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1,100 mdp derrama económica durante la época vacacional en Coahuila: Manolo Destacado

13 Abr 2026
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1,100 mdp derrama económica durante la época vacacional en Coahuila: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

El gobernador Manolo Jiménez Salinas dio a conocer que, con sus atractivos turísticos y sus ocho Pueblos Mágicos, Coahuila concluyó con éxito las vacaciones de Semana Santa y Pascua 2026, en la que se reportaron casi 900 mil visitantes, una derrama económica de 1,100 millones de pesos y una ocupación hotelera del 100 por ciento en los Pueblos Mágicos de la entidad en los días de la semana mayor.

Gracias a que somos un estado seguro, visitaron la entidad turistas nacionales y extranjeros, quienes vivieron gratas experiencias y tuvieron una estancia tranquila.

Coahuila cuenta con ocho Pueblos Mágicos y una amplia oferta turística como museos, centros históricos, viñedos, parques recreativos, plazas, iglesias, albercas, ríos, presas, sierras, sitios naturales y zonas paleontológicas.

Además, durante este periodo se llevaron a cabo eventos como las representaciones de los viacrucis y la Procesión del Silencio, festivales gastronómicos y vaqueros, rodeos, cabalgatas, callejoneadas, bailes populares, pesca, enología, ciclismo, actividades culturales y artísticas.

El estado cuenta también con servicios e infraestructura turística de calidad a través de hoteles, restaurantes, tour operadoras, artesanos y cocineras tradicionales.

“Coahuila se consolidó como un gran destino en esta Semana Santa, observamos dinamismo y mucha afluencia de turistas y visitantes a lo largo y ancho del estado, lo que permitió que en el estado se registrara una ocupación hotelera promedio de más del 73%”, expresó Martha Elena Moncada Zertuche, encargada del despacho de la Secretaría de Turismo y Desarrollo de Pueblos Mágicos.

Bajo el liderazgo del gobernador Manolo Jiménez Salinas, añadió, se desplegaron más de 10 mil elementos de las diferentes corporaciones e instituciones de seguridad, garantizando una estancia segura para todas y todos los paseantes.

“Nuestra entidad es segura y eso es una ventaja para atraer más turismo, más eventos e inversiones y empleos en el sector.

Estamos contentos con los resultados y seguiremos trabajando en estrategias y campañas para continuar detonando el turismo en Coahuila, una industria que genera desarrollo y economía en beneficio de las y los coahuilenses", concluyó.

CONTINÚAN EVENTOS EN MES DE ABRIL

Los eventos turísticos siguen en nuestro estado; desde el 8 de abril y hasta el 4 de mayo, en Torreón se lleva a cabo la Exposición Militar "La Gran Fuerza de México" en el Centro de Convenciones de Torreón; el jueves 16 de abril se realizará el Primer Festival del Taco CIZ 2026 en Saltillo, organizado por estudiantes del Colegio Ignacio Zaragoza y que estará abierto a todo público; el viernes 17 será la Expoasis Ganadera en Múzquiz, el sábado 18 el Festival del Cabrito en Saltillo y el domingo 19 el Unión Trail Coahuila 10K que saldrá de Ciudad Acuña.

El 24 de abril será la Charreada Nocturna Universitaria en Saltillo; el 25 la Cabalgata por el aniversario del ejido La Cuchilla en la Región Carbonífera; el 26 la carrera 5K y 10K “La ruta del fuego 2026” en Saltillo y en Torreón, la Copa Internacional Santos Peñoles, del 30 de abril al 5 de mayo.

Cabe destacar que del 27 al 30 de abril será el Tianguis Turístico México 2026 en Acapulco, donde Coahuila participará con una delegación integrada por la cadena de valor del turismo, y mostrará lo mejor de sus fortalezas y Pueblos Mágicos.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.