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Desde San Lázaro. Oposición ignorada y derrotada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Sep 2025
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Desde San Lázaro. Oposición ignorada y derrotada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/liderfiscal

Cada vez que se presenta la oportunidad a Claudia Sheinbaum de golpear al PRIAN y a sus dirigentes, lo hace sin resquemor alguno, ello no sería relevante sino fuera porque es la presidenta de todos los mexicanos y no solo de sus simpatizantes y correligionarios.

Al más fiel estilo de AMLO, se acrecientan  las agresiones permanentes a todos los detractores, sin respetar a voces disidentes que tal vez tengan razón en sus reclamos como las madres buscadores, los padres de niños con cáncer o los habitantes de Culiacán, eso no importa y lo más grave es que el totalitarismo no acepta la menor crítica o denuncias debidamente soportadas con documentos y datos duros.

Los señalamientos sobre corrupción de mandos de la Marina en torno al huachicoleo, llevan varios meses en los principales escritorios del gabinete de seguridad y por supuesto de AMLO y no obstante las denuncias, incluso en medios de comunicación, no se hizo absolutamente nada, hasta ahora.

No obstante los grandes esfuerzos que hace el oficialismo para callar las voces de los críticos de sistema, por fortuna sobreviven varios, aun con la presión del aparato gubernamental para callar sus voces.

Ahora, los contrapesos al poder absoluto ya no están en áreas específicas del gobierno, sino en algunos sectores de la sociedad civil, los medios de comunicación, los mercados y la comunidad internacional, en especial el gobierno de los Estados Unidos y ello es debido a las amenazas que representan los narcos mexicanos coludidos con autoridades, a su seguridad interior.

Toda crítica al gobierno es barrida de inmediato con descalificaciones e insultos emitidos no solo desde Palacio Nacional, sino de todos los frentes que tiene el oficialismo como el Poder Legislativo y en unas semanas más, también desde el Poder Judicial.

Los coletazos del régimen autoritario son mayores para evitar que los enanos del tapanco crezcan en sus aspiraciones político-electorales en las elecciones intermedias del 2027.

En unas semanas conoceremos los primeros esbozos de la reforma electoral que dinamitará los puentes por donde pasó el PRD y Morena para acceder al poder y con ello impedir que la oposición tenga posibilidades de triunfos significativos en los próximos comicios.

La agenda legislativa de la 4T con sus momentáneos aliados del PVEM y PT,  es impulsar con todo el Paquete Económico del próximo año que les permita seguir fondeando los programas de asistencia social y cumplir con los compromisos de la deuda, transferencias a los estados, gasto corriente, salvamento de Pemex y mantener a los elefantes blancos que medio construyó López Obrador.

De igual manera, la reforma electoral es otra de las grandes prioridades del obradorato para apretar aún más a los opositores hasta el grado de desaparecerlos.

El PAN enfrenta uno de sus retos más relevantes de su historia, luego, de la apabullante derrota padecida en las elecciones del año pasado y ahora, su dirigencia está estigmatizada con razón o sin ella de  pertenecer a un cártel inmobiliario, por ello  reman más a contracorriente.

Todos los intentos que está haciendo Jorge Romero, dirigente nacional, para despertar al partido del letargo se diluye entre sus propias limitaciones y de los principales cuadros políticos de los azules, quienes se hunden entre la mediocridad y la pasividad.

Salvo algunas honrosas excepciones, los panistas carecen del poder de convocatoria para llenar las plazas públicas del país y menos de aglutinar a los ciudadanos inconformes y molestos con la actual administración.

Son políticos de salón,  rara vez se ensucian los zapatos para recorrer las poblaciones y ciudades del territorio nacional.

Mientras que el oficialismo lleva a cabo una labor integral de proselitismo que incluye el barrido de casa por casa, brindando todo tipo de apoyos económicos; Acción Nacional se refugia en la comodidad de participar en algunos debates y de criticar al gobierno desde las tribunas legislativas.

Con ello no les alcanza para quitarle la mayoría a Morena en el Congreso y menos recobrar la presidencia en el 2030.

Algunos optimistas cifran sus esperanzas en que la Marea Rosa alcance el registro como partido político el próximo año  y con ello abrir el abanico de opciones de la oposición para enfrentarse al todopoderoso gobierno.

Da vergüenza ajena decirlo, pero la oposición está derrotada ahora y en los próximos años y salvo que ocurra un milagro o que se de una cadena de errores graves desde la presidencia de la República para que los ciudadanos despierten de la borrachera que los invitó con engaños y dádivas López Obrador; están condenados al ostracismo.

Llama la atención que los grupos parlamentarios del PAN, PRI y MC en la Cámara de Senadores, ilusamente  llaman al dialogo al gobierno federal y al partido oficial para alcanzar acuerdos en el Poder Legislativo que permitan sacar reformas por consenso y no solo por mayoría, no han caído en cuenta que nadie los necesita.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.