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Desde San Lázaro. Morena rescata a Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Abr 2024
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Desde San Lázaro. Morena rescata a Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/_MorenaJalisco

Existe sobrada preocupación en el cuartel naranja en donde despacha como máximo mandamás Dante Delgado por lo que ocurre en Jalisco, en donde la moneda está en el aire en los que respecta a la gubernatura, ya que los números en las encuestas se han cerrado entre la candidata de Morena y aliados, Claudia Delgadillo González y Pablo Lemus, de MC, debido a que, entre otros factores, los malos colaboradores del gobernador Enrique Alfaro, le están cobrando factura entre los jaliscienses.

De todos es conocido sobre  la mala relación que existe entre el mandatario estatal y el líder nacional de Movimiento Ciudadano y ello se refleja en la responsabilidad que carga cada uno de ellos para mantener el poder en Jalisco, aunque la verdad el total responsable político de lo que ocurra electoralmente en ese entidad es el mismo Alfaro y por ello, tendrá que cargar con la inminente derrota.

La terquedad del mandatario por mantener en su cargo como secretario de Transporte y Movilidad a Diego Monraz, acarrea costos políticos electorales cuyos resultados se verán el 2 de junio.

Monraz  ha construido una red de ilícita de negocios paralelos a su cargo que tienen que ver con el robo de combustibles, con el Macrobús y el Peribús, además de la venta de camiones Fotón que el gobierno estatal apoya con el anticipo a fondo perdido.

El jineteo del dinero de los transportistas es descarado y el subsidio que les da el gobierno a los transportistas se tarda hasta  60 días en devolvérselos.

Hace unos días los jaliscienses se despertaron con la noticia de que la Fiscalía General de la República realizó un cateo en patios de operaciones del Peribús (en donde los operadores mayoritarios son los hermanos Hugo Maximiliano y Jorge Humberto Higareda de la alianza de Camioneros y vinculados a Diego Monraz)  para decomisar más de 31 mil 700 litros de hidrocarburo.

El almacenamiento ilegal de este hidrocarburo fue asegurado por la Fiscalía y se abrió una carpeta de investigación por este delito y los que resulten.

La pregunta que salta a la vista es que hacía ese combustible en una instalación en donde tiene injerencia el gobierno de Enrique Alfaro, a través de la secretaria de Transporte y Vialidad a cargo de  Diego Monraz.

Ahí no se detuvieron las pesquisas de la FGR, ya que días después de este operativo realizó otro en una empresa de autotransporte ubicada en San Martín de las Flores, en Tlaquepaque, la cual quedó asegurada y pronto esa institución informará sobre el resultado de sus diligencias.

La triangulación de recursos públicos y de “negocios colaterales” a través de los hermanos Higareda y otros prestanombres con el consentido de Enrique Alfaro se investiga a través de instancias federales y no dude estimado lector que, incluso, en la víspera de las elecciones saldrán noticias sobre este escabroso asunto.

Por obvias razones este tema de corrupción ya está en el escritorio del principal huésped de Palacio Nacional y es de esperarse que se emitan las instrucciones de alto nivel para no dejar estos ilícitos bajo el manto protector de Alfaro.

Movimiento Ciudadano ha dilapidado su capital político en aras de preservar caprichos de sus dirigentes nacionales y en este caso de Jalisco y como se observa el panorama electoral, será difícil que esta franquicia mantenga el registro nacional como partido político e igual de grave será la pérdida de la gubernatura de esta entidad.

Luego de que Pablo Lemus arrancara  con una ventaja sobre su más cercano competidora,  Claudia Delgadillo,  de dos dígitos, con el paso de los días la brecha se cerró a tal grado que en estos momentos, a 50 días de la elección,  existe un empate técnico y no hay duda que habrá alternancia en el poder.

Los jaliscienses se preguntan sobre las razones que tiene Alfaro para solapar y proteger a Diego Monraz a tal grado que le ha generado buena parte del desgaste que ostenta el mandatario en relación a su calificación reprobatoria que tiene ante sus coterráneos.

Todavía hay tiempo de que Alfaro enmiende el camino para su causa política, pero sobre todo para la población que se dijo llevarla a otros niveles de desarrollo y calidad de vida.

Al parecer esa calidad de vida solo es para sus cuates y si no me cree, habrá que investigar las propiedades que tienen algunos de sus colaboradores en Punta Mita.

(CONTINUARÁ)

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.