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Desde San Lázaro. El Gobierno no puede ser rehén. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

20 Mar 2026
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Desde San Lázaro. El Gobierno no puede ser rehén. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/ElFinanciero_Mx

En el ajedrez político y social hay piezas que, aunque minoritarias en número, han aprendido a moverse con eficacia en el tablero del conflicto. La reaparición pública de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es una de ellas. Sus recientes movilizaciones, no solo han vuelto a tensar la vida cotidiana en la Ciudad de México, sino que han escalado el tono de la presión al amenazar, nada menos, que con boicotear el Mundial de Futbol si sus demandas no son atendidas.

La advertencia no es menor. México se prepara para ser vitrina internacional, y cualquier perturbación de ese calibre tendría costos políticos y económicos y de ingobernabilidad. Sin embargo, para entender la lógica de la disidencia magisterial hay que mirar más allá del escándalo mediático: su estrategia histórica ha consistido precisamente en eso, en elevar la apuesta hasta colocar al gobierno contra la pared.

En las calles, el efecto es inmediato. Los capitalinos son quienes pagan la factura de los bloqueos y del caos vial que paraliza puntos neurálgicos de la capital. El enojo es palpable y, en muchos casos, justificado. No es para menos: la cotidianidad se vuelve rehén de una causa perversa y termina percibiéndose como un ejercicio de presión desmedido.

Pero ese descontento social parece tener poco peso en la ecuación de la CNTE. Su cálculo es otro. Saben, por experiencia acumulada, que al incrementar la intensidad de sus protestas logran colocar al gobierno en una situación incómoda. Y también saben —porque así ha ocurrido en el pasado— que esa incomodidad suele resolverse con concesiones: recursos adicionales, prebendas, acuerdos políticos que les permiten replegarse con beneficios concretos.

Conviene subrayarlo: la CNTE no representa al grueso del magisterio nacional. Se trata de una disidencia minoritaria del sindicato mayoritario, con presencia concentrada en apenas un puñado de entidades del país. La mayoría de las y los maestros mexicanos continúa, todos los días, haciendo su labor en las aulas, sosteniendo el sistema educativo en condiciones muchas veces adversas, sin recurrir a la presión callejera como herramienta principal de negociación.

Esa diferencia no es menor. Mientras una mayoría institucional apuesta por la estabilidad y la continuidad educativa, la CNTE ha construido una identidad abiertamente antisistémica. Y en ese papel ha encontrado, además, una ventana de oportunidad en el actual contexto político. La relación con los gobiernos emanados de la llamada Cuarta Transformación ha sido, cuando menos, ambivalente: entre la afinidad ideológica y la tensión constante.

La Coordinadora le ha tomado la medida a sus interlocutores. Sabe hasta dónde estirar la cuerda sin romperla. Sabe que el costo de un conflicto prolongado puede ser alto para la autoridad, sobre todo en momentos clave del calendario político y económico. Por eso no sorprende que sus movilizaciones se intensifiquen en coyunturas estratégicas, como la antesala de periodos vacacionales o eventos internacionales de alto perfil.

 

De aquí a la Semana Santa, (porque los revoltosos se van de vacaciones, no faltaba más) no sería extraño que la Ciudad de México enfrente jornadas particularmente complejas. El primer cuadro de la capital y otros puntos neurálgicos serán trastocados en su cotidianidad, generando ese efecto de asfixia urbana que tanto incomoda a la ciudadanía. Para la CNTE, ese escenario no es un daño colateral: es parte del objetivo. Es la palanca que buscan accionar para acelerar la respuesta gubernamental.

Y una vez pasado el paréntesis vacacional, el conflicto podría reactivarse con mayor intensidad. El horizonte del Mundial funciona como un incentivo adicional para mantener la presión. La lógica es clara: cuanto más cerca esté el evento, mayor será la urgencia del gobierno por evitar cualquier tipo de disrupción que empañe la imagen del país ante el mundo.

El reto para el gobierno es doble. Por un lado, debe dimensionar con precisión quién es la CNTE: un grupo organizado, sí, pero minoritario en el conjunto del magisterio. Por otro, necesita enviar una señal clara de que el Estado no puede ser rehén permanente de tácticas de presión que afectan a terceros.

Aplicar la ley no implica necesariamente represión, pero sí requiere firmeza. Abrir vialidades, garantizar el libre tránsito y proteger los derechos de la mayoría son responsabilidades básicas de cualquier gobierno.

Para empezar el gobierno debería descontar de su sueldo las faltas a los maestros paristas y a partir de allí gestionar el conflicto

En la antesala de un evento global como el Mundial, la decisión adquiere una dimensión adicional. Permitir que la amenaza de boicot se convierta en una herramienta efectiva sería abrir la puerta a que otros grupos adopten estrategias similares. Evitarlo, en cambio, exige una combinación de diálogo, claridad y, sobre todo, determinación.

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El apunte del director

  • Septiembre 2026

    LA 4T, REPROBADA EN EDUCACIÓN

    El fracaso educativo de México no puede esconderse detrás de discursos, propaganda ni mañaneras. Los resultados de PISA exhiben una realidad preocupante: demasiados estudiantes mexicanos enfrentan serias dificultades en matemáticas, lectura y ciencias, competencias indispensables para desenvolverse en el mundo actual.

    Y mientras nuestros niños necesitan aprender a comprender lo que leen, resolver problemas matemáticos, dominar herramientas digitales, acercarse a la ciencia y prepararse para competir en una economía global, el modelo educativo de la 4T ha dedicado una atención desproporcionada a contenidos ideológicos y a reinterpretar episodios de la historia nacional desde la óptica política del oficialismo.

    Ese es el verdadero escándalo.

    La escuela pública no puede convertirse en extensión de ningún proyecto partidista. Los libros de texto no están para fabricar simpatizantes ni para contar la historia a conveniencia del gobierno en turno. Están para proporcionar conocimiento, desarrollar pensamiento crítico y ofrecer a millones de niños una auténtica oportunidad de movilidad social.

    Porque detrás del desastre educativo existe una enorme injusticia: las familias con recursos pueden pagar colegios, clases adicionales, idiomas y herramientas tecnológicas. Los niños de menores ingresos dependen fundamentalmente de la educación pública. Cuando ésta falla, son ellos quienes pagan la factura.

    Un gobierno que permite que sus estudiantes avancen sin los conocimientos suficientes no solamente reprueba en educación: profundiza la desigualdad y compromete el futuro del país.

    México no necesita niños adoctrinados. Necesita jóvenes preparados para pensar por sí mismos, cuestionar incluso al poder, dominar las nuevas tecnologías y competir con los mejores del mundo.

    Menos ideología y más matemáticas.

    Menos propaganda y más ciencia.

    Menos historia escrita desde el poder y más pensamiento crítico.

    La educación debería ser el gran ascensor social de México.

    La 4T corre el riesgo de convertirla en otro instrumento de su proyecto político.

    Y por sus resultados, la calificación es contundente: 

    REPROBADA.