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Como veo, doy. Conago se resiste a desaparecer y anuncia “Pacto renovado”. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

16 Dic 2024
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Como veo, doy. Conago se resiste a desaparecer y anuncia “Pacto renovado”. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Imagen tomada de: https://twitter.com/MarinadelPilar
  • Conago se resiste a desaparecer y anuncia “Pacto renovado”.
  • “Perdió el rumbo y luce obsoleta”, opinaban ex gobernadores.

Vaya noticia en materia política la que recibimos la semana pasada en el marco de la Reunión Nacional de Seguridad, que presidió la Presidenta Claudia Sheinbaum y a la que asistieron los Gobernadores de todo el país, evento que se celebró en el Estado de Guerrero. Nos dicen que, en ese lugar y de manera extraordinaria, la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) convocó a sus integrantes y sorpresivamente designaron como titular de ese organismo a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda.

De la Conago, si mal no recuerdo, la última vez que mediáticamente se supo algo relevante de ella fue hace cuatro años cuando un puñado de mandatarios estatales decidieron salirse de la Conago para formar, dijeron, una “Alianza Federalista”, y por considerar que ese organismo había “dejado de ser un eje de consenso para dialogar no solo con el Ejecutivo federal sino con los ejecutivos estatales y municipales”.

Después de ese hecho nada se supo de la supuesta Alianza y tampoco algo de mayor trascendencia de ese organismo que nació como una instancia de interlocución y espacio donde se reafirmaran los compromisos de las entidades federativas con el pacto federal y con el deber de impulsar un proceso político de auténtica descentralización y de fortalecimiento del federalismo.

Y sí, la verdad es que ese foro, poco a poco, se fue distorsionando en sus funciones y alejándose de sus objetivos, y en eso coincidían varios gobernadores. En otras palabras, la Conago se perdió en el camino y prácticamente, en el último lustro, en este foro se hicieron a un lado esos ideales para abrir paso al confort y la turisteada de todos sus integrantes.

“Muchas fotos, muchas reuniones, mucha Conago, y no pasa nada…”, se llegaron a relatar sobre esas reuniones en los últimos años en más de un espacio informativo y con mucha razón, pues, que se recuerde, en los últimos cinco años de ese organismo poco se anunció de relevancia y sus reuniones han sido cada vez más esporádicas o cuando se dan son casi por generación espontánea, como la que acabamos de enterarnos que sucedió en Guerrero.

Son ya 22 años desde su fundación y hoy de la Conago poco se sabe y si acaso algo se comentó de lo que ahí estaba pasando en los últimos años, fue por los lujosos hoteles donde se realizan sus eventos y por los lugares paradisíacos que se escogían como sedes, pero de resultados o acuerdos nada y mucho menos de los temas ahí abordados. Propuestas iban y propuestas venían entre los mandatarios estatales en turno, diagnósticos de esto y de aquello, algunos temas locales y otros nacionales, y al final lo de siempre, caras sonrientes y la foto del recuerdo, pero de avances reales en los temas de la agenda nacional muy poco o nada. No hay duda, la Conago perdió el rumbo y luce obsoleta, esa es la realidad.

LAS CARTAS HABLAN.- Los trabajos formales de la Conago iniciaron el 13 de julio de 2002, teniendo como sede un estado emblemático del turismo nacional, Quintana Roo, y si mal no recordamos su primer reunión se registró bajo el lema de “Reunión de Gobernadores de México para el Fortalecimiento del Federalismo”.

En un principio la Conago funcionó como un espacio institucional permanente para lograr un mayor equilibrio y mejor distribución de las potestades que corresponden a los órdenes de gobierno federal y estatal. Un espacio donde se impulsaba el fortalecimiento de las entidades federativas para que contribuyeran en mayor medida al desarrollo nacional, así como para contar con los recursos y capacidad de respuesta de las demandas de sus comunidades y fue un espacio donde se reafirmaba una y otra vez el compromiso de las entidades federativas con el pacto federal y con el deber de impulsar un proceso político de auténtica descentralización y de fortalecimiento del federalismo. Un espacio donde funcionarios federales, estatales y municipales, convivían y acordaban sin importar la ideología o partido político al que pertenecen, ya que el principal objetivo era el desarrollo integral de nuestro país México. Y aquí nos preguntamos ¿en qué momento se perdió ese ideario federalista?

VA MI RESTO.- De última hora nos enteramos que el gobernador de Nuevo León, el bohemio Samuel García, anunció en sus redes sociodigitales la posibilidad de buscar la vicepresidencia de la Conago, noticia que deja mucho que desear para aquellos gobernadores que en verdad tienen la idea de impulsar que ese organismo no solo reviva sino que perdure como eje articulizador de las políticas federalistas del país, si ya de por si la Conago perdió principios y objetivos de su ideario fundacional, pues la verdad es que se cree que el de Nuevo León poco pueda aportar en el posible resurgimiento de ese organismo, o tal vez quiera contribuir a darle la estocada final ¿Será?, y hasta ahí porque como veo doy.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.