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De Cinco Estrellas. Grupo LATAM anuncia plan para fortalecer la conectividad en Sudamérica con el Embraer E195-E2. Por: Victoria González Prado Destacado

26 Sep 2025
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De Cinco Estrellas. Grupo LATAM anuncia plan para fortalecer la conectividad en Sudamérica con el Embraer E195-E2. Por: Victoria González Prado Conectará Sudamérica con aviones Embraer.
  • Grupo LATAM anuncia plan para fortalecer la conectividad en Sudamérica con el Embraer E195-E2
  • Antonio Cosío Pando, nuevo presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico
  • “Dos pasiones, una identidad: fútbol y asado” reúne la historia y el valor cultural de Argentina 

LATAM Airlines Group S.A. y sus filiales anunciaron acuerdo con Embraer y presentaron sus planes para ampliar la conectividad en Sudamérica, a través de la adquisición de hasta 74 aeronaves Embraer E195-E2 de fuselaje angosto (narrow-body). El pedido contempla 24 entregas en firme y 50 opciones de compra. Las entregas de los aviones en firme comenzarán en la segunda mitad de 2026, inicialmente para LATAM Airlines Brasil y posteriormente podrían operar en otras filiales del grupo LATAM.

Esta iniciativa reafirma la continua inversión del grupo en el fortalecimiento de sus operaciones domésticas y regionales, consolidando el crecimiento sostenido y rentable alcanzado durante los últimos cuatro años. La nueva flota mejorará la flexibilidad operativa en los hubs del grupo, permitiéndole atender nuevos destinos y ampliar las opciones de viaje para sus clientes. El pedido en firme de 24 aeronaves está valorado en aproximadamente 2 mil 100 millones según precios de lista.

Tal como se declaró durante la presentación de los resultados financieros del ejercicio 2024, el grupo LATAM mantiene política financiera con métricas que incluyen apalancamiento y liquidez. Esta nueva inversión en flota se alinea con la política financiera vigente y no se prevén modificaciones.

Roberto Alvo, CEO de LATAM Airlines Group, comentó: “durante los últimos cuatro años, el grupo se ha enfocado en expandir su red doméstica y regional, creando la forma más completa y fluida de viajar dentro de Sudamérica. La decisión del grupo se basa en la excelente eficiencia económica y la versatilidad del Embraer E195-E2, cuya versatilidad permitirá continuar con nuestra trayectoria de crecimiento rentable al fortalecer la conectividad mediante la apertura de nuevos destinos, ofreciendo a nuestros pasajeros aún más opciones, contribuyendo a la conectividad de las comunidades e impulsando también el desarrollo económico y social”. 

Por su parte, Francisco Gomes Neto, presidente y CEO de Embraer, dijo, “esta alianza estratégica con el grupo LATAM refleja una decisión técnica de la aerolínea para elegir la aeronave más eficiente y adecuada que complemente su flota y respalde su próxima etapa de crecimiento en Sudamérica. El E195-E2 permitirá a las filiales del grupo conectar más destinos con la capacidad adecuada, ofreciendo a los pasajeros un confort superior. Estamos extremadamente orgullosos de que el grupo haya tomado la mejor decisión para avanzar en la conectividad regional y construir juntos el futuro”, afirmó

Equipado con tecnología de última generación, el Embraer E195-E2 combina costos competitivos por asiento, eficiencia superior en consumo de combustible y mayor confort para los pasajeros gracias a su configuración de cabina 2-2. Impulsado por motores Pratt & Whitney GTF y con aerodinámica avanzada y la última tecnología fly-by-wire, la aeronave ofrece hasta 30 por ciento menos de consumo de combustible por asiento en comparación con modelos de generaciones anteriores.

Los E195-E2 se incorporarán a la flota actual del grupo, compuesta por 362 aviones, incluyendo 283 Airbus de fuselaje angosto, tres Airbus de fuselaje ancho en arriendo a corto plazo, 56 Boeing de fuselaje ancho y 20 cargueros Boeing. Desde 2021, el grupo ha expandido su red de 129 a 160 destinos de pasajeros —aumento del 24 por ciento— reafirmando su compromiso con el fortalecimiento de sus operaciones en la región.

 
Conectará Sudamérica con aviones Embraer.

 

***** Antonio Cosío Pando, director general de Grupo Brisas, ha sido elegido por unanimidad como el nuevo presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) para el periodo 2025-2028. Sucede en el cargo a Braulio Arsuaga Losada.

En su primer discurso como presidente, Cosío Pando destacó que su gestión se centrará en tres ejes principales: Turismo Seguro, Turismo Digital y Turismo Regenerativo. Mencionó que la estrategia del turismo seguro es muy necesario, ya que sin seguridad no hay desarrollo posible, por lo que se encargará de fortalecer la coordinación con cada asociación para atender los problemas de manera regional, y devolver confianza a los inversionistas y a los viajeros.

El turismo Digital para apostar por la innovación, la inteligencia artificial y las plataformas tecnológicas para aumentar la visibilidad internacional y, el regenerativo buscará revitalizar comunidades, proteger ecosistemas y rescatar tradiciones y patrimonio cultural, integrando a las poblaciones en los beneficios de la actividad turística.

Al referirse a lograr que México se convierta en el quinto país más visitado del mundo, Antonio Cosío dijo: “la meta que nos hemos planteado para ser el quinto país más visitado del mundo, solo será alcanzable si diseñamos una estrategia innovadora, conjunta y bien focalizada”, puntualizó.

Resaltó que es necesario mirar con responsabilidad los proyectos de infraestructura que hereda el sector: el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y la nueva Mexicana de Aviación.

“Más allá de su costo, nuestro reto será encontrar la manera de que estas inversiones realmente funcionen, se vuelvan rentables y se conviertan en aliados del turismo”.

Cosío Pando es Ingeniero Industrial y de Sistemas por el ITESM y dirige Grupo Brisas, cadena hotelera que incluye marcas como Las Brisas, Nizuc Resort & Spa y Galería Plaza. También ha ocupado el cargo de tesorero del CNET y de la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras (ANCH), y es miembro del Consejo Mexicano de Negocios desde 2019.

Para Braulio Arsuaga Losada, presidente saliente, el CNET tiene ante sí diversos desafíos, como: promoción internacional y financiamiento de la marca país; conectividad aérea y facilitación de ingreso; y seguridad y clima de inversión.

Agregó que el turismo requiere de visión a largo plazo, inversión en promoción, seguridad y conectividad. Estos son los pilares que defendimos, dijo, y que deberán mantenerse para que México siga siendo competitivo en el escenario global.

 
Antonio Cosío Pando.

 

***** Viajar a Argentina, y en especial a Buenos Aires es experiencia que inicia con parrilla humeante en el barrio de Palermo o con la adrenalina de superclásico en la Bombonera o el Monumental. Dos símbolos culturales —el asado y el fútbol— que cuentan la esencia de la identidad argentina.

El asado es ritual que combina fuego, carne y encuentro social. Desde la época colonial, los gauchos de La Pampa perfeccionaron la técnica: carne de calidad, sal gruesa y brasas de leña o carbón. Con el tiempo se incorporaron clásicos que hoy son parte inseparable de la experiencia: chimichurri, salsa criolla, Provoleta con orégano o las achuras como chinchulines y mollejas.

Entre los cortes más icónicos destacan la tira de asado y el vacío, cada uno con texturas y sabores intensos. Alrededor de la mesa, amigos, familia y visitantes comparten conversaciones y brindis que hacen del asado ceremonia de unión.

La tradición parrillera argentina se ha consolidado en el mundo gracias a restaurantes que han llevado el fuego a la alta cocina. Don Julio, ubicado en Palermo y reconocido con estrella Michelin, está en el top 10 de los mejores restaurantes del mundo; su propuesta se centra en novillos jóvenes para asegurar carne de sabor único. La Cabrera combina técnica clásica con estilo barroco de barrio, y su éxito la ha llevado a abrir más de 30 sucursales en nueve países.

Cada restaurante aporta matiz diferente, pero todos comparten la misma esencia: honrar la carne argentina y transformar el asado en experiencia cultural.

El otro gran símbolo argentino es el fútbol. Introducido por inmigrantes en el siglo XIX, pronto se convirtió en fenómeno social y dio origen a clubes históricos como River Plate y Boca Juniors, protagonistas de uno de los superclásicos más vibrantes del mundo.

En las tribunas, los cánticos, banderas y rituales de los hinchas convierten cada partido en fiesta colectiva. Figuras como Diego Maradona y Lionel Messi son íconos culturales. En Buenos Aires, murales y santuarios rinden homenaje a ambos, mientras en Rosario, los tours por el “circuito Messi” permiten conocer los lugares que marcaron la infancia del capitán de la Selección Argentina.

El asado y el fútbol son dos lenguajes universales que definen la identidad argentina. Entre el humo de la parrilla y el grito de un gol, el visitante descubre país donde la gastronomía y la pasión deportiva se entrelazan para contar su historia.

Quien visite Argentina encontrará en estas experiencias la esencia más pura del destino: hospitalidad, tradición y emoción. Para planear el viaje y vivir estas pasiones de cerca, basta con consultar Visit Argentina, 

 
Asado y fútbol en Argentina.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.