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Desde San Lázaro. Reinserción escolar; un asunto de estado. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Abr 2026
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Desde San Lázaro. Reinserción escolar; un asunto de estado. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SnteNacional

En política educativa, las palabras importan. Y esta semana, desde la Ciudad de México, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) lanzó un mensaje que trasciende el ámbito pedagógico para instalarse de lleno en la agenda pública nacional: los estudiantes no abandonan la escuela, son expulsados por el sistema.

La afirmación del dirigente nacional del SNTE, Alfonso Cepeda Salas, durante el Foro Nacional *Hacia una Estrategia para la Permanencia Escolar*, no es menor. Cambia el enfoque del debate. Durante años, el abandono escolar fue presentado como una decisión individual asociada a la falta de interés o disciplina; ahora se plantea como consecuencia estructural de políticas públicas insuficientes, desigualdad social y ausencia institucional.

El matiz es profundamente político.

Porque si los jóvenes no desertan, sino que son expulsados, entonces la responsabilidad deja de recaer en el estudiante y se traslada al Estado. Y ahí comienza la verdadera discusión.

El diagnóstico expuesto por el SNTE coloca la permanencia escolar como un fenómeno multidimensional: pobreza, inseguridad, rezago académico, salud emocional, distancia entre escuela y comunidad, así como reglas administrativas que terminan excluyendo en lugar de integrar. No se trata únicamente de becas —aunque se reconocen sus efectos positivos— sino de construir entornos escolares capaces de retener y reincorporar estudiantes.

El planteamiento coincide con una realidad preocupante: México enfrenta una generación marcada por la interrupción educativa tras la pandemia, el crecimiento de economías informales que absorben a jóvenes cada vez más temprano y un entorno social donde la violencia compite directamente con la escuela como espacio de pertenencia.

El SNTE busca posicionarse no sólo como actor laboral, sino como diseñador de política pública educativa. Y lo hace en un momento clave.

En el foro confirmó la alineación entre gobierno y magisterio en torno a una narrativa común: sustituir el concepto de “deserción” por el de “desatención”. La diferencia semántica implica corresponsabilidad institucional y abre la puerta a nuevas estrategias de intervención temprana.

Detrás del discurso aparece un objetivo mayor: evitar que la reinserción escolar se convierta únicamente en un programa social más y transformarla en política de Estado.

El SNTE fue enfático en un punto que resuena particularmente en el Poder Legislativo: no se puede exigir resultados al magisterio sin presupuesto suficiente ni condiciones dignas para enseñar. Es, en esencia, un mensaje dirigido a la discusión presupuestal que inevitablemente llegará a la Cámara de Diputados.

Porque la permanencia escolar cuesta.

Cuesta tutorías, infraestructura, acompañamiento socioemocional, capacitación docente, actividades culturales y deportivas, sistemas de alerta temprana y coordinación interinstitucional. Todo aquello que durante décadas fue considerado accesorio hoy aparece como indispensable para evitar la exclusión educativa.

En otras palabras, la reinserción escolar no será posible sin reasignaciones presupuestales reales.

La Nueva Escuela Mexicana apuesta, al menos en el discurso, por convertir cada plantel en un espacio de acompañamiento integral del proyecto de vida del estudiante. El reto será pasar del concepto pedagógico a la operación cotidiana en aulas que aún enfrentan carencias estructurales.

Hay que recordar que nada sustituye la presencia del docente. En tiempos de inteligencia artificial y educación digital, el contacto humano sigue siendo el principal factor de permanencia escolar.

El mensaje también tiene lectura política hacia 2027 y más allá.

La educación se perfila nuevamente como eje de legitimidad gubernamental. Garantizar que ningún joven quede fuera del sistema educativo conecta directamente con la estrategia de seguridad pública: menos abandono escolar implica menos reclutamiento por economías criminales y mayor cohesión social.

La permanencia escolar va en proporción directa con la construcción de paz.

Así, la reinserción educativa deja de ser un tema sectorial para convertirse en política preventiva de seguridad nacional.

Sin embargo, el desafío será evitar que el discurso quede atrapado en foros y diagnósticos. México ha acumulado suficientes estudios sobre abandono escolar; lo que ha faltado es continuidad institucional y evaluación efectiva.

Desde el Congreso, la pregunta central será si existe voluntad para traducir esta narrativa en reformas normativas, reglas operativas flexibles y financiamiento sostenido.

El SNTE ya fijó postura: la escuela puede recibir nuevamente a quienes se fueron, pero no puede hacerlo sola.

El mensaje es claro para legisladores y autoridades hacendarias: la permanencia escolar no depende únicamente del aula, sino del diseño completo del Estado social.

En tiempos donde la polarización domina la discusión pública, la reinserción educativa podría convertirse en uno de los pocos consensos posibles. Nadie, al menos en el discurso político, puede oponerse a que niñas, niños y jóvenes regresen a la escuela.

La verdadera prueba comenzará cuando llegue la hora de asignar recursos y medir resultados.

Porque si algo dejó claro el foro impulsado por el SNTE es que el fracaso escolar ya no puede explicarse como una decisión individual. Es un indicador del funcionamiento —o del abandono— institucional.

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El apunte del director

  • Mayo 2026

    América: entre el arbitraje y la terquedad de Jardine, las Águilas exigen una renovación total

    El Club América atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Lo que hace apenas unos meses parecía el inicio de una era dominante, hoy se ha convertido en una etapa de frustración, desgaste y decisiones equivocadas. Entre un arbitraje -CESAR ARTURO RAMOS PALAZUELOS y el VAR- que volvió a perjudicar al equipo en momentos determinantes y la evidente falta de autocrítica de André Jardine, las Águilas acumulan otro fracaso que obliga a una profunda reconstrucción.

    El crédito del entrenador brasileño se ha agotado.

    Nadie puede negar que Jardine escribió páginas doradas con el tricampeonato, una hazaña que quedará para siempre en la historia azulcrema. Sin embargo, en el futbol el pasado no garantiza el futuro. El técnico se ha aferrado a fórmulas desgastadas, ha insistido en jugadores que ya no marcan diferencia y ha mostrado poca capacidad para reinventar al equipo en los momentos de mayor exigencia.

    Durante el último año, el América ha sufrido golpes que contrastan con la grandeza de la institución. La eliminación en la CONCACAF Champions Cup, la pérdida de protagonismo en la Liga MX y el descenso en el nivel colectivo confirman que el plantel ha entrado en una peligrosa zona de confort.

    A ello se suman decisiones arbitrales sumamente cuestionables, marcaciones polémicas y criterios inconsistentes que terminaron inclinando partidos importantes. Pero sería un error reducir el fracaso únicamente al silbante. El verdadero problema está dentro del vestidor y en el banquillo.

    Jardine perdió el control del proyecto

    El América dejó de ser ese equipo agresivo, dinámico y contundente que asfixiaba a sus rivales. Hoy luce predecible, lento y sin variantes ofensivas. El técnico parece incapaz de modificar el rumbo cuando los encuentros se complican.

    Sus cambios suelen llegar tarde, la lectura táctica es limitada y la confianza en ciertos jugadores parece obedecer más a la terquedad que al rendimiento. Cuando un entrenador deja de tomar decisiones con base en el presente, el ciclo inevitablemente entra en decadencia.

    El club no puede seguir viviendo de la nostalgia del tricampeonato. La exigencia del América obliga a competir y ganar siempre.

    Los extranjeros que deben salir

    La directiva encabezada por Emilio Azcárraga Jean debe emprender una depuración profunda del plantel. La base actual ha mostrado claros signos de agotamiento.

    La reestructuración debe comenzar con los jugadores extranjeros que no justifican su permanencia. Salvo dos excepciones, el resto ha quedado a deber.

    Brian Rodríguez

    Es uno de los pocos elementos desequilibrantes. Su velocidad, capacidad de desborde y generación de peligro lo convierten en una pieza valiosa para el futuro.

    Alejandro Zendejas

    Aunque ha tenido altibajos, mantiene intensidad, compromiso y una productividad ofensiva superior al promedio.

    Otros futbolistas que durante mucho tiempo fueron considerados fundamentales han disminuido notablemente su nivel. Algunos están lejos de su mejor versión física; otros simplemente ya no aportan lo necesario para sostener un proyecto ganador.

    Los tres brasileños, que ni mencionar sus nombres, resultaron un verdadero fracaso.

    El América necesita hambre, competencia interna y jugadores comprometidos con recuperar la hegemonía. El prestigio no puede ser garantía de titularidad.

    Es una lástima que Henry Martí tenga que terminar su ciclo en el campeonísimo de una forma lastimosa y no solo hablamos del penal que fallo ante Pumas que significaba el pase a semifinales, sino por el cúmulo de lesiones que arrastra y que no podrá recuperarse.

    Refuerzos con jerarquía y hambre de triunfo

    La institución debe aprovechar el próximo mercado para incorporar futbolistas de alto nivel, con personalidad y capacidad para marcar diferencia inmediata. No se trata de contratar por nombre, sino de reclutar elementos con ambición y carácter.

    Las Águilas necesitan:

    3 delanteros contundentes.

    1 mediocampista con creatividad.

    2 defensas centrales con liderazgo.

    3 Laterales con mayor profundidad.

    ¿Continuidad o cambio en el banquillo?

    La gran interrogante es si Jardine debe continuar.

    El reconocimiento por sus títulos es incuestionable, pero el presente exige decisiones frías. Si la directiva concluye que el entrenador ya no puede renovar al equipo ni recuperar la intensidad competitiva, entonces el relevo debe concretarse de inmediato.

    En el América no hay espacio para procesos sostenidos únicamente por gratitud.

    La afición ya no tolera más fracasos

    La afición azulcrema es la más exigente del país. Acostumbrada a títulos y protagonismo, no acepta excusas. El arbitraje pudo influir, pero no explica la falta de funcionamiento, la escasa reacción y la pérdida de identidad.

    El descontento es creciente y la paciencia se agota.

    Se acabó el tiempo de las contemplaciones

    El América enfrenta compromisos de máxima exigencia en los próximos meses y necesita presentarse con una imagen renovada. La plantilla requiere una sacudida profunda y la dirección técnica debe demostrar, de manera inmediata, que todavía tiene capacidad para liderar un proyecto ganador.

    Si no hay cambios de fondo, el equipo seguirá acumulando decepciones.

    Porque en el América, el pasado se respeta, pero el presente manda. Y hoy, entre decisiones arbitrales polémicas y los errores de André Jardine, queda claro que las Águilas necesitan una purga total para volver a volar hacia lo más alto del futbol mexicano.