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Desde San Lázaro. Qué pena con las visitas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Sep 2025
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Desde San Lázaro. Qué pena con las visitas. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SecRubio

Ante el arribo a nuestro país del hombre más poderoso del presidente Donald Trump, Marco Rubio, Secretario de Estado, el gobierno mexicano lo recibe con una vestimenta de autoritarismo con la conformación de la Suprema Corte de la Nación, con puros ministros proclives a la presidenta de la República  y un Poder Judicial plegado a sus designios, al tiempo de que fluyen los apoyos económicos en supuesto respaldo  a los médicos de la Isla,  petrolíferos e incluso con libros de texto al régimen del sátrapa cubano Miguel Díaz-Canel,  además de reiterar la solidaridad con el gobierno del narcotraficante Nicolás Maduro.

Con el sometimiento del Poder Judicial,  llega Marco Rubio  a México,  el poderoso Secretario de Estado que viene en una misión diplomática con más preocupaciones que con expectativas positivas, ya que  ahora no solo están inquietos por los cárteles de la droga, sino por la abierta proclividad mostrada por el gobierno de Claudia Sheinbaum al régimen cubano y venezolano, entre otros, todo ello en detrimento  de la democracia real que se vive en México y de la seguridad interior de la Unión Americana.

No será un día de campo para la mandataria mexicana en su reunión con Rubio, de eso estamos seguros, aunque se matizará con las triunfalistas declaraciones que contrarrestarán con las de Washington.

Se habla de que viene el  funcionario estadounidense a signar  un acuerdo de seguridad, aunque en la realidad, el propósito de su visita es transmitirle diversas inquietudes de Trump en a torno diversos factores que inciden en la seguridad interior de Estados Unidos como el empoderamiento de los cárteles de la droga. 

En una semana que debería ser de fiesta para los cuatroteros, se convertirá en días aciagos, precisamente por la visita de la delegación norteamericana a nuestro país que no solo tiene a su favor la aplicación de aranceles y toda clase de sanciones a los productos mexicanos, sino que,  tiene también,  información privilegiada del Mayo Zambada y de los Chapos que comprometen a varios colaboradores cercanos de López Obrador y a varios miembros connotados de la 4T, entre ellos gobernadores, legisladores y uno que otro familiar incómodo.

Debido al talante autoritario del gobierno de la presidenta Sheinbaum, los grupos opositores al gobierno están cada vez más cerca de  Estados Unidos que  de la doctora y ello de suyo, le mete muchísima más presión a la relación bilateral.

Paralelo a ello, vemos que, por fin, llegó el anhelado día en que AMLO logró su propósito de tener una Suprema Corte de Justicia de la Nación y un Poder Judicial sometido plenamente a sus caprichos y a los de la 4T, lo que significa que  han quedado en indefensión todos aquellos opositores al régimen que ahora no solo serán perseguidos con el nuevo entramado legal represor que se conformó recientemente con la Ley espía y la de Censura, entre otras,  en el Congreso, sino que  serán castigados por juzgadores que tienen por consigna castigarlos incluso, penalmente.

En un retroceso al pasado  en donde la voluntad del presidente estaba por encima de la división de poderes y de la democracia, se pretende revivir la dictadura perfecta del PRI que agobiaba a todos los mexicanos en el siglo pasado y que López Obrador la trajo de regreso acompañada  con una tarea de zapa de las instituciones y del orden constitucional.

Ha surgido el clon de los tricolores con Morena, partido político integrado, por cierto, con un buen número de expriistas como el mismo tabasqueño.

A partir de hoy se tendrá a un máximo tribunal de la Nación sometido a la voluntad de la Jefa del Ejecutivo Federal, quien además controla totalmente al Poder Legislativo y a las pocos organismos que fueron concebidas para acotar y servir de contrapeso como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en donde una Piedra se interpone para proteger a los ciudadanos del omnipotente poder presidencial.

Con un presidente de la Corte de origen indígena, aunque eso no sea una garantía de que por fin se haga justicia a los aborígenes, se pretende argumentar que la Suprema Corte estará al servicio del pueblo, cuando en realidad servirá para consolidar el régimen totalitario en México tal como sucede como en otras dictaduras de la región.

Qué pena con las visitas, ya que, en lugar de sacar nuestros mejores trapos para presumirlos, tenemos las ropas puestas de una dictadura y con alianzas incomodas con regímenes totalitarios   que violentan todos los días los derechos humanos de sus habitantes

Con qué cartas va a equilibrar la presidenta Sheinbaum todas las presiones que pretende imponer la Casa Blanca, si cada vez más se dan más pretextos para amenazar la seguridad interior del país más poderoso del planeta.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.