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Desde San Lázaro. Todos los caminos van a palenque. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

24 Jun 2026
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Desde San Lázaro. Todos los caminos van a palenque. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/lopezobrador_

El nerviosismo en las altas esferas del poder tiene una explicación. Conforme avanzan las investigaciones que desarrolla el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra diversos políticos mexicanos presuntamente vinculados con organizaciones criminales, las miradas comienzan a dirigirse hacia el pasado inmediato y, particularmente, hacia Palenque.

Las revelaciones de testigos colaboradores y de personajes que buscan acuerdos con la justicia norteamericana han abierto una nueva etapa en la relación bilateral. Ya no se trata únicamente de perseguir a capos del narcotráfico o de solicitar extradiciones. El foco ahora parece estar colocado en las redes de protección política que durante años habrían permitido la expansión de organizaciones criminales en distintas regiones del país.

Por ello resulta evidente la inquietud que prevalece tanto en el oficialismo como en el círculo más cercano al expresidente Andrés Manuel López Obrador. La reciente reaparición pública del tabasqueño mediante una carta dirigida a cuestionar la actuación del gobierno estadounidense y a denunciar supuestos intentos de intervención extranjera refleja que el tema ha dejado de ser una disputa diplomática para convertirse en un asunto de supervivencia política.

El problema para la llamada Cuarta Transformación es que los expedientes abiertos en Estados Unidos no parecen agotarse en el caso de Sinaloa. Las acusaciones formuladas contra funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, entre ellos Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza, han colocado a Morena en una posición defensiva permanente. Las autoridades estadounidenses sostienen que existen elementos para investigar presuntos vínculos entre estructuras gubernamentales y organizaciones criminales, mientras que el gobierno mexicano insiste en que no se han presentado pruebas suficientes.

En ese contexto, cada declaración de un testigo protegido adquiere un peso político enorme. La experiencia demuestra que el sistema de justicia estadounidense suele construir casos complejos apoyándose en testimonios, documentación financiera, comunicaciones y acuerdos de colaboración. El programa federal de protección de testigos ha sido utilizado durante décadas para desmantelar organizaciones criminales y procesar a figuras de alto perfil.

La pregunta que comienza a escucharse en los corrillos políticos es inevitable: ¿hasta dónde llegará la investigación? Nadie puede responderla con certeza. Lo que sí puede afirmarse es que el cerco político se estrecha conforme aparecen nuevos nombres, nuevas declaraciones y nuevas líneas de investigación.

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta entonces un dilema de enormes dimensiones. Por un lado, debe defender la soberanía nacional y evitar que las acusaciones provenientes del extranjero sean percibidas como una intromisión. Por otro, corre el riesgo de quedar atrapada en la defensa de personajes cuya situación jurídica podría complicarse en los próximos meses.

La historia reciente de América Latina demuestra que ningún liderazgo político es inmune cuando coinciden investigaciones internacionales, cooperación judicial y testimonios de antiguos aliados. Por eso, más allá de los discursos encendidos y de las cartas cargadas de descalificaciones, lo verdaderamente relevante será conocer qué pruebas logran sostener las autoridades estadounidenses y cuál será la respuesta institucional del Estado mexicano.

Mientras tanto, en Washington continúan armándose expedientes y acumulándose testimonios. En Palacio Nacional intentan contener la tormenta. Y en los pasillos del poder cada vez son más quienes repiten la misma frase: todos los caminos, tarde o temprano, apuntan a Palenque.

El lugar que ocupará Claudia Sheinbaum en la historia contemporánea de nuestro país se define por las decisiones que está tomando en estos momentos y al parecer escogió defender a impresentables con el riesgo de ser calificada en el futuro como su protectora.

En cualquiera de los casos, la mandataria camina por una línea muy delgada entre proteger al movimiento que encabeza y evitar que la acción de justicia de los Estados Unidos alcance a funcionarios y exfuncionarios públicos de Morena que traicionaron la confianza de los mexicanos.

Los desafíos que tiene la titular del Poder Ejecutivo Federal son formidables tanto en su relación con su contraparte norteamericana como con su mentor a quien debe proteger a toda costa, aunque en ello se juegue su cada vez menor capital político, además, claro está, de gobernar un país que está al borde de una recesión económica.

Las revelaciones que hace el exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar en un libro de sus memorias que aparecerá al público en los próximos meses, en donde apunta que luego de la captura del Mayo Zambada, observó que el presidente López Obrador “estaría muy preocupado por la información sobre políticos mexicanos que el gobierno de EU pudiera obtener del fundador del Cártel de Sinaloa”, valida el rumbo que tomará Washington en la víspera de las elecciones de noviembre.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.