El añejo debate en México sobre la eutanasia tiene implicaciones legales, éticas, morales, religiosas, familiares e incluso políticas y por supuesto la voluntad última de los pacientes, y que debe encontrar un punto medio para aprobarla en el Congreso, por encima de innumerables consideraciones que dejan de lado el dolor insoportable DE LOS ENFERMOS; la carencia de motivos para vivir por un daño irreversible en la salud y que se prolonga con mecanismos médicos y de tecnología asistida; o, de plano, por el deseo indeclinable de morir.
Hace unos días diversos activistas y organizaciones entregaron al Senado, en particular a tres legisladores de Morena, Movimiento Ciudadano y PRI, menos al PAN, la propuesta sobre la “Ley Trasciende” que modifica diversos artículos de la Ley General de Salud que prohíben la práctica de la eutanasia entendida como homicidio por piedad, así como suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal.
En la Ley Trasciende se agrega el artículo 166 Ter para establecer el derecho a la eutanasia en México, garantizando que quienes padezcan de una enfermedad en etapa terminal o una enfermedad o condición crónico-degenerativa incapacitante y amenazante para su salud, sin posibilidad de cura, puedan acceder si es su voluntad a los medicamentos que les cause la muerte de manera anticipada, sin dolor.
Para la presentación de iniciativas ciudadanas, la Constitución establece en su artículo 71 que al menos 0.13% de los ciudadanos registrados en la lista nominal electoral podrán presentar propuestas para reformar las leyes y en este contexto los activistas señalaron que alrededor de 130 mil personas los apoyaron y para ello entregaron nombres, credencial de electoral y firma de ellos, lo que implica que han cumplido con el ordenamiento legal en la materia porque superaron el umbral de las 129, 942 firmas que exige la Carta Magna.
Ahora el INE realizará la verificación correspondiente y dentro de un plazo no mayor a 30 días naturales emitirá los resultados de la verificación y si está todo en regla continuará la iniciativa rumbo al Congreso para ser discutida y en su caso aprobada.
Como se aprecia se requiere para su aprobación la voluntad política de la presidenta de la República y no porque sea un requisito legal, sino porque el tema tiene tantas aristas políticas y sociales que necesariamente los legisladores de Morena, PT y PVEM requieren de la línea presidencial para votar a favor o en contra de la eutanasia.
Como están las cosas en este momento se vislumbra que se pueda dar luz verde para la aprobación de la Ley Trasciende y con ello equipar la legislación en la materia con otras existentes en el mundo occidental.
Veremos un debate ensuciado por atavismos, dogmas religiosos, ignorancia y posturas políticas, sin embargo, el reclamo social por la aprobación de la eutanasia es una realidad que se debe atender de inmediato.
El principal partido de oposición, el PAN, se ha pronunciado reiteradamente contra la eutanasia por considerarla atentatoria contra sus principios ideológicos y plataforma política; en contraparte, el oficialismo por su agenda progresista, Movimiento Ciudadano e incluso el PRI ven con buenos ojos su aprobación.
Por ello decimos que la bandera política de estar a favor o en contra de la eutanasia pasa por el crisol político electoral.
El investigador emérito del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Diego Valadez, ha comentado que es previsible que en el curso de los próximos lustros y máximo en las siguientes décadas, en la mayor parte del mundo este derecho sea regulado y garantizado para quienes deseen acceder a él.
Permitir la muerte medicamente asistida “empodera a las personas, porque nadie debe usarla si no quiere y ningún médico está obligado a aplicarla. Es un Ley que respalda las libertades de todos”, advirtió Asunción Álvarez del Río, profesora e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.
Desde los 17 años, Samara Martínez Montaño ha enfrentado diagnósticos de diferentes enfermedades, entre ellas, Lupus e insuficiencia renal crónica, que hoy padece en etapa terminal. Su experiencia la ha llevado a defender la muerte digna y a impulsar el proyecto de Ley Trasciende, para legalizar la eutanasia en México.
Ella impulsa y comanda el movimiento por la Ley Trasciende. “Mi iniciativa surge después de que medicamente lo intente todo. Me dijeron que voy a depender de una máquina de por vida, sentí que me arrebataban parte de mi autonomía y pensé en hacer algo por quienes sufrimos en silencio y buscamos trascender de la forma más humana”.
