La venta del avión presidencial Boeing 787 Dreamliner “José María Morelos y Pavón”, que fue adquirido por el entonces presidente Felipe Calderón, aunque quien le dio uso fue el presidente Enrique Peña Nieto, se encamina al fracaso previsto, y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador empieza a tomar acciones para justificar el fiasco.
Oficialmente, el gobierno de México anunció que el avión regresa a México luego de permanecer más de un año en un hangar de Victorville, California. El 3 de diciembre de 2018 la aeronave salió del país con la promesa presidencial de que sería vendido. En distintas ocasiones, López Obrador aseguró que había varios postores y que la nave generaba mucho interés entre los supuestos interesados en comprarla.
El tiempo demostró que todo fue un engaño. El avión presidencial no se ha vendido, y el gobierno de México decidió regresarlo a México para continuar con un supuesto proceso de venta, ahora en una subasta. Es decir, la mentira continúa.
El presidente aseguró que en poco más de un año de permanecer detenido en California, el avión presidencial sin usarse generó gastos por más de 30 millones de pesos. si el avión se hubiera usado, los gastos durante un año habrían ascendido a 32 millones de pesos; es decir, cuesta lo mismo tenerlo detenido en un hangar que usarlo en giras presidenciales. La diferencia estriba en que el presidente López Obrador ha usado aviones comerciales para él y su comitiva durante un año, y ese gasto se podría haber evitado. Tan sólo en el primer trimestre de gobierno de López Obrador, las giras de trabajo del mandatario generaron gastos por 281 mil 566 pesos.
En realidad, el tema de la venta del avión presidencial siempre fue un engaño. El gobierno de México sabía de antemano que la aeronave no podría ser vendida. Las modificaciones realizadas al avión para adaptarla precisamente como un transporte presidencial hacen que no sea de interés para particulares. En la mentira, el director de Banobras, Jorge Mendoza, informó en junio pasado que había ¡36! postores de 13 países interesados en adquirir el avión. Si 36 postores se han echado para atrás, la lógica más básica indicaría que algo falla, que algo está mal, y por lo mismo no habrá venta.
El gobierno siempre supo que no se podría vender. La postura de López Obrador respecto de la aeronave es más ideológica que práctica. No se trata de un asunto de dinero o de despilfarro, sino de no usar un avión que fue comprado por su odiado rival político, Felipe Calderón, a quien señala como responsable de todo lo malo que hay en el país.
El avión presidencial debió usarse en esta administración. Nadie le habría reprochado a López Obrador su uso, tomando en cuenta que al mandatario en turno le permite desplazarse por el país sin necesidad de ocupar vuelos comerciales. Ideología y propaganda por delante, López Obrador decidió no hacerlo, y en esa decisión se llevó por delante muchos millones de pesos que se justificarán con el lugar común: “no puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”, una más de sus frases que reflejan su pobre vocabulario, y su limitada capacidad intelectual.
