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Desde San Lázaro. Pemex en franca picada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

25 Jun 2026
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Desde San Lázaro. Pemex en franca picada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Pemex

Petróleos Mexicanos enfrenta hoy uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Los enormes retos que tiene por delante ya no pasan por cumplir el discurso de la 4T de la soberanía energética, sino por algo mucho más elemental: mantenerse a flote y evitar que el deterioro financiero termine por consumir a la empresa más emblemática del país.

El relevo en la dirección general de la petrolera coloca a Juan Carlos Carpio frente a una tarea monumental. No solamente deberá encontrar la fórmula para sanear las precarias finanzas de la empresa productiva del Estado, sino también contener el impacto devastador que representa el servicio de una deuda que continúa ubicando a Pemex como la petrolera más endeudada del planeta.

Los números son contundentes y explican por qué la situación se ha convertido en un asunto de seguridad financiera nacional.

El más reciente reporte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público revela que durante el primer cuatrimestre del año Pemex destinó apenas 69 mil 70 millones de pesos a inversión física. Se trata de una caída real de 47.7 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior y del nivel más bajo registrado para un primer cuatrimestre desde 2008.

El dato resulta alarmante porque la inversión es el aditivo que permite mantener e incrementar la producción futura. Sin inversión suficiente no hay exploración, no hay incorporación de reservas y tampoco existe posibilidad de revertir la tendencia descendente de los campos petroleros maduros.

La producción constituye precisamente otro de los grandes desafíos. Mientras hace dos décadas México producía más de 3.3 millones de barriles diarios de petróleo crudo, actualmente la extracción ronda apenas 1.4 millones de barriles por día. Es decir, el país produce menos de la mitad de lo que llegó a extraer durante los años de mayor auge petrolero.

La caída productiva no es un fenómeno reciente. Es resultado de años de subinversión, decisiones equivocadas, agotamiento de campos estratégicos y una política energética que privilegió objetivos ideológicos sobre criterios de rentabilidad y eficiencia operativa.

Pero el verdadero dolor de cabeza continúa siendo la deuda.

Los pasivos financieros de Pemex superan los 100 mil millones de dólares, una cifra que por sí sola explica buena parte de las limitaciones presupuestales que enfrenta la empresa. Cada año miles de millones de pesos se destinan exclusivamente al pago de intereses y amortizaciones, recursos que dejan de utilizarse para exploración, infraestructura o modernización tecnológica.

A ello se suma la creciente presión de los proveedores. La deuda con contratistas y prestadores de servicios supera los 375 mil millones de pesos, situación que ha provocado tensiones con empresas nacionales y extranjeras que participan en actividades estratégicas para la operación de la petrolera.

Como si lo anterior no fuera suficiente, las reservas petroleras continúan mostrando señales preocupantes. Las reservas probadas de hidrocarburos se encuentran muy lejos de los niveles observados hace dos décadas y la tasa de restitución de reservas sigue siendo uno de los indicadores que más preocupa a especialistas e inversionistas.

En otras palabras, Pemex enfrenta simultáneamente problemas de producción, inversión, endeudamiento y reservas, además de decisiones de corte político con inmensa carga ideológica. Pocas empresas en el mundo podrían soportar una combinación tan compleja de factores adversos.

Sin embargo, el desafío no se limita al ámbito energético.

En el terreno político comienzan a moverse piezas importantes dentro del gabinete presidencial. En los corrillos de Palacio Nacional y de San Lázaro cada vez suena con mayor insistencia la posibilidad de que la secretaria de Energía, Luz Elena González, sea considerada para asumir la titularidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en caso de concretarse una eventual salida de Rafael Amador.

De confirmarse un movimiento de esa naturaleza, el sector energético se convertiría en uno de los principales semilleros de cuadros para la conducción económica del país, algo que no ocurre por casualidad. La estabilidad financiera de México pasa necesariamente por la estabilidad financiera de Pemex.

Por ello, el trabajo de Juan Carlos Carpio será observado con lupa por los mercados, inversionistas, organismos calificadores y por el propio gobierno federal, porque si comienza con el pie izquierdo, en una de esas, frustra el ascenso meteórico de su jefa de sector.

El gobierno de la presidenta Sheinbaum tendrá que tomar decisiones difíciles. Deberá definir si continúa privilegiando proyectos de rentabilidad política, pero con alto costo financiero.

El otrora orgullo de los mexicanos requiere mucho más que cambios administrativos o ajustes cosméticos. Necesita una estrategia integral y un nuevo modelo de negocios que recupere la confianza de los mercados, incremente la producción, fortalezca la exploración, reduzca el endeudamiento y garantice la viabilidad de largo plazo de la empresa.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.