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Con más mujeres empoderadas Coahuila se fortalece: Manolo Destacado

14 May 2026
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Con más mujeres empoderadas Coahuila se fortalece: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

El gobernador Manolo Jiménez Salinas y Paola Rodríguez López, presidenta honoraria de Inspira Coahuila, acompañaron a miles de mujeres en el inicio de la sesión presencial de Universidad de los municipios de Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga, Parras de la Fuente y General Cepeda.


"Junto con mi esposa Paola Rodríguez saludamos a cientos de mujeres de la región Sureste que forman parte del Programa Universitario de Inspira. La educación transforma vidas, fortalece familias y abre nuevas oportunidades para construir un mejor presente y futuro. Hoy, además de ser un ejemplo para sus familias, son un orgullo para nosotros. ¡Felicidades a todas por dar este gran paso en su formación y crecimiento personal!", destacó el gobernador.

Todas estas mujeres tomaron la decisión de iniciar una carrera universitaria, lo que significa una oportunidad de crecimiento para cada una de ellas, contribuyendo a su desarrollo profesional, personal y económico, así como al fortalecimiento de oportunidades educativas.


“Para nosotros, las mujeres son el pilar de la comunidad, y el tener más mujeres preparadas, más mujeres profesionistas nos ayuda a fortalecer el entorno. Además de ser ejemplo para los suyos, son orgullo para nosotros”, señaló.

El Mandatario estatal les deseó éxito y reiteró su respaldo a todas las mujeres que decidieron terminar su preparatoria y continuar sus estudios profesionales.

“El plan que tenemos para Coahuila es que todo lo que vayamos haciendo, a final de cuentas mejore la calidad de vida de nuestra gente y que Coahuila se consolide como el mejor lugar de México para vivir con nuestras familias”, puntualizó.

Paola Rodríguez informó que impulsar la educación de calidad para todas y todos los coahuilenses es uno de los principales compromisos, porque, dijo, la educación es la herramienta más poderosa para enfrentar cualquier reto que la vida presente y para construir un mejor futuro para las mujeres y sus familias.

Añadió que en esta sesión se tendrán varias actividades, como una sesión de reflexión y autocuidado; un espacio con todo el equipo de la Universidad CNCI para resolver dudas e inquietudes del proceso de la carrera; la entrega de credenciales de estudiante; entre otras.

Informó que son más de cuatro mil 300 mujeres son las que están cursando universidad en todo el estado; de ellas, más de mil en la región Sureste.

“Este es un programa integral que te servirá como mamá, como mujer y como profesionista”, mencionó Paola Rodríguez.

Agradeció a la universidad CNCI por ser un gran aliado de todas las mujeres en Coahuila.


En este inicio de sesión estuvieron presentes, además, el secretario de Educación en el Estado, Emanuel Garza Fishburn y las alcaldesas y alcaldes de la región Sureste.


Para mayor información, se invita a las interesadas a mantenerse pendiente de las redes y página oficial del Gobierno del Estado, donde próximamente se estarán publicando las convocatorias correspondientes.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.