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Desde San Lázaro. Premio para diputados morenistas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

06 Ago 2026
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Desde San Lázaro. Premio para diputados morenistas. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx

La política mexicana vive instalada en una paradoja. Mientras el país enfrenta desafíos cada vez más complejos en materia de seguridad, crecimiento económico, salud, educación e inversión, la clase gobernante parece tener una sola prioridad: la siguiente elección.

Todavía faltan varios meses para que arranque formalmente el proceso electoral de 2027 y Morena ya dejó claro que no piensa renunciar a las ventajas que otorga el ejercicio del poder.

La presidenta nacional de ese partido, Ariadna Montiel, confirmó que los diputados morenistas que busquen la reelección no estarán obligados a separarse de sus cargos durante la etapa previa al inicio formal del proceso electoral. En otras palabras, podrán continuar ejerciendo el cargo mientras realizan actividades políticas que, aunque no sean consideradas jurídicamente campaña, difícilmente pueden desvincularse de una estrategia de posicionamiento electoral.

La decisión tiene profundas implicaciones políticas.

Hace apenas unos meses, la presidenta Claudia Sheinbaum reivindicó el principio histórico de la “no reelección” como una de las banderas de su gobierno. Sin embargo, los grupos parlamentarios de Morena decidieron que esa reforma no aplicará para los actuales legisladores, sino hasta 2030. Es decir, quienes hoy ocupan una curul podrán competir por permanecer en el cargo en 2027.

Los aspirantes tampoco tendrán que solicitar licencia mientras no inicie formalmente el proceso electoral federal. La explicación jurídica podrá sostenerse en la letra de la ley; la explicación política es mucho más sencilla: se busca conservar todas las ventajas que ofrece el ejercicio del poder el mayor tiempo posible.

Un legislador en funciones mantiene exposición mediática, agenda pública, estructura de asesores, giras, reuniones oficiales y presencia permanente en su distrito o entidad. Aunque los recursos públicos tienen un destino legal específico y no pueden utilizarse para fines electorales, la frontera entre la actividad institucional y el posicionamiento político suele convertirse en motivo de controversia durante los periodos previos a las campañas.

Ese es precisamente el problema. Los actos anticipados de campaña y además hacerlo con recursos públicos.

La legislación establece fechas para el inicio de las campañas, pero la realidad política mexicana del oficialismo demuestra que vivimos en una competencia electoral permanente.

Primero son los recorridos territoriales, después las asambleas informativas, más tarde las reuniones con sectores sociales. Luego vienen los informes legislativos, las entrevistas, los espectaculares disfrazados de promoción institucional y finalmente las campañas constitucionales.

Cuando unas terminan, inmediatamente comienzan las siguientes.

El ciudadano observa cómo los políticos recorren nuevamente las calles, prometen soluciones y obras, encabezan eventos y multiplican su presencia pública, mientras los grandes problemas nacionales permanecen prácticamente intactos.

La inseguridad sigue golpeando a millones de familias, el sistema de salud continúa enfrentando enormes carencias, la economía crece por debajo de su potencial, la infraestructura reclama inversiones, los desaparecidos aumentan.

Pero la 4T parece vivir en otra realidad. Su prioridad ya no es gobernar, es conservar el poder

Hasta 2000, el PRI se despachaba con la cuchara grande en eso de imponer su hegemonía política contra sus adversarios a los que avasallaba en cada elección. Ahora Morena hace exactamente lo mismo, pero dicen que son diferentes.

La democracia pierde calidad cuando la contienda deja de desarrollarse entre iguales.

Si unos compiten desde el ejercicio del poder y otros deben hacerlo únicamente con sus estructuras partidistas, la cancha inevitablemente deja de estar nivelada.

Lo más preocupante es que esta dinámica profundiza un fenómeno que se ha convertido en la principal enfermedad de la política mexicana: la campaña permanente.

Gobernar ha pasado a un segundo plano.

Todo se mide en función del siguiente proceso electoral.

Cada programa social, cada gira, cada conferencia, cada reforma y cada decisión política parece evaluarse más por su rentabilidad electoral que por sus resultados para los ciudadanos.

Mientras tanto, los problemas estructurales del país esperan.

La historia demuestra, tarde que temprano, que los gobiernos que dedican más tiempo a hacer política que a gobernar terminan pagando un alto costo ante los ciudadanos.

Porque el poder puede ganarse con campañas, Pero sólo se conserva con resultados.

El poder se mantendrá hasta donde alcance el dinero público para regalar.

Mientras tanto, llegó su premio para los diputados morenistas, pueden reelegirse, no tienen que renunciar a sus cargos y desde allí, con el uso de recursos públicos, ganar la elección del 2027, aunque falta un pequeño detalle, la voluntad del electorado.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.