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Desde San Lázaro. Tensiones permanentes con Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

15 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Tensiones permanentes con Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/realDonaldTrump

Sería relevante conocer las causas que impiden un encuentro personal entre los presidentes  Claudia Sheinbaum y Donald Trump, porque en la vorágine de imposición de aranceles y de sanciones contra el ganado y otros productos nacionales, se pasa el tiempo con misivas, llamadas telefónicas y mensajes irrespetuosos de colaboradores cercanos del mandatario norteamericano contra el gobierno de la 4T que en nada abonan a alcanzar un acuerdo bilateral sobre una agenda global que permita darle cierta certidumbre al curso que tomará la relación entre ambos países.

Se podrá ir a vivir Marcelo Ebrard, secretario de Economía, a Washington para atender las reuniones con sus pares para evitar los aranceles a productos mexicanos; o que el canciller Juan Ramón de la Fuente salga de su ostracismo para proteger a los paisanos ante el embate de las autoridades de migración contra la comunidad mexicana; lo cierto es que hay que irse acostumbrando al garrotazo  porque  tendremos tensión todo el tiempo, según lo dicho por el mismo Ebrard.

Lo hemos mencionado en este espacio, mientras el gobierno mexicano no combata a fondo a los narcoterroristas y sus compinches incrustados en el gobierno de la 4T, el presidente Trump seguirá tratando a México como su piñata favorita con la imposición de aranceles al acero, aluminio, cobre, jitomate, etc y en contraparte,  tan solo somos reactivos ante el impacto brutal a la economía mexicana.

La ruta que hay que seguir para evitar represalias es mantener la calma y buscar la renegociación del T-MEC en términos que no sean inequitativos para México, aunque esto en términos reales, no significa nada.

La nueva era de proteccionismo de Trump arrasa al mundo, incluyendo a sus socios comerciales más importantes como México, la Comunidad Europea y Canadá y ante ello, solo vemos del lado mexicano la aplicación del apotegma de Kaliman “serenidad y paciencia querido Solín”, lo que en palabras de la presidenta Sheinbaum significa “hay que aguantar vara”.

La mandataria mexicana está en el peor de los mundos, por un lado tiene que cargar con la herencia maldita que le dejó su mentor y que conlleva protegerlo a él y su familia, además, también, a   un grupo de colaboradores que, muchos de ellos, están señalados como cómplices de los capos de la droga y si por esto fuera poco, tiene que resolver todo el desastre que le dejó el tabasqueño en materia de seguridad, economía, salud, vivienda, educación, crisis energética, precariedad de las finanzas públicas y una larga lista de problemas que estallan todos los días  como fuegos artificiales.

El otro frente que tiene que atender es su relación con el gobierno norteamericano y todo lo que representa el coro  de los testigos protegidos y que hará mella en el gobierno de la doctora, al tiempo de sortear el vendaval que representa la imposición de aranceles y sanciones a México por parte del magnate inmobiliario.

Apenas han pasado casi seis meses de la gestión trumpista y parece que han sido años, porque en ese periodo México ha estado contra la pared y por desgracia, así seguirá hasta el 2029.

Los más radicales del morenismo como Noroña, aconsejan romper con Estados Unidos y alinearse a China y Rusia, otros fanáticos se inclinan por las movilizaciones violentas, aquí y al norte del Rio Bravo y otros más, se pronuncian por imponer aranceles recíprocos  a los productos norteamericanos que llegan a México.

Ni el Plan México, ni la diversificación de mercados representan soluciones en el corto plazo y menos si el gobierno carece de las partidas presupuestales para incentivar la producción nacional para que los productos que genere, los consuma el mercado nacional.

El estancamiento de la economía está en la antesala de la recesión y si a ello le sumamos la incertidumbre que prevalece entre los inversionistas extranjeros por el curso que vaya a tomar la economía mexicana que inhibe la creación de nuevos empleos y el mismo desarrollo, pues estamos fritos.

La doctora se sacó la rifa del tigre y en lugar de agarrarlo por los bigotes, se empeña en defender a su mentor, incluso ante las peores consecuencias para su gestión.

El 1 de octubre se cumple el primer año del sexenio de la primera mujer presidenta y los resultados son mediocres y negativos derivado de la herencia maldita, de los yerros propios, como impulsar la reforma judicial y por razones exógenas como las trumpadas que cada vez son más severas.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.