evolución, los viajes de expedición han encontrado espacio particular. En regiones como el Ártico y la Antártida la navegación se convierte en punto de partida para explorar paisajes remotos, observar fauna en su hábitat natural y acercarse a territorios donde las condiciones geográficas hacen que cada desembarque sea parte de la aventura.

Una de las principales diferencias entre expedición polar y crucero tradicional está en la manera en la que se desarrolla cada jornada. Las condiciones del hielo, el clima y la presencia de fauna forman parte de las decisiones que se toman durante el recorrido, por lo que incluso dos expediciones realizadas en una misma región pueden ofrecer experiencias distintas.

Aquí, lo inesperado no representa desviación del viaje, sino parte de la experiencia. Cambio en las condiciones puede abrir la posibilidad de navegar entre icebergs, encontrar colonia de fauna, realizar desembarque en Zodiac, o modificar la ruta para aprovechar ventana de exploración.

Esta manera de viajar es precisamente la que ha convertido a Quark Expeditions en referente de la exploración polar. Sus expediciones llevan a los viajeros a territorios como Svalbard, Groenlandia y el Alto Ártico canadiense, además de distintas regiones de la Antártida, combinando la navegación con experiencias diseñadas para descubrir el entorno desde diferentes perspectivas.

Dependiendo de la ruta y de las condiciones de cada expedición, el día puede comenzar navegando entre hielos y terminar con desembarque en Zodiac, caminata por tierra o sesión de kayak. Más que seguir programa rígido, se trata de estar preparados para aprovechar lo que el territorio tiene para ofrecer en cada momento.

Esta evolución también está transformando la manera en la que se entiende viajar en barco. Mientras los cruceros tradicionales suelen estructurar la experiencia alrededor de distintos puertos y ciudades, las embarcaciones de expedición están diseñadas para operar en regiones donde la infraestructura turística puede ser limitada y donde el verdadero atractivo se encuentra fuera del barco.

A bordo de barcos como el Ultramarine, Ocean Explorer y World Voyager, Quark Expeditions combina la navegación con distintas formas de explorar el territorio. Los recorridos en Zodiac y los programas especializados de fotografía permiten observar los paisajes desde diferentes ángulos y acercarse a ellos de forma mucho más activa.

En el caso de Ultramarine, sus dos helicópteros amplían todavía más las posibilidades de exploración, permitiendo realizar vuelos panorámicos y, cuando las condiciones y el itinerario lo permiten, acceder a zonas más alejadas.

El resultado es experiencia en la que el barco deja de ser el destino y se convierte en base desde la cual descubrirlo.

La evolución de los viajes de expedición también coincide con transformación más amplia dentro del turismo de lujo. La exclusividad ya no se define únicamente por el espacio de una suite, la gastronomía o las amenidades disponibles a bordo, sino también por aquello que el viajero puede experimentar y por el nivel de acceso que un itinerario hace posible.

Llegar a regiones remotas acompañado por especialistas, aprender sobre los ecosistemas que se recorren y tener diferentes maneras de explorar el territorio introduce dimensión distinta del lujo: la posibilidad de vivir algo que no puede reproducirse de la misma forma en otro lugar.

El Ártico y la Antártida ocupan posición particular dentro de esta tendencia porque gran parte de la experiencia depende directamente del lugar. La fauna, las condiciones del hielo, las horas de luz y las posibilidades de exploración cambian según la región y la temporada.

Para quienes ya han recorrido los destinos más tradicionales, las expediciones polares abren la puerta a nueva dimensión del viaje, elegir primero el territorio que se quiere descubrir y, a partir de ahí, encontrar la mejor manera de explorarlo. En regiones donde pocas rutas llegan, el barco deja de ser el centro de la experiencia para convertirse en la puerta de entrada a algunos de los lugares más remotos del planeta.

 
Durante años, viajar en crucero estuvo asociado con idea muy concreta, embarcarse para recorrer distintos destinos

 

***** Emirates presenta el primer asiento accionado eléctricamente del mundo en   Premium Economy con pantalla de privacidad ajustable entre cada asiento. El debut de estos nuevos asientos se presenta, en los recién reacondicionados aviones Airbus A350, combinando innovación líder en la industria con elevado confort, otorgando mayor control sobre el espacio personal.

La configuración es: 2-3-2 con solo 28 asientos, que representan la inversión más reciente de la aerolínea para seguir elevando la experiencia del viajero. El divisor de privacidad eléctrico se extiende a toda la altura del asiento, convirtiéndose en la primera función de su tipo en cabinas Premium Economy en el mundo. 

El asiento mide 50.8 cm y la distancia entre filas de hasta 99 cm. Son reclinables en posición de cuna sin invadir la fila posterior, permitiendo dormir y relajarse cómodamente durante el vuelo.

Así, podrás subir o bajar el divisor sin esfuerzo utilizando los controles del asiento creando entorno más privado y personal para relajarte, cenar o trabajar a lo largo del vuelo. Este modelo marca el primer asiento de Premium Economy totalmente eléctrico de Emirates, en el que los pasajeros también pueden ajustar su posición preferida con solo tocar un botón.   

La experiencia se potencia aún más con la incorporación del reposacabezas U-Dream de Safran Seats, diseñado en cuero, con soporte excepcional para el cuello y la cabeza, al ajustar las alas laterales en múltiples posiciones. El reposapiés de cuero de despliegue manual ofrece relajación adicional y reduce la fatiga en las piernas.

La carga inalámbrica también se introduce en Premium Economy por primera vez, y puedes cargar cómodamente tus dispositivos compatibles durante todo el vuelo. Cada asiento incluye, además, puertos de carga USB-C y mesa auxiliar con soporte integrado para teléfonos inteligentes. 

También puedes disfrutar del sistema de entretenimiento a bordo ice de Emirates en pantalla táctil 4K HDR de casi 34 cm, que ofrece calidad de imagen deslumbrante y navegación ultra fluida. En los nuevos Airbus A350 reacondicionados, disfrutas de vistas mejoradas gracias a las cámaras de la aeronave, incorporando nuevas perspectivas exteriores izquierda y derecha que se suman a las cámaras frontales e inferiores existentes para brindar experiencia de vuelo más envolvente.

De manera similar a la experiencia en Business Class, los pasajeros disfrutan de menús gourmet con inspiraciones regionales preparados por los chefs de la aerolínea y servidos en vajilla de porcelana fina Royal Doulton con servilletas de lino y cubiertos de acero inoxidable Robert Welch. Las comidas se acompañan de selección de bebidas premium, incluyendo Chandon Vintage Brut 2021, excepcional vino espumoso australiano disponible en exclusiva para los viajeros en Premium Economy a nivel mundial.

Desde este mes de septiembre, los viajeros en rutas seleccionadas podrán degustar Chablis Premier Cru Jean-Marc Brocard 2024, que exhibe la pureza y precisión mineral de uno de los productores de Chardonnay más célebres de Borgoña, o La Parde de Haut-Bailly 2014, que ofrece la refinada elegancia de una de las propiedades de Pessac-Léognan más respetadas de Burdeos.

Octubre marcará hito para la aerolínea, ya que Wiston Estate Brut NV se convertirá en el primer vino espumoso inglés, servido exclusivamente en Premium Economy en las rutas del Reino Unido. En conjunto, estas adiciones reflejan la continua inversión de la compañía aérea al ofrecer programa de vinos excepcional, respaldado por más de mil millones de dólares invertidos en la cartera de vinos desde 2006.

En vuelos de largo recorrido, los viajeros de Premium Economy reciben kits de amenidades exclusivos y reutilizables diseñados en colaboración con United for Wildlife. Los estuches coleccionables rinden homenaje a la fauna en peligro de extinción en cuatro hábitats naturales, e introducen por primera vez en Premium Economy productos para el cuidado de la piel de origen vegetal de Aveda.

La propuesta combina asientos espaciosos, generoso espacio para las piernas, gastronomía refinada y entretenimiento de clase mundial para brindar experiencia de viaje distintiva que ha obtenido múltiples reconocimientos internacionales, entre ellos, ‘Mejor Clase Premium Economy’ en los premios Business Traveller Middle East Awards 2024 y 2025, así como el título de ‘Aerolínea con la Mejor Clase Premium Economy’ en los premios ULTRAs 2025.

 
Los nuevos asientos accionados eléctricamente de Premium Economy.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.