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Desde San Lázaro. El fracking provoca rupturas políticas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Abr 2026
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Desde San Lázaro. El fracking provoca rupturas políticas. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/ElFinanciero_Mx

La propuesta presidencial de abrir la puerta al fracking para la extracción de gas y petróleo no convencional no solo reabre un debate técnico y ambiental largamente pospuesto; también introduce una tensión política de alto calibre dentro del propio oficialismo. El simple hecho de que esta alternativa energética esté hoy sobre la mesa representa, en sí mismo, una ruptura simbólica con la línea trazada por Andrés Manuel López Obrador, quien durante su mandato se opuso de manera tajante a esta técnica por sus implicaciones ambientales.

El giro no es menor. En tiempos en los que se habla insistentemente de un posible “maximato” o “obradorato”, la presidenta Claudia Sheinbaum parece enviar una señal clara: su gobierno buscará construir márgenes propios de decisión, incluso en temas sensibles donde su antecesor fijó posturas ideológicas firmes. El fracking, en este contexto, se convierte en un punto de inflexión que va más allá de la política energética para instalarse en el terreno de la política.

Para sustentar esta posible redefinición, la Presidencia ha convocado a un panel de expertos que evaluará los costos, beneficios y riesgos de la fractura hidráulica. El gesto es relevante: implica abrir el debate con criterios técnicos en un tema que históricamente ha sido altamente ideologizado. Sin embargo, el fondo del asunto es ineludible: México enfrenta una creciente demanda de combustibles y una limitada capacidad de producción interna.

Hoy, el país depende en gran medida de las importaciones de gas desde Estados Unidos, lo que lo vuelve vulnerable a fluctuaciones de precios y tensiones geopolíticas. En este escenario, la posibilidad de explotar reservas no convencionales mediante fracking aparece como una alternativa económicamente atractiva. La lógica es clara: mayor producción interna podría traducirse en menores costos energéticos y en un impulso para sectores clave como la industria eléctrica y manufacturera.

El problema es que esta apuesta llega en uno de los momentos más delicados para Petróleos Mexicanos. La petrolera arrastra una deuda que la mantiene como la más endeudada del mundo y enfrenta una caída sostenida en su capacidad productiva. En ese contexto, el fracking no solo se presenta como una opción técnica, sino como una tabla de salvación financiera que podría abrir nuevas fuentes de ingresos en el corto y mediano plazo.

Pero no hay soluciones sin costos económicos, políticos y ambientales.  La fractura hidráulica es una técnica profundamente cuestionada por sus impactos ambientales. Entre los riesgos más señalados están el alto consumo de agua —un recurso cada vez más escaso—, la posible contaminación de mantos acuíferos por el uso de químicos, y la emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. A ello se suman los riesgos sísmicos asociados a la inyección de fluidos en el subsuelo y los potenciales efectos en la salud de las comunidades cercanas.

Los grupos ambientalistas han sido particularmente enfáticos en advertir que apostar por el fracking contradice los compromisos internacionales de México en materia de transición energética y reducción de emisiones. En otras palabras, la decisión no solo tiene implicaciones internas, sino que podría afectar la imagen del país en el ámbito global.

En el terreno político, la discusión tampoco será tersa. El Partido del Trabajo (PT), aliado tradicional de Morena, ya ha anunciado su rechazo frontal a cualquier intento de legalizar o ampliar el uso del fracking. Esta postura anticipa un posible choque dentro del bloque oficialista, especialmente si la medida requiere modificaciones constitucionales o ajustes al marco regulatorio vigente.

En un Congreso fragmentado y con equilibrios cada vez más delicados, la aprobación de reformas estructurales exige consensos que hoy no están garantizados. Si el rechazo del PT se mantiene y logra arrastrar a otros sectores críticos, la iniciativa podría naufragar antes de consolidarse, evidenciando las fisuras internas del oficialismo.

Así, el fracking se convierte en un espejo de las contradicciones del momento político: por un lado, la necesidad económica apremiante de fortalecer las finanzas públicas y reducir la dependencia energética; por el otro, los compromisos ambientales y las tensiones ideológicas heredadas del pasado reciente.

La decisión presidencial, aún en fase de análisis, plantea una pregunta de fondo: ¿está México dispuesto a sacrificar parte de su agenda ambiental en nombre de la autosuficiencia energética y la estabilidad económica? La respuesta no será sencilla y, en buena medida, definirá el rumbo de la política energética en los próximos años.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.