Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Corcholata vs candidato ciudadano. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Jun 2023
304 veces
Desde San Lázaro. Corcholata vs candidato ciudadano. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/Claudiashein

Ante la pretensión de instaurar el Obradorato;  habrá una elección primaria, por primera vez en el país,  para definir a un candidato ciudadano que buscará la presidencia de la República, lo que representa un avance formidable en defensa de la democracia y del orden constitucional, al tiempo de marcarle la ruta a los partidos políticos de oposición, quienes por intereses mezquinos  intentan bloquear la posibilidad de elegir un candidato único que compita contra la corcholata del oficialismo, debido a que quieren que uno de los suyos, principalmente del PAN, aparezca en la boleta presidencial.

El proceso organizado por el Frente Cívico Nacional (FCN) se llevará a cabo el 27 de agosto y en el cual podrán participar cualquier ciudadano que se sienta con los méritos suficientes para abanderar a la oposición, incluso podrán hacerlo políticos, mientras no los nomine ninguna franquicia política.

La hoja de ruta llevará al vencedor a contender contra el abanderado que hayan nominado la alianza Va por México, conformada por el PAN, PRI, y PRD y de allí se desprenderá el candidato único de casi toda la  oposición, ya que Movimiento Ciudadano tendrá uno propio.

En momentos en que el bloque partidista opositor estaba pasmado ante la beligerante actividad de AMLO y sus corcholatas, el FCN da un paso al frente al anunciar la organización de la elección primaria mediante la instalación de 10 casillas en cada uno de los distritos electorales federales.

En breve se conocerá la convocatoria y las reglas para quienes aspiren alcanzar esta representación ciudadana y con esa camiseta irrumpir en la elección presidencial del 2024 con grandes posibilidades de ganar, más si el bloque oficialista se resquebraja por la inequidad en la contienda al tener los dados cargados en favor de alguna suspirante.

Así es, el presidente López Obrador pretende llevar a buen puerto el destape de su corcholata mediante la aplicación de encuestas que determine al ganador, empero, a pesar del acuerdo firmado por los precandidatos, gobernadores y hasta el propio mandatario federal, la bufalada en favor de Claudia Sheinbaum desborda cualquier intento de imparcialidad en el proceso de selección.

Desde luego, Marcelo Ebrard cuenta con el compromiso presidencial de que será a través de la encuesta, el método para ungir al elegido y por ello, con esa palabra empeñada adelantó su renuncia y no cesará en el empeño de ganarle Sheinbaum, asegurándose de que las casas encuestadoras que participarán ostenten un perfil profesional y de probada experiencia, al tiempo de incidir en el diseño del cuestionario que, incluso, podría solo contener una pregunta, además de abrir el proceso a toda la ciudadanía.

Ahora sí, como dicen en el boxeo, “hay tiro” y eso se debe a que están perfectamente definidos los rivales que se enfrentarán en una primera instancia en sus procesos internos para luego registrar su nombre en la boleta presidencial.

Por el lado de las corcholatas, hay que anotar a Marcelo Ebrard vs Claudia Sheinbaum;  y por los opositores, al  vencedor de las primarias organizadas por el FCN y al abanderado de la alianza Va por México.

En contra de todos los ordenamientos electorales y constitucionales que prohíben llevar a cabo actos anticipados de campaña, López Obrador, mandó a la lucha fratricida a sus corcholatas desde hace más de un año, sin importar la violación fragante a las leyes y menos poner en riesgo  la unidad partidista de Morena.

Vivimos tiempos de polarización, alentada todos los días desde Palacio Nacional, tanto entre los mexicanos como en el seno de los partidos políticos, principalmente en Morena, en donde el canibalismo está desatado principalmente entre las huestes de Claudia que le tiran a todo lo que lleva la marca de Adán Augusto López o de Marcelo Ebrard.

El riesgo de ruptura en el partido oficial es muy alto y solo los ilusos o los muy optimistas, descartan este escenario, sobre todo, luego de observar el agandalle de los grupos radicales ubicados en el primer círculo de colaboradores del presidente y algunos miembros de su familia al tratar de imponer a la Jefa del Gobierno capitalino como candidata presidencial.

En la cancha de la oposición, si bien es cierto que también están dándose hasta con la cubeta, la realidad es que, si no ocurre algo sorprendente, tendrán un candidato único avalado por los panistas, tricolores y amarillos para contender contra el candidato ciudadano.

Nombres como el de Lilly Téllez, Germán Martínez, Santiago Creel, Mauricio Vila, Miguel Ángel Gurría, Margarita Zavala o Enrique  de la Madrid, suenan con más fuerza para enfrentar a la corcholata de AMLO.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.