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Desde San Lázaro. Rechazo a narcopolíticos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

02 Jun 2026
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Desde San Lázaro. Rechazo a narcopolíticos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

La Casa Blanca no pretende inmiscuirse en el proceso electoral mexicano y menos sacar a Morena del poder, lo relevante para ellos es combatir a los narcoterroristas porque atentan contra la seguridad interior de Estados Unidos

La prudencia que caracterizó durante meses la relación de la presidenta Claudia Sheinbaum con Donald Trump parece haber quedado en el olvido. El discurso pronunciado el domingo en el Monumento a la Revolución marcó un punto de inflexión que puede resultar sumamente costoso para México en momentos particularmente delicados de la relación bilateral.

Hasta ahora, la estrategia del gobierno mexicano había consistido en evitar la confrontación directa con el mandatario estadounidense, consciente de la enorme asimetría política, económica y comercial que existe entre ambas naciones. Sin embargo, el mensaje lanzado desde la Plaza de la República mostró a una presidenta dominada más por la preocupación ante las acusaciones de presuntos vínculos entre políticos de Morena y organizaciones criminales que por la sensatez y la cautela que exige la conducción del Estado mexicano.

La respuesta del gobierno federal ante las crecientes presiones provenientes de Washington parece haber tomado un rumbo equivocado. Cuando las sospechas de infiltración criminal alcanzan a figuras políticas, el camino responsable es investigar, transparentar y limpiar la casa. Lo que vimos el domingo fue exactamente lo contrario: una narrativa orientada a descalificar a quienes exigen esclarecer los señalamientos y a presentar cualquier cuestionamiento como un ataque a la soberanía nacional.

El problema es que la soberanía no puede convertirse en escudo para proteger a políticos sospechosos de mantener vínculos con el crimen organizado. La defensa del interés nacional comienza precisamente por garantizar que ninguna estructura criminal tenga capacidad de influir en las instituciones democráticas.

Las imágenes observadas en distintas plazas del país durante las movilizaciones convocadas por el oficialismo también reflejan una realidad preocupante. Hubo contingentes movilizados mediante las viejas prácticas del acarreo que tanto criticó Morena cuando era oposición. Pero también participaron miles de ciudadanos convencidos de que los verdaderos villanos de esta historia son quienes exigen combatir con mayor contundencia a los cárteles y a sus presuntos aliados políticos.

Esa percepción es resultado de una estrategia de polarización que ha alcanzado niveles alarmantes. Hoy una parte de la sociedad mexicana considera que cuestionar a gobernadores, alcaldes o legisladores señalados por posibles nexos criminales equivale a traicionar a la patria. Se trata de una narrativa peligrosa porque desplaza el debate de fondo: la infiltración del crimen organizado en la vida pública mexicana.

Mientras tanto, la relación con Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Las tensiones en materia de seguridad se acumulan al mismo tiempo que ambos gobiernos se preparan para una etapa crucial de negociación y revisión de los acuerdos comerciales de América del Norte.

Retar públicamente a Trump en este contexto parece una apuesta de alto riesgo

Lo que viene podría ser aún más complicado. En primer lugar, es probable que continúen apareciendo nuevas listas, expedientes y señalamientos relacionados con presuntos narcopolíticos mexicanos. Independientemente de la solidez jurídica de cada caso, el daño político será significativo mientras persista la percepción de que existe protección institucional hacia determinados personajes.

En segundo término, podría endurecerse la posición estadounidense en la mesa de negociación comercial. Washington cuenta con múltiples instrumentos para incrementar la presión sobre México, desde controversias comerciales hasta medidas relacionadas con seguridad fronteriza y combate al narcotráfico e incluso extracción de los malosos en territorio nacional.

Pero el escenario más delicado sería la eventual judicialización internacional de algunos casos vinculados con organizaciones criminales. La posibilidad de que autoridades estadounidenses busquen la entrega o procesamiento de personajes políticos mexicanos señalados por colaborar con grupos delictivos, dejaría al gobierno federal frente a una disyuntiva extremadamente incómoda: cooperar o confrontarse.

México necesita serenidad, transparencia y firmeza institucional. Lo que no requiere es convertir la defensa de determinados políticos de dudosa reputación en una causa nacional. Porque al final del día, ningún partido está por encima del país y ningún proyecto político debería estar por encima de la obligación de combatir al crimen, venga de donde venga y alcance a quien alcance.

Mal aconsejada y con una pésima lectura de la situación que se vive con Washington, la presidenta optó por elegir el camino que seguramente tomaría AMLO, en lugar de limpiar la casa con investigaciones objetivas y autónomas de la FGR a Rubén Rocha Moya y a los 7 angelitos que los acompañan –dos ya se entregaron a EU- en el bloque de acusados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.