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Se mantendrá la onda de calor en 10 estados de la República Mexicana

24 Abr 2025
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Se mantendrá la onda de calor en 10 estados de la República Mexicana Imagen tomada de: https://smn.conagua.gob.mx/
  • Lluvias fuertes se pronostican para Oaxaca y Chiapas

La circulación anticiclónica en niveles medios de la atmósfera mantendrá la onda de calor en Morelos; el suroeste, centro, este y sureste de Jalisco; este y noreste de Colima; noroeste, norte, centro y este de Michoacán; noroeste, norte, noreste, centro, sur y este de Guerrero; suroeste, centro, sur y este de Oaxaca; oeste de Chiapas; oeste, suroeste y sur de Nuevo León; norte, centro y sur de San Luis Potosí, y el suroeste de Puebla, así como el ambiente de caluroso a muy caluroso en el territorio nacional.

 

Por lo anterior, se pronostican temperaturas máximas de 40 a 45 grados Celsius en el occidente de Durango, centro de Sinaloa, Jalisco, Michoacán, Morelos, Guerrero y Oaxaca; de 35 a 40 grados en Sonora, Nayarit, Colima, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, el suroeste del Estado de México, Puebla, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de 30 a 35 grados Celsius en Baja California Sur y Aguascalientes.

 

Ante las altas temperaturas se exhorta a la población a mantenerse bien hidratados, vestir ropa de manga larga de colores claros, no exponerse tiempos prolongados bajo el Sol y brindar especial atención a la niñez y adultos mayores.

Debido a canales de baja presión sobre la mesa Central y el sureste de México; el ingreso de humedad de ambos océanos y una línea seca en el norte del país, se prevén lluvias fuertes (de 25 a 50 milímetros [mm]) en Oaxaca y Chiapas; chubascos (de 5 a 25 mm) en Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, Estado de México, Veracruz y Puebla, y lluvias aisladas (de 0.1 a 5 mm) en San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala, Ciudad de México, Morelos y Guerrero.

 

Asimismo, se pronostica viento de 20 a 30 kilómetros por hora (km/h) con rachas de 40 a 60 km/h en Campeche y Yucatán; viento de componente sur de la misma intensidad en Nuevo León y Tamaulipas, y con condiciones para el desarrollo de torbellinos o tornados en Coahuila; viento de 10 a 20 km/h con rachas de 30 a 50 km/h en Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, y con posibles tolvaneras en Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo y Estado de México.

 

Los vientos iguales o superiores a 50 km/h podrían derribar árboles y anuncios publicitarios, por lo que se exhorta a la población a atender los avisos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y seguir las recomendaciones de las autoridades estatales y de Protección Civil.

Habrá oleaje de 1 a 2 metros de altura en costas de Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Campeche y Yucatán.

 

Para esta mañana se estiman temperaturas mínimas de -15 a -10 grados Celsius con heladas en zonas montañosas de Durango; de -10 a -5 grados con heladas en zonas montañosas de Chihuahua; de -5 a 0 grados con heladas en zonas montañosas de Baja California y Sonora, y de 0 a 5 grados Celsius en zonas de Baja California Sur, la sierra de Sinaloa, Zacatecas, Jalisco, Michoacán y Estado de México.

 

Mantente informado en las páginas www.gob.mx/conagua y

https://smn.conagua.gob.mx, en las cuentas de X @conagua_mx y @conagua_clima y de Facebook ww.facebook.com/conaguamx, así como en la aplicación para dispositivos móviles ConaguaClima, donde se puede consultar el pronóstico por municipio.

 

Con información de: https://smn.conagua.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.