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Maqueta de Payo Obispo se eleva a Museo y se fortalece la identidad histórica de Chetumal: Mara Lezama Destacado

07 Abr 2026
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Maqueta de Payo Obispo se eleva a Museo y se fortalece la identidad histórica de Chetumal: Mara Lezama Imagen tomada de: https://cgc.qroo.gob.mx/
  • El espacio fue adecuado como museo con nueva sala museográfica, video y un mural que rinde homenaje a la memoria histórica de la capital quintanarroense
  • Ya está dentro de la Guía de Museos, plenamente identificado con código QR, devolviendo a la ciudad un gran legado y el brillo que la capital merece tener

La gobernadora Mara Lezama Espinosa encabezó la apertura del Museo Maqueta de Payo Obispo, que rescata y difunde los orígenes de Chetumal, la capital del estado, en un impulso para fortalecer la identidad histórica y cultural de la ciudad.

“Hoy abrimos de nuevo este espacio, con una sala museográfica con infografía y video donde conocerán los orígenes de Payo Obispo, nuestra capital, Chetumal.
Recuperamos la maqueta, lo convertimos en museo y develamos el mural “Donde el sur tiene memoria” del artista Gerardo Barragán, devolviendo a nuestra ciudad un gran legado y el brillo que la capital merece tener” explicó la gobernadora Mara Lezama.

Este Museo Maqueta de Payo Obispo se encuentra en el Boulevard Bahía, en la avenida Miguel Hidalgo con 22 de enero, a la altura del Congreso del Estado. Ya está dentro de la Guía de Museos, perfectamente identificado con un código QR. Durante abril la entrada será gratuita para todas y todos. Sin embargo, los estudiantes siempre tendrán acceso libre.

Durante un recorrido, con la presencia de Alma Rosa Reinhard, sobrina nieta del autor de la maqueta, Luis Reinhardt Mc Liverty, se destacó que este espacio representa la memoria viva de los primeros asentamientos de Payo Obispo, cuando la ciudad estaba conformada por casas de madera con un marcado estilo anglo-caribeño frente a la bahía, rasgos que aún forman parte de la identidad arquitectónica de Chetumal. Se contemplan 167 maquetas de las tradicionales casas anglo-caribeñas.

Mara Lezama subrayó que esta obra histórica plasma con detalle la vida cotidiana y el esfuerzo de quienes fundaron la ciudad, convirtiéndose en un testimonio tangible de sus raíces. “Chetumal es una ciudad que honra su historia y se honra a sí misma, porque no podemos saber a dónde vamos, si antes no sabemos de dónde venimos” expresó la Gobernadora.

La apertura de este espacio busca no solo preservar el legado histórico, sino también ofrecer a locales y turistas un punto de encuentro con la esencia chetumaleña, reforzando el sentido de pertenencia y el orgullo por los orígenes de Quintana Roo.

Participaron en la develación de la placa conmemorativa el Cronista de la Ciudad, Fabián Herrera Manzanilla; la presidenta municipal de Othón P. Blanco, Yensunni Martínez Hernández; la directora general del ICA, Lilián Villanueva; los diputados Saulo Aguilar Bernés y Jorge Arturo Sanen Cervantes, así como la sociedad chetumaleña.

Con información de: https://cgc.qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.