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De Cinco Estrellas. La Asociación Metropolitana de Agencias de Viajes y Aeroméxico firman alianza estratégica. Por: Victoria González Prado Destacado

20 Ago 2025
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De Cinco Estrellas. La Asociación Metropolitana de Agencias de Viajes y Aeroméxico firman alianza estratégica. Por: Victoria González Prado Giancarlo Mullinelli, Alicia Mejía y Pasquale Speranza.
  • La Asociación Metropolitana de Agencias de Viajes y Aeroméxico firman alianza estratégica
  • Con inversión superior a los 9 mil millones de pesos, el Aeropuerto de Puerto Vallarta, promete transformar la experiencia de viaje  
  • El Tren Maya que conecta el sur de México se expandirá hacia territorio guatemalteco y a Belice

Pasquale Speranza, vicepresidente de Ventas en México de Aeroméxico y Alicia Mejía, presidente de la Asociación Metropolitana de Agencias de Viaje (La Metro) firmaron alianza estratégica, para que la aerolínea sea socio preferencial. 

El acuerdo fue firmado en el auditorio de las oficinas corporativas de la aerolínea, ubicadas en Paseo de la Reforma, con la presencia de directivos de ambas instituciones, socios comerciales y medios de información. 

Ambos directivos coincidieron en que la alianza no solo representa acto protocolario, sino la consolidación de camino recorrido durante los últimos dos años, cimentado en la confianza, colaboración y visión compartida de llevar el turismo mexicano a nuevos horizontes.

De esta forma, “la línea aérea bandera de nuestro país y orgullo nacional regresa a la Asociación Metropolitana de Agencia de Viajes, acontecimiento que representa la incorporación de la empresa líder y el fortalecimiento de la colaboración entre dos instituciones comprometidas con el desarrollo, la competitividad y la proyección internacional”, comentó Alicia Mejía, durante su intervención

Agregó que Aeroméxico simboliza excelencia, innovación y liderazgo en la aviación nacional e internacional, con amplia red de destinos que conecta a México con el mundo.

“Así como tecnología de vanguardia, políticas de sustentabilidad y una constante apuesta a la mejora de la experiencia del pasajero que la consolida como un embajador de nuestro país ante millones de viajeros”, dijo la presidente de La Metro.

La presidente de La Metro destacó que la aerolínea participará de manera activa en los encuentros de la asociación, presentando novedades, avances tecnológicos, promociones y proyectos estratégicos, además de ser patrocinador oficial de la Convención Anual 2025 que se celebrará en septiembre próximo en Argentina.

Por su parte, Pasquale Speranza comentó es la celebración del fortalecimiento del sector turístico en México. “Es la confirmación de un camino que hemos recorrido juntos, con la visión compartida para llevar el turismo de México a nuevos horizontes”.

Speranza, agradeció a La Metro y sus socios la confianza, porque acercan las oportunidades a los clientes de las agencias de viajes. “La alianza permitirá seguir construyendo historias de éxito”.

De igual forma, el vicepresidente de Ventas en México recordó que 2024 fue año histórico para la aerolínea, que celebró su 90 aniversario, transportó a más de 25 millones de pasajeros y fue reconocida como la línea aérea más puntual del mundo, logros que, dijo, reflejan el compromiso con la calidad y el servicio.

Asimismo, adelantó que 2025 será un año de expansión con la incorporación de 14 nuevos aviones, para alcanzar una flota de 164 aeronaves en operación, lo que permitirá ampliar la conectividad desde México con el mundo. 

El acto cerró con el compromiso de ambas partes de trabajar de manera coordinada en proyectos que no solo fortalezcan a sus respectivas organizaciones, sino que aporten al crecimiento del turismo mexicano y a la proyección internacional del país como destino. 

 
Giancarlo Mullinelli, Alicia Mejía y Pasquale Speranza.

 

***** Con inversión superior a los 9 mil millones de pesos, el Aeropuerto de Puerto Vallarta, operado por Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), promete transformar la experiencia de viaje con mejoras en eficiencia, infraestructura y atención al pasajero.

El Aeropuerto de Puerto Vallarta avanza en la construcción de su nueva terminal de 74 mil metros cuadrados, que duplicará su capacidad operativa además de estar ya posicionado entre los cinco aeródromos con mayor flujo de pasajeros internacionales en México.

Durante 2024, la terminal superó los 6.8 millones de pasajeros, lo que refleja el auge del turismo en esta región estratégica del Pacífico. Actualmente, el aeropuerto conecta con 56 destinos en México, Estados Unidos y Canadá. 

Pero más allá de su crecimiento técnico, su ubicación es clave: está a solo 8 kilómetros del centro de Puerto Vallarta y a menos de una hora de enclaves como Sayulita y Punta Mita, el aeródromo se convierte en la puerta de entrada más eficiente al corredor turístico Puerto Vallarta-Riviera Nayarit.

Esta región, en plena expansión, diversifica cada vez más su oferta y responde a turismo nacional e internacional que busca experiencias más auténticas, conectadas con la naturaleza y con infraestructura de primer nivel. El aeropuerto, sin duda, acompaña y potencia esta evolución.

 
El Aeropuerto de Puerto Vallarta operado por GAP se renueva.

 

***** Tras la reunión bilateral entre los presidentes Claudia Sheinbaum Pardo, de México y Bernardo Arévalo, de Guatemala, anunciaron que la obra que conecta al sur de México se expandirá hacia territorio guatemalteco y a Belice.

El mandatario de Guatemala aseguró que el Tren Maya no cruzará ninguna área de reserva natural, ya que se utilizarán zonas previamente destinadas al tránsito. Sin embargo, no se descarta la realización de estudios de impacto ambiental.

“Nosotros concebimos al Tren Maya como una solución de desarrollo que impulsa un modelo sostenible, y que además protege de forma clara el patrimonio natural y cultural del país. En todo momento se ha mantenido la decisión de que el Tren Maya no cruzará ninguna reserva existente, sino que circulará por áreas ya consideradas de tránsito”, afirmó Bernardo Arévalo.

Por su parte la presidente defendió la obra de su antecesor, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, al considerar que “es un éxito” y ver la oportunidad que tiene para conectar al territorio mexicano de norte a sur como transporte de carga y de este a oeste por el tren del Istmo de Tehuantepec.

“Si nosotros, los tres países, logramos construir un polo de desarrollo para el bienestar de nuestros pueblos, para Guatemala y para México va a ser una visión completamente distinta. El objetivo es el bienestar de la gente a través del desarrollo que no daña al medio ambiente y que permita la construcción de un futuro prometedor para nuestros pueblos”, comentó Sheinbaum Pardo.

Sin embargo, el Tren Maya perdió 5 mil 807 millones de pesos, según datos al cierre del primer semestre de este año 2025. Los ingresos del proyecto ferroviarios suman 525 millones de pesos, de acuerdo con los estados financieros de la paraestatal, y a medida que el Tren Maya aumenta sus corridas y realiza el recorrido por los cinco estados del sureste, los costos relacionados con su funcionamiento aumentaron.

Los representantes de México y Guatemala discutieron también los temas relacionados con la seguridad y energía.

En materia de seguridad, la presidente de México aseguró que las instituciones de seguridad, fuerzas armadas e inteligencia trabajan en coordinación.

Se espera que en octubre funcionarios guatemaltecos visiten México para continuar con las tareas emprendidas para combatir al crimen que azota a las regiones fronterizas de ambas naciones.


Los presidentes de México, Claudia Sheinbaum y Bernardo Arévalo de Guatemala.

 

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.