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Así el ‘superpeso’ ‘golpeará’ a las remesas y provocará la mayor pérdida de su valor en años

12 Jun 2023
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Así el ‘superpeso’ ‘golpeará’ a las remesas y provocará la mayor pérdida de su valor en años Imagen tomada de: https://twitter.com/Banxico
  • Por la fortaleza del peso, las remesas en 2023 podrían desplomarse hasta 10.60 por ciento en su poder adquisitivo

A pesar de que el ‘superpeso’ se ha convertido en una de las monedas más atractivas para la inversión, expertos advierten que este efecto no es positivo para las remesas, las cuales sufren los estragos de la fortaleza de la moneda mexicana.

De acuerdo con Gabriela Siller, directora de análisis económico-financiero de Banco Base, las remesas en 2023 podrían desplomarse hasta 10.60 por ciento en su poder adquisitivo, siendo la mayor pérdida que se tiene desde que se tiene registro.

“Si el tipo de cambio continúa el resto del año en los niveles actuales, las remesas perderán 10.60 por ciento de poder adquisitivo, respecto al año anterior”, detalló.

Al apreciarse tan rápido el peso, Siller afirma que pierden los exportadores y los receptores de remesas, ya que no hay forma de cómo puedan ajustarse tan rápido a las disminuciones del tipo de cambio.

“Esto se verá reflejado en desaceleración del consumo y después en menor crecimiento de las exportaciones. Por el lado de las remesas se pierde el poder adquisitivo, por el lado de las empresas en el corto plazo implica menores márgenes de utilidad, lo que llevará a menor creación de empleo y desaceleración del crecimiento del consumo”, sostuvo.

Este año, el peso acumula una apreciación de 2 pesos y 24 centavos u 11.48 por ciento.

Los niveles alcanzados hoy por el tipo de cambio, la debilidad del dólar y la fuerza que trae el mercado moviéndose del dólar a otras divisas abren la posibilidad a alcanzar este año cotizaciones cercanas a 17 pesos por dólar.

¿En cuánto se vendió el dólar este 9 de junio?

El peso mexicano finalizó la jornada operando en su nivel más bajo en lo que va de 2023, colocándose por debajo de las 17.30 unidades, debido a que tomó fuerza la expectativa de que la Reserva Federal mantenga sin cambios la tasa de interés.

De acuerdo con datos del Banco de México, la moneda nacional se apreció 0.69 por ciento, u 11.95 centavos, por lo que el tipo de cambio se ubicó en las 17.27 unidades.

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.