Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Lecciones de Coahuila. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Jun 2026
117 veces
Desde San Lázaro. Lecciones de Coahuila. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

La elección para renovar el Congreso de Coahuila dejó varias lecciones que en Palacio Nacional harían bien en analizar con detenimiento. Contra los pronósticos del oficialismo, el PRI obtuvo un triunfo contundente en los 16 distritos electorales de la entidad que redujo a Morena y PT a su mínima expresión política en una de las entidades más importantes del norte del país. No se trató solamente de una derrota electoral para la Cuarta Transformación, sino de una señal de advertencia sobre lo que podría ocurrir en otras regiones del país de cara a las elecciones intermedias de 2027 y a la sucesión presidencial de 2030.

Morena mandó a sus mejores cuadros para apuntalar a sus candidatos como Andy López Beltrán, Luisa María Alcalde, Ariadna Montiel y varios legisladores federales, pero eso solo sirvió para asegurar la debacle del oficialismo.

Sin embargo, sería un error atribuir el resultado únicamente al rechazo hacia Regeneración Nacional. La victoria priista en Coahuila tiene una explicación mucho más concreta: el desempeño del gobierno estatal encabezado por Manolo Jiménez. Mientras buena parte del territorio nacional enfrenta una crisis de inseguridad que parece no tener fin, Coahuila se mantiene como una de las entidades más seguras de México. Y lo ha conseguido pese a estar rodeada de estados donde la violencia asociada al crimen organizado se ha convertido en una constante.

Sonora, Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León, Zacatecas e incluso Chihuahua enfrentan diversos niveles de penetración criminal y episodios recurrentes de violencia. En contraste, Coahuila ha logrado mantener condiciones de estabilidad y gobernabilidad que hoy son reconocidas por sus habitantes. La seguridad pública no es un discurso en aquella entidad, sino una política de Estado respaldada por resultados medibles y visibles para la población.

Por ello, los coahuilenses no solamente votaron en contra de Morena. También votaron a favor de un gobierno que les ha ofrecido resultados tangibles. La confianza expresada en las urnas es producto de una administración que ha privilegiado la seguridad, la atracción de inversiones, la generación de empleos y la cercanía con los ciudadanos. En política, los resultados cuentan, y en Coahuila terminaron pesando más que cualquier narrativa ideológica.

Como ocurre después de toda victoria electoral, tampoco faltaron quienes intentan apropiarse de méritos ajenos. La victoria tiene muchos padrinos y siempre aparecen voluntarios para hacer caravana con sombrero ajeno. Tal parece ser el caso de Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, quien seguramente buscará presentar el resultado como una validación de su liderazgo político. Pero la realidad es mucho más sencilla: el principal responsable del triunfo se llama Manolo Jiménez. De hecho, podría afirmarse que una de las mejores contribuciones de Alito Moreno a la campaña fue no convertirse en protagonista de ella. En una elección marcada por la evaluación ciudadana de un gobierno local, los liderazgos nacionales aportaron poco o más bien nada.

Más allá de las explicaciones locales, el resultado deja preocupaciones serias para Morena. Los números muestran que el partido gobernante no solamente perdió la elección, sino que obtuvo un respaldo menor al registrado en procesos anteriores. Es decir, lejos de consolidar su presencia, comenzó a experimentar un desgaste que seguramente se extenderá a otras entidades del norte del país.

Durante años, los estrategas del oficialismo sostuvieron que el avance de la Cuarta Transformación era irreversible. Sin embargo, Coahuila demuestra que ningún proyecto político es inmune al desgaste cuando los ciudadanos perciben problemas de seguridad, incertidumbre económica, ineptitud, corrupción, opacidad, penetración del narco y una creciente distancia entre el discurso gubernamental y la realidad cotidiana.

A ello se suma un factor que podría convertirse en una pesada losa electoral para el oficialismo en los próximos años. Las investigaciones y señalamientos provenientes de Estados Unidos contra funcionarios y políticos vinculados a Morena por presuntos nexos con organizaciones criminales amenazan con erosionar una de las principales fortalezas discursivas del movimiento gobernante: su supuesta superioridad moral frente a los partidos tradicionales.

Más allá del desenlace judicial que puedan tener esos expedientes, el daño político ya comenzó. Cuando una parte importante de la opinión pública empieza a asociar a determinados actores políticos con grupos criminales, los costos electorales suelen ser inevitables.

Coahuila es apenas el primer aviso. El norte del país históricamente ha mostrado una sensibilidad especial frente a temas como la seguridad, la inversión privada, el empleo y el Estado de derecho. Son asuntos que impactan directamente en la vida cotidiana de millones de ciudadanos y que difícilmente pueden ser sustituidos por discursos ideológicos o campañas propagandísticas.

Otra lectura de Coahuila, es la derrota del PAN, quien cayó al último lugar en las preferencias electorales, por debajo incluso, de partidos políticos locales.

(CONTINUARÁ)

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.