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Desde San Lázaro. Entre sustentabilidad e inversión. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 May 2026
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Desde San Lázaro. Entre sustentabilidad e inversión. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SEMARNAT_mx

La decisión de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de Alicia Bárcena, de cancelar la autorización del proyecto turístico Perfect Day México, promovido por Royal Caribbean Group en Mahahual, Quintana Roo, ha colocado sobre la mesa uno de los dilemas más complejos de la política pública moderna: cómo conciliar la protección del medio ambiente con la necesidad de atraer inversiones y generar empleos.

No se trata de un asunto menor.

La inversión prevista ascendía a 1,500 millones de dólares, equivalente a más de 28 mil millones de pesos al tipo de cambio actual. En un contexto de desaceleración económica, menor crecimiento y creciente incertidumbre regulatoria, perder un proyecto de esa magnitud envía una señal que inevitablemente será observada con atención por inversionistas nacionales y extranjeros.

Pero también es cierto que el desarrollo turístico en el Caribe mexicano no puede continuar a costa de destruir ecosistemas que son patrimonio natural del país.

Mahahual, ubicado en el municipio de Othón P. Blanco, es una de las zonas con mayor riqueza ecológica de Quintana Roo. Frente a sus costas se encuentra parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, considerado el segundo arrecife coralino más grande del mundo, después de la Gran Barrera Australiana. Este ecosistema alberga cientos de especies marinas, protege la línea costera y constituye el principal atractivo turístico de la región.

Los grupos ambientalistas que se oponen al proyecto advirtieron sobre posibles daños a manglares, pastos marinos, arrecifes y fauna marina. Su preocupación no es infundada. La experiencia demuestra que desarrollos mal planeados pueden alterar de manera irreversible el equilibrio ecológico.

En ese sentido, la Semarnat actuó conforme a su mandato constitucional de proteger el medio ambiente y garantizar el uso sustentable de los recursos naturales.

El gobierno mexicano no solo tiene el derecho, sino la obligación de actuar con rigor técnico cuando existe riesgo para ecosistemas estratégicos.

Sin embargo, la discusión no puede reducirse a una falsa disyuntiva entre ecología o desarrollo.

México necesita ambas cosas.

El país requiere inversiones productivas, generación de empleos formales y crecimiento económico. Pero también necesita preservar sus recursos naturales, que son la base de su competitividad turística y de la calidad de vida de millones de personas.

De concretarse, Perfect Day México habría generado miles de empleos directos e indirectos en una región donde el turismo representa la principal fuente de ingresos. Hoteles, restaurantes, transportistas, comercios y prestadores de servicios se habrían beneficiado del aumento en el flujo de visitantes.

Además, la derrama económica habría fortalecido las finanzas locales y ampliado la base tributaria, permitiendo mayores recursos para infraestructura y servicios públicos.

La cancelación, por el contrario, implica la pérdida de una inversión relevante en un momento en que México enfrenta señales de cautela por parte del capital extranjero.

La reforma judicial, la incertidumbre regulatoria y las decisiones discrecionales en distintos sectores han contribuido a elevar la percepción de riesgo. Cuando un proyecto de gran escala es detenido, aun por razones ambientales legítimas, el mensaje para los mercados debe acompañarse de certeza, transparencia y reglas claras.

No se trata de autorizar cualquier proyecto sin considerar sus impactos, ni de cerrar indiscriminadamente la puerta a la inversión. Se trata de establecer estándares rigurosos, supervisión permanente y medidas de mitigación que permitan compatibilizar desarrollo y conservación.

Muchos países han demostrado que el turismo sustentable es posible cuando existen evaluaciones serias, monitoreo independiente y sanciones efectivas ante incumplimientos.

Este caso debería servir para impulsar una discusión más amplia sobre el modelo de crecimiento que México desea construir.

La sustentabilidad debe ser la principal bandera de la política pública. Pero esa bandera no puede convertirse en sinónimo de inmovilidad ni en un factor adicional de incertidumbre para quienes están dispuestos a invertir.

Lo que se requiere es un marco regulatorio sólido y predecible, donde las empresas conozcan con claridad los requisitos ambientales y donde las autoridades actúen con base en criterios técnicos, no políticos.

Royal Caribbean tiene derecho a buscar alternativas o rediseñar el proyecto para atender las observaciones de la autoridad y de la sociedad civil. México, por su parte, debe demostrar que es capaz de proteger sus ecosistemas sin renunciar al desarrollo económico.

La eventual cancelación definitiva de Perfect Day México deja una lección contundente.

Cuidar el medio ambiente es irrenunciable. Pero también lo es crear condiciones para que fluyan inversiones que generen empleos y bienestar.

Entre la devastación ecológica y el rechazo automático a la inversión existe un punto de equilibrio. encontrarlo es la verdadera responsabilidad del Estado mexicano.

Porque la prosperidad del país no dependerá de elegir entre naturaleza o crecimiento, sino de demostrar que ambos pueden coexistir en un equilibrio responsable y sustentable.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.