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Ecuador responde a México: ‘Ustedes violentaron primero los acuerdos de Viena’

09 Abr 2024
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Ecuador responde a México: ‘Ustedes violentaron primero los acuerdos de Viena’ Imagen tomada de: https://twitter.com/gabisommerfeld
  • La canciller de Ecuador dijo que México no dio respuestas positivas cuando comenzó la situación para dar asilo a Jorge Glas 

La canciller ecuatoriana, Gabriela Sommerfeld, aseguró este lunes que México incumplió primero la Convención de Viena y la de asilo, y no dio respuestas concretas al país andino sobre sus peticiones respecto al ex vicepresidente Jorge Glas, procesado en casos de corrupción y ahora recluido en una cárcel de máxima seguridad.

“Como canal diplomático hicimos llegar toda la documentación que demostraba, a través de la Corte de Justicia, cuál era la situación del entonces huésped, llamaban, y después solicitante de asilo para que no se proceda porque no correspondía”, esa medida, dijo. 

Según la titular de la diplomacia ecuatoriana, México no dio “una respuesta positiva”, y solo mencionaba que estaban analizando el caso. 

Añadió que la canciller mexicana, Alicia Bárcena, envió una misión a Ecuador hace unos 15 días. “Se llegaron a algunos acuerdos que, nuevamente, no se cumplieron y siempre hubo incumplimiento y no hubo respuestas positivas”. 

“Importante mencionar que quien primero empieza a incumplir varios artículos de la Convención de Viena, y de asilo diplomático, es México”, subrayó. 

Comentó que “el espíritu de cualquier documento legal tiene que ser respetado” y “las Convenciones de Viena son para normar las relaciones bilaterales de los países”. 

 

“Las relaciones no solamente se destruyen por un acto. Es verdad que tiene un costo (la incursión policial en la Embajada el pasado viernes para detener a Glas) para el país, que fue analizado también en el momento de la toma de decisión por parte del presidente de la república”, Daniel Noboa, quien estaba “defendiendo la democracia, la seguridad del país”, comentó. 

La canciller recalcó, además, que “había una clara interferencia de un Estado dentro de asuntos internos en el Ecuador”. 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.