Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. La contradicción en el trato con la corona española. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

23 Ene 2026
133 veces
Desde San Lázaro. La contradicción en el trato con la corona española. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SECTUR_mx

La participación de México en la Feria Internacional de Turismo (FITUR), celebrada anualmente en Madrid, suele presentarse como una oportunidad estratégica para fortalecer la promoción del país, atraer inversiones y consolidar alianzas con mercados clave, particularmente el europeo. No obstante, el balance de la más reciente edición deja más dudas que resultados tangibles, sobre todo si se observa con atención el desempeño de una delegación mexicana integrada por un número considerable de funcionarios estatales y federales cuyo protagonismo difícilmente se tradujo en beneficios concretos para el sector turístico nacional.

Más allá de los discursos optimistas y las fotografías difundidas en redes sociales, FITUR volvió a exhibir una práctica recurrente en la administración pública mexicana: el uso de foros internacionales como escaparates personales y espacios de recreación política. Para muchos de los representantes que acudieron a Madrid, la feria pareció ser menos una plataforma de trabajo y más un paseo institucional financiado con recursos públicos. Las agendas oficiales, en no pocos casos, se limitaron a inauguraciones simbólicas, recorridos por pabellones y encuentros protocolares carentes de seguimiento, métricas o compromisos verificables.

Resulta particularmente llamativo que, pese a la numerosa presencia de secretarios de turismo estatales, alcaldes, legisladores y funcionarios federales, no se hayan anunciado acuerdos de gran calado, inversiones sustantivas ni estrategias innovadoras que posicionen a México de forma diferenciada frente a otros destinos competidores. Mientras países con delegaciones más compactas acudieron con objetivos claros, portafolios de proyectos bien estructurados y mensajes alineados con sus políticas de desarrollo, México volvió a apostar por la cantidad antes que por la efectividad.

Esta dinámica refuerza la percepción de que FITUR se ha convertido, para ciertos actores políticos, en una pasarela de autopromoción. Trajes típicos, conferencias improvisadas y mensajes grandilocuentes sustituyeron a la planeación técnica, al análisis serio de mercados y a la profesionalización de la promoción turística. El turismo, uno de los pilares económicos del país —generador de divisas, empleo y desarrollo regional—, exige mucho más que presencia mediática y buenas intenciones.

Sin embargo, sería un error colocar a todos los actores en el mismo costal. En contraste con el desempeño errático de buena parte de la delegación, destaca el trabajo del embajador de México en España, Quirino Ordaz Coppel, quien ha optado por una diplomacia discreta, constante y eficaz. A pesar del rechazo abierto que enfrenta desde el ala más radical de Morena, el embajador ha sabido tejer fino en el país ibérico, construyendo puentes con empresarios, fondos de inversión y grupos hoteleros españoles interesados en expandir su presencia en México.

La labor de Ordaz se ha concentrado especialmente en la industria de la hospitalidad, un sector en el que España es potencia global y México un destino natural por su conectividad, diversidad turística y potencial de crecimiento. Lejos de los reflectores y la estridencia ideológica, el embajador ha privilegiado reuniones de trabajo, interlocución permanente y una narrativa centrada en la certidumbre jurídica, la rentabilidad y la cooperación de largo plazo. Es, precisamente, este enfoque el que debería marcar la pauta de la presencia mexicana en ferias como FITUR.

El valor de esta diplomacia adquiere mayor relevancia si se considera el contexto político que ha marcado la relación entre el gobierno de México y la Corona española. En los últimos años, el vínculo bilateral ha estado condicionado por tensiones discursivas, exigencias simbólicas y una narrativa histórica que ha generado fricciones innecesarias. En ese entorno, recomponer confianzas y atraer capital español no es tarea menor, y mucho menos automática.

La contradicción es evidente: mientras desde ciertos sectores del poder se mantiene un discurso distante —cuando no abiertamente hostil— hacia España y su monarquía, se aprovecha la infraestructura, el prestigio y la visibilidad de una feria organizada bajo el auspicio de la Corona española para proyectar una imagen turística positiva. Esta ambivalencia no solo resta coherencia a la política exterior mexicana, sino que debilita su posicionamiento como socio serio y confiable. Frente a ello, la labor de diplomáticos con oficio resulta clave para evitar que la retórica política termine por cerrar oportunidades económicas reales.

FITUR debería ser, ante todo, un espacio de diplomacia económica y cultural, no un escenario de incongruencias ni de turismo político. La experiencia reciente demuestra que cuando hay estrategia, profesionalismo y visión de Estado, los resultados son posibles. Cuando no los hay, la feria se reduce a un desfile costoso y estéril.

El balance final deja una lección clara: México necesita menos funcionarios paseando por pabellones y más diplomacia efectiva; menos protagonismo personal y más política pública orientada a resultados. En un país con enormes retos económicos, el uso responsable de los recursos públicos y la atracción estratégica de inversión no son opcionales, sino indispensables. Porque al final, el turismo —como la economía— no se construye con discursos ni con fotografías, sino con trabajo serio, coherencia política y resultados concretos.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.