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Firman convenio de colaboración entre IBD y gobierno de Quintana Roo

20 Jun 2023
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Firman convenio de colaboración entre IBD y gobierno de Quintana Roo Imagen tomada de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores
  • Buscan compartir la información que genera el Instituto y capacitar a las y los funcionarios de la entidad que tengan interés en temas parlamentarios.

 

El Instituto Belisario Domínguez (IBD) del Senado de la República firmó un convenio de colaboración con el gobierno del estado de Quintana Roo, con el objetivo de intercambiar información a través de todos los productos y resultados de las investigaciones del Instituto y capacitar a las y los funcionarios de la entidad que tengan interés en temas parlamentarios.

 

Al respecto, el senador Manuel Añorve Baños, presidente del IBD, destacó que el instituto cuenta con una gran oferta educativa y nexos con diversas universidades, por lo que pueden atender las necesidades específicas que el gobierno de Quintana Roo requiera.

 

Enfatizó que con la firma de este acuerdo ambas instituciones se comprometen a dar los mejores resultados para Quintana Roo.

 

Además, el legislador dijo que es una gran oportunidad para que las investigaciones y los conocimientos que genera el IBD se traslade al estado del sur; será un honor poder tener una muy buena comunicación y, sobre todo, poder aterrizar programas y planes.

 

“Es una manera de atender a una estructura de gobierno que está ávida de prepararse, sobre todo cuando están iniciando un periodo de gobierno muy intenso. Por supuesto, todo el apoyo del Senado y del Instituto Belisario Domínguez”, puntualizó Añorve Baños.

 

Eugenio Segura Vázquez, secretario de Finanzas y Planeación de Quintana Roo, destacó que esta firma representa un gran paso que permitirá ampliar la capacitación para los servidores públicos; “es un paso firme para continuar mejorando el nivel profesional, técnico y humano de las y los trabajadores del gobierno del estado”.

 

A su vez, Carlos Felipe Fuentes del Rio, consejero Jurídico del gobierno quintanarroense, mencionó que, a través de este instrumento se perfeccionará la preparación continua de los trabajadores jurídicos; “esta oportunidad histórica nos dará la posibilidad de contar con diplomados e investigaciones especializadas que complementarán y apoyarán nuestras actividades”.

 

En la firma del convenio también estuvieron presentes Rodrigo Ávila Barreiro, secretario técnico del IBD; Nayeli Solís, coordinadora de Asuntos Jurídicos de la Consejería Jurídica de la entidad; y Ana Luisa Parrao Guzmán, secretaria técnica del Sector Social del gobierno de Quintana Roo. 

 

Con información de: Comunicación Social de la Cámara de Senadores

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.