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Constata Mara Lezama rehabilitación del tramo carretero Kantunilkín – Chiquilá, realizada por la SICT Destacado

26 Ene 2026
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Constata Mara Lezama rehabilitación del tramo carretero Kantunilkín – Chiquilá, realizada por la SICT Imagen tomada de: https://qroo.gob.mx/
  • El tramo de 2 kilómetros pasó de 7 a 9 metros de ancho, dos carriles de 3.5 metros, acotamiento de 1 metro y carpeta asfáltica de 5 centímetros
  • Después de escuchar a la gente, la titular del Ejecutivo gestionó la rehabilitación, la ejecutó la Secretaría de Infraestructura Comunicaciones y Transporte, para beneficio de habitantes y turistas

Para responder a una demanda de largos años, producto del abandono de gobiernos anteriores, la gobernadora Mara Lezama Espinosa constató la rehabilitación del tramo carretero Kantunilkín – Chiquilá, municipio de Lázaro Cárdenas, una acción estratégica que atiende una petición histórica de movilidad y seguridad vial.

“Durante años, los habitantes pidieron conectividad, seguridad y oportunidades reales. Por eso gestionamos la rehabilitación de este tramo, una obra concreta, directa y necesaria. Dos kilómetros que parecen pocos en el papel, pero que significan mucho en la vida diaria de miles de familias que se mueven, trabajan y producen en esta región estratégica del estado” explicó la titular del Ejecutivo, quien estuvo acompañada del presidente Nivardo Mena Villanueva.

La obra fue ejecutada por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transporte. La rehabilitación y modernización de la carretera que conecta Kantunilkín con Chiquilá es la principal vía de acceso hacia la isla de Holbox, uno de los destinos turísticos más importantes de Quintana Roo. Pasó de 7 a 9 metros de ancho, dos carriles de 3.5 metros, acotamiento de 1 metro y carpeta asfáltica de 5 centímetros.

Es resultado de las gestiones con la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Secretaría de Infraestructura Comunicaciones y Transporte (SICT), para mejorar la puerta de entrada de miles de turistas.

Esta acción beneficia de manera directa e indirecta a 764 mil 684 habitantes, fortaleciendo la conectividad de comunidades como Holbox, Chiquila, San Ángel, Solferino y Kantunilkín, además de impulsar la economía local vinculada al turismo, la pesca y las actividades productivas.

Durante una vista al lugar, la gobernadora Mara Lezama destacó que los caminos, las vías, los trenes, la conectividad son el primer paso para el crecimiento económico y social, porque cuando un camino se abre, también se abren oportunidades, esperanza y futuro. “Representa bienestar, desarrollo con justicia social y prosperidad compartida”, añadió.

Acompañaron a la gobernadora Mara Lezama el titular de la SEOP, Rafael Lara Díaz; Guido Mendiburu Solís, director general del Centro SICT Quintana Roo; José Alberto Alonso Ovando, titular de SEDETUS y Nivardo Mena, presidente municipal de Lázaro Cárdenas.

Con información de: https://qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.