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Desde San Lázaro. Una reaparición perversa. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

17 Mar 2026
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Desde San Lázaro. Una reaparición perversa. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/lopezobrador_

En política, las ausencias también comunican. Y a veces, el silencio es la mejor forma de respetar los tiempos institucionales. Por eso resulta particularmente llamativa la reaparición de Andrés Manuel López Obrador en redes sociales para promover la recaudación de recursos a través de una asociación civil denominada Humanidad con América Latina, en favor de la causa cubana.

Después de meses de una supuesta vida retirada de la política pública, el tabasqueño decidió volver al espacio público no para opinar sobre los desafíos nacionales ni para acompañar institucionalmente a la nueva presidenta, sino para convocar a sus seguidores a reunir dinero con destino a Cuba. El gesto, además de inesperado, plantea interrogantes de fondo.

Primero, por la oportunidad política. México atraviesa una etapa que exige prudencia de quienes ya ejercieron el poder. Las transiciones se consolidan cuando los liderazgos salientes permiten que quienes gobiernan construyan su propio espacio. En ese sentido, la irrupción del exmandatario resulta innecesaria y, en cierta medida, irrespetuosa con la investidura presidencial actual. La política exterior, la solidaridad internacional y cualquier iniciativa que involucre recursos y movilización pública deberían canalizarse, en todo caso, a través de las instituciones del Estado mexicano, no mediante convocatorias personales de un expresidente desde redes sociales.

La reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum tampoco pasó desapercibida. Lejos de marcar distancia institucional frente a la iniciativa personal del expresidente, la mandataria expresó públicamente su disposición a aportar recursos a la cuenta promovida por López Obrador. Más allá del gesto político, la postura plantea una interrogante relevante sobre la delgada línea entre la solidaridad personal y la validación política de una convocatoria que no pasa por los canales institucionales del Estado.

A ello se suma un elemento aún más incómodo: la omisión frente a la situación de derechos humanos en la isla. Mientras distintos organismos internacionales han documentado durante años restricciones severas a las libertades civiles, persecución a opositores y represión de la disidencia en Cuba, el respaldo político a una campaña de recaudación sin matices termina enviando un mensaje de tolerancia frente a esas violaciones. La solidaridad con un pueblo no debería implicar silencio frente a las condiciones políticas que explican buena parte de su sufrimiento.

Pero hay un segundo punto aún más delicado: la naturaleza misma de la convocatoria. Cuando una figura con la capacidad de movilización política de López Obrador pide dinero para una causa extranjera, inevitablemente surgen preguntas sobre los mecanismos de recaudación, la trazabilidad de los recursos y los riesgos asociados. En un país que ha batallado durante décadas para fortalecer sus controles contra el financiamiento irregular y el lavado de dinero, las campañas de recaudación política informal no deberían normalizarse. 

No se trata de cuestionar la solidaridad con otros pueblos. México ha sido históricamente generoso con las causas internacionales. Pero la solidaridad también exige responsabilidad y transparencia.

Y hay, además, una cuestión de prioridades.

Si la intención es apoyar a los sectores más vulnerables, México ofrece un doloroso catálogo de urgencias. Basta recorrer cualquier estado del país para encontrar comunidades sin acceso pleno a servicios de salud, escuelas deterioradas, entidades sin seguridad pública efectiva, familias que siguen esperando justicia por sus desaparecidos o madres buscadoras que cargan con la ausencia y con la indiferencia institucional.

El país tiene millones de mexicanos que sobreviven en condiciones de pobreza y marginación. Tiene pacientes que no encuentran medicamentos, jóvenes que abandonan las aulas por falta de oportunidades y comunidades enteras que reclaman vivienda digna y servicios básicos.

En ese contexto, resulta legítimo preguntarse por qué el llamado a la solidaridad no empieza por casa.

Más aún cuando la situación del pueblo cubano —sumido en una crisis económica profunda— está íntimamente ligada a un régimen político que durante décadas ha restringido libertades y cerrado espacios democráticos. La pobreza que hoy viven millones de cubanos no puede entenderse sin el peso de ese sistema.

La solidaridad auténtica con Cuba debería empezar por reconocer esa realidad y por acompañar las aspiraciones de libertad y prosperidad de su pueblo.

La reaparición del expresidente, entonces, no sólo resulta políticamente inoportuna. También revive una vieja visión ideológica que privilegia las causas simbólicas del exterior mientras México enfrenta problemas urgentes en casa.

AMLO es un mentiroso por antonomasia, prometió su retiro definitivo de la política y ocurrió justamente lo contrario y no lo decimos por su nueva reaparición pública, sino por su activismo político permanente en asuntos de la administración actual. El tabasqueño sigue ejerciendo el poder por las constantes evidencias de ello.

No me quiero imaginar la molestia que causó en la Casa Blanca, en Washington, el llamado de López Obrador para apoyar a la dictadura cubana, cuando el presidente Trump está empeñado en terminar con la mayor pesadilla de la isla.

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El apunte del director

  • MARZO 2026

    EN COAPA NO SE VIVE DEL PASADO, SE VIVE DE GANAR CAMPEONATOS

    El 4-1  no fue solamente una derrota. Fue un golpe directo al orgullo de un club que no está acostumbrado a que lo exhiban en su propia casa. Club América fue superado de principio a fin por Tigres UANL, y la herida duele más porque el tricampeonato reciente había elevado la vara a niveles casi imposibles.

    Hoy el americanismo no discute un mal partido. Discute el rumbo.

    La gestión de André Jardine, que hace meses era intocable por los títulos conquistados, comienza a entrar en zona de turbulencia. El crédito del tricampeonato no es infinito. Y cuando el equipo pierde identidad, intensidad y carácter en casa, la memoria del éxito se vuelve frágil.

    El reclamo en tribunas y redes es claro: El América no puede verse así. No puede ser vulnerable en defensa, predecible en ataque y emocionalmente desbordado ante un rival directo. La goleada ante Tigres no solo expone errores tácticos; expone dudas estructurales.

    En Coapa lo saben.

    Emilio Azcárraga Jean no suele actuar por impulso, pero tampoco es ajeno a la presión de resultados. La historia del club está construida sobre decisiones firmes cuando el proyecto pierde fuerza. Y aunque públicamente se respalde al entrenador, en privado ya existe un plan alternativo si el campeonato no llega.

    Ese “plan B” tiene nombre conocido.

    Miguel Herrera vuelve a sonar en los pasillos como posibilidad real. El “Piojo” conoce la casa, entiende la exigencia y ha sabido manejar vestidores de alto voltaje. Su figura divide opiniones, pero conecta con una parte del americanismo que hoy exige carácter más que discurso.

    La pregunta de fondo no es si Jardine merece salir. La pregunta es si el equipo muestra señales de reacción suficientes para sostenerlo. Porque en el América no se evalúan procesos largos: se evalúan campeonatos.

    Después de un tricampeonato histórico, la caída sería aún más estruendosa. Y el margen de error, mínimo.

    Y cuando el América pierde 4-1 en casa, el banquillo siempre tiembla.

    Pero hay otro espejo que empieza a reflejar inquietud. La Selección Mexicana de Fútbol también transita un momento de exigencia máxima rumbo a la próxima Copa del Mundo. El famoso “quinto partido” ya no es suficiente en el discurso colectivo; hoy se habla del sexto como meta mínima. Si México vuelve a quedarse antes de esa barrera simbólica, el impacto no será solo deportivo, será estructural.

    América y la Selección parecen caminos distintos, pero podrían encontrarse en el mismo punto: el de las decisiones drásticas. Si el club no levanta la corona y el Tri no rompe el techo histórico, el mensaje sería claro: los ciclos se agotan incluso después del éxito. Y entonces, tanto en Coapa como en el proyecto nacional, la palabra renovación dejaría de ser amenaza para convertirse en obligación.