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México exige a la ONU suspender a Ecuador

11 Abr 2024
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México exige a la ONU suspender a Ecuador Imagen tomada de: https://twitter.com/aliciabarcena
  • En los documentos presentados este jueves ante la Corte de Justicia, está establecer que la nación que invada una embajada debe ser expulsada de la ONU

 

Nos vemos en la Corte, Ecuador: El Gobierno federal presentó los detalles de la demanda contra Ecuador por el asalto a la Embajada de México en Quito que ya fue enviada a la Corte Internacional de Justicia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), explicó Alicia Bárcena, secretaria de Relaciones Exteriores, este 11 de abril.

 

La Cancillería de México remarcó que nuestro país estaba en todo su derecho de proteger a Jorge Glas, exvicepresidente de Ecuador a quien oficialmente se le dio asilo el pasado jueves 4 de abril.

 

“Cuando Jorge Glas se acoge a la Embajada (de México en Ecuador), él solicita el asilo y ahí nosotros nos ponemos a estudiar la solicitud y pedimos al Gobierno de Ecuador que nos enviara todos los expedientes”, señaló Bárcena en la conferencia ‘mañanera’ del presidente Andrés Manuel López Obrador.

 

¿Qué es lo que contiene la demanda de México vs. Ecuador?

Entre los puntos que el Gobierno de López Obrador planteará a la Corte Internacional de Justicia están:

La suspensión de Ecuador como miembro de la ONU hasta que no pida disculpas públicas a México.

Establecer el precedente de que cualquier nación que actúe tal como Ecuador (es decir, que invada una embajada), debe ser expulsado en definitiva de Naciones Unidas.

Evitar la repetición de estos casos ante el Consejo General de la ONU.

Juzgar y declarar que Ecuador es responsable del daño.

“Nosotros habíamos dejado que Jorge Glas estuviera ahí (en la Embajada de México) calidad de huésped. No es una figura jurídica en sí, pero nos daba tiempo de analizar su expediente”, agregó Bárcena quien criticó el acoso que vivieron los diplomáticos mexicanos en Quito por parte de la policía.

 

“Pensaban que nos íbamos a llevar a Jorge Glas en un baúl o en un globo”, añadió.

 

México explica por qué SÍ podía darle asilo a Jorge Glas

 

Jorge Glas se encuentra actualmente recluido y en huelga de hambre.

Uno de los puntos de ‘choque’ entre los gobiernos de López Obrador y Daniel Noboa es que el exvicepresidente ecuatoriano no podía ser asilado por México debido a que el exfuncionario enfrenta un proceso penal en Ecuador.

 

Alejandro Dávalos, viceministro de Movilidad Humana de Ecuador, argumentó ante el Consejo Permanente de la OEA que México obstaculizó el “funcionamiento del sistema judicial ecuatoriano al conceder asilo político a Glas, aliado del expresidente Rafael Correa y procesado por corrupción”.

 

Alejandro Celorio Alcántara, consultor jurídico de Secretaría de Relaciones Exteriores, ‘contraatacó' este jueves 11 de abril y explicó que en la Convención de Caracas de 1954 se establece que es derecho del país que da el asilo diplomático el determinar la naturaleza de las acusaciones.

 

“A nosotros como país asilante nos corresponde juzgar si hay una persecución política, y le corresponde a Ecuador otorgar el salvoconducto, y en esa negociación pacífica a la que nunca recurrió Ecuador se pudo haber considerado algunos elementos adicionales para tratar de solventar esta situación. No se hizo”, dijo.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.