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Conquistas del magisterio impulsan derechos para todos los trabajadores al servicio del Estado Destacado

28 Abr 2026
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Conquistas del magisterio impulsan derechos para todos los trabajadores al servicio del Estado Imagen tomada de: https://snte.org.mx/blog/comunicado-15-2026

En vísperas del 1 de mayo, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), maestro Alfonso Cepeda Salas, afirmó que, como nunca antes, se está avanzando en la consolidación de los derechos de los trabajadores en México, y no hay marcha atrás en el impulso a la agenda que prioriza dignidad, certeza jurídica, libertad de organización, así como salarios justos y pensiones dignas.

 

Durante el XIV Pleno Extraordinario de la Sección 4 del SNTE, en Campeche, inaugurado por la gobernadora de la entidad, Layda Sansores San Román, el dirigente del SNTE destacó que, por ser la organización gremial con el mayor número de servidores públicos, el Sindicato ha logrado que sus conquistas no sólo beneficien al magisterio, sino que sienten precedentes en favor de todos los trabajadores al servicio del Estado.

 

Subrayó que uno de los avances más relevantes es la reforma en materia de autonomía sindical, que reconoce el derecho de las y los trabajadores a decidir libremente sobre la vida interna de sus organizaciones, además establece sanciones para autoridades y funcionarios que pretendan intervenir o vulnerar esa libertad.

 

El maestro Cepeda Salas reiteró que el SNTE seguirá impulsando la reforma a la Ley del ISSSTE para otorgar condiciones dignas de retiro a quienes han dedicado su vida al servicio público.

 

“Queremos que se reforme la Ley del ISSSTE, que se incremente el número de UMA como tope salarial y, si se puede, ese es nuestro sueño, que desaparezcan las cuentas individuales y que todos regresemos al sistema de beneficio definido”.

 

Al inaugurar el Pleno, la gobernadora Sansores San Román se dijo emocionada por participar con un gremio que ha apoyado a la transformación del país y se comprometió a corresponder con mejores condiciones para el desempeño de las funciones del magisterio.

 

“Yo vengo con esa emoción, me siento una de ustedes, me emociona verlos, su vibra, su solidaridad, su amor, lo que han dado a México en los momentos más difíciles”.

 

La gobernadora recordó que es maestra de vocación, “fui maestra y fui feliz entregando todos los días a los niños lo mejor de mí (…)  El privilegio del maestro es ese, siempre está enseñando y siempre está aprendiendo, quiénes mejor que los niños para darnos lecciones”.

 

Por su parte, el profesor Sergio Renán Flores Gutiérrez, secretario general de la Sección 4, reconoció al maestro Alfonso Cepeda por el apoyo que brinda a los trabajadores de la educación y por los resultados obtenidos “en el momento histórico que vive el país”.

 

Dijo que el SNTE va con rumbo firme, haciendo equipo con autoridades y sociedad, en favor de la escuela pública, “construyendo una agenda que pone al magisterio en el centro de la transformación”.

 

Asimismo, agradeció a la gobernadora Layda Sansores San Román, “por su disposición, sensibilidad y respaldo a las gestiones de la organización sindical”.

 

El Pleno Seccional estuvo presidido por el profesor José Luis Pérez Márquez, integrante del Colegiado Nacional de Asuntos Laborales.

 

Copresidieron los profesores Cuauhtémoc Valaguez Velásquez y Concepción Martínez Márquez, integrantes del Colegiado Nacional de Asuntos Laborales, y del Colegiado Nacional Jurídico, respectivamente.

 

En la ceremonia estuvieron los profesores Ricardo Francisco Espinosa Magaña y Freddy Santos Morales, representantes del Comité Ejecutivo Nacional en la Sección 4.

 

Asistieron, también, ex secretarios generales, rectores de distintas universidades en Campeche, funcionarios del gobierno estatal y alcaldes de la entidad, así como el profesor Alejandro Chulim Cimé, secretario general de la Sección 57 en Yucatán.

 

Con información de: https://snte.org.mx/blog/comunicado-15-2026

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.