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Desde San Lázaro. Sheinbaum gobierna con las migajas del presupuesto. Por: Alejo Sánchez Cano. Destacado

04 Nov 2026
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Desde San Lázaro. Sheinbaum gobierna con las migajas del presupuesto. Por: Alejo Sánchez Cano. Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

No es solamente una expresión política. Los números contenidos en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027 muestran hasta qué punto las finanzas públicas mexicanas se encuentran comprometidas por decisiones tomadas en el pasado y por obligaciones que difícilmente pueden modificarse de un año para otro.

El gobierno propone gastar alrededor de 10.6 billones de pesos durante 2027. La cifra parece gigantesca hasta que se observa cómo está distribuida.

De cada 100 pesos del presupuesto, poco más de 80 ya están comprometidos en gastos programados: pensiones, costo financiero de la deuda, participaciones a estados, programas sociales, salarios y otras obligaciones.

Apenas dos de cada diez pesos tienen cierta disponibilidad para que opere el gobierno en programas, infraestructura y nuevas obras como la red de ferrocarriles.

Ésa es la verdadera camisa de fuerza presupuestal.

Las pensiones constituyen una de las mayores presiones. El PPEF contempla alrededor de 1.84 billones de pesos para ese concepto y el envejecimiento poblacional seguirá elevando esa factura durante los próximos años.

Después viene la deuda.

Se destinará alrededor de 1.6 billones de pesos solamente al costo financiero: intereses, comisiones y demás gastos derivados de obligaciones previamente adquiridas.

Son más de 4 mil millones de pesos diarios.

El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, CIEP, advierte que el costo financiero de la deuda alcanzará 4 por ciento del PIB, mientras los Requerimientos Financieros del Sector Público serán de 3.9 por ciento.

En otras palabras: el costo de financiar la deuda será superior al nuevo endeudamiento requerido durante el año.

Pero hay algo todavía más delicado.

El CIEP calcula que la deuda pública en su medida más amplia, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, alcanzará 55 por ciento del PIB en 2027 y seguirá creciendo hasta 56.5 por ciento en 2032.

Mientras la deuda sube, los ingresos no lo hacen al mismo ritmo.

El propio CIEP advierte que los ingresos públicos permanecerán alrededor de 22.8 por ciento del PIB. Es decir, México pretende sostener obligaciones cada vez mayores con una capacidad de generación de recursos que prácticamente permanece estancada.

De 2018 a 2027, la deuda amplia habrá pasado de 43.6 a 55 por ciento del PIB: un incremento de 11.4 puntos porcentuales. En términos reales, representa un crecimiento de 37.3 por ciento.

La deuda por habitante, además, pasaría de aproximadamente 129 mil a 160 mil pesos de 2027 durante ese periodo.

La herencia fiscal comienza a convertirse así en una pesada hipoteca para las siguientes generaciones.

El gobierno mantiene los Programas para el Bienestar que Andrés Manuel López Obrador convirtió en uno de los pilares de su política social y que Sheinbaum decidió conservar y ampliar. La discusión no debería reducirse a si esos apoyos tienen rentabilidad electoral, que sí lo tienen, sino a una cuestión mucho más importante: si su crecimiento resulta sostenible cuando la economía avanza lentamente y el espacio fiscal continúa reduciéndose.

A ello deben sumarse las necesidades financieras de Pemex y la obligación de mantener proyectos heredados del sexenio anterior, entre ellos el Tren Maya.

La herencia presupuestal de López Obrador persigue a Sheinbaum.

Pero después de dos años de gobierno ya tampoco será suficiente responsabilizar exclusivamente al antecesor. La presidenta decidió conservar buena parte del modelo fiscal y social heredado y, por tanto, también tendrá que responder por sus consecuencias.

México necesita crecimiento para sostener semejante estructura de gasto.

La inseguridad, la extorsión, un estado de derecho cuestionado, las deficiencias de infraestructura, la disponibilidad de agua y energía en determinadas regiones y la incertidumbre comercial con Estados Unidos constituyen obstáculos para detonar las inversiones que necesita el país.

La economía crece poco; los compromisos presupuestales aumentan; los ingresos permanecen alrededor de 22.8 por ciento del PIB; el gobierno necesita endeudarse; la deuda genera mayores intereses y esos intereses reducen todavía más los recursos disponibles para inversión productiva.

Sheinbaum no gobierna con 10.6 billones disponibles. Gobierna con lo que queda después de pagar las facturas. y cada año queda menos.

Si México no recupera crecimiento económico, inversión y productividad, el resto del sexenio estará condicionado por esa camisa de fuerza presupuestal.

El país seguirá viviendo de prestado, lo que significa mandar la deuda a quienes no han nacido o a aquellos que todavía ni siquiera pueden votar.

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El apunte del director

  • Noviembre 2026

    EL INE PODRIDO

    La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE y la posterior salida de 15 funcionarios vinculados con su administración constituyen uno de los capítulos más graves en la historia reciente del árbitro electoral mexicano.

    No estamos frente a una simple crisis administrativa. Existen investigaciones sobre contrataciones, posibles conflictos de interés y manejo de recursos públicos que involucran a funcionarios, particulares y empresas. La ASF mantiene abierta una investigación de oficio y el propio Órgano Interno de Control del INE reportó pesquisas relacionadas con contrataciones públicas. Las responsabilidades individuales tendrán que probarse, pero el daño a la credibilidad institucional ya está hecho.

    El problema viene de atrás.

    Andrés Manuel López Obrador dedicó buena parte de su sexenio a confrontar al INE encabezado por Lorenzo Córdova y a consejeros como Ciro Murayama, precisamente cuando el Instituto representaba uno de los principales contrapesos institucionales frente al poder presidencial.

    Después vino Taddei.

    Llegó a la presidencia mediante el mecanismo constitucional de insaculación y su gestión fue cuestionada desde el comienzo por sectores que advertían cercanía con personajes del oficialismo. Tres años después se marchó en medio de acusaciones sobre contratos y relaciones con proveedores.

    Sería ingenuo pensar que con la renuncia de Taddei terminó el problema.

    El INE llega golpeado a las elecciones intermedias de 2027 y ahora comenzará una batalla todavía más importante: la designación de su nueva presidencia.

    Ahí debemos poner todos los reflectores.

    La persona que sustituya definitivamente a Taddei no puede responder a Morena, al gobierno de Claudia Sheinbaum ni tampoco a la oposición. Tiene que responder exclusivamente a la Constitución y a los ciudadanos.

    Sin embargo, la presidenta de México va a nombrar a uno de sus incondicionales para presidir a este organismo y con ello se dará más un paso al INE subordinado a la SEGOB.

    Porque después de Taddei cualquier sospecha de subordinación partidista será veneno para la credibilidad electoral.

    México se aproxima a unas elecciones intermedias gigantescas y después vendrá la sucesión presidencial de 2030. No podemos llegar a esas citas con un árbitro cuestionado, sometido o desprestigiado.

    La democracia no pertenece a Morena, al PAN, al PRI, a Movimiento Ciudadano ni al gobierno.

    Pertenece a los ciudadanos.

    Por eso hay que defender al INE ciudadano.

    Un árbitro sometido al poder siempre beneficia a quien gobierna y perjudica a quien algún día necesitará elecciones confiables para sustituirlo.

    El escándalo Taddei dejó una advertencia brutal: destruir una institución cuesta poco; recuperar su credibilidad puede tardar años.

    En estos momentos el INE está podrido en sus entrañas y mientras no se demuestre lo contrario, con esa etiqueta llegará a la elección intermedia en detrimento de la democracia mexicana, pero eso parece poco importarle al oficialismo, mientras ganen las elecciones con un arbitro sometido.