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Desde San Lázaro. Enrique Alfaro entrega Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

25 Abr 2024
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Desde San Lázaro. Enrique Alfaro entrega Jalisco. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/EnriqueAlfaroR

Al más fiel estilo de los gobernadores priistas que prefirieron traicionar a su partido, en lugar de defender la plaza contra la irrupción de Morena y sus aliados políticos;  el gobernador emecista de Jalisco, Enrique Alfaro ha capitulado en la víspera de la elección del 2 de junio.

El mandatario estatal podrá decir misa, pero los hechos son contundentes en torno los escasos apoyos que está brindando al candidato de MC, Pablo Lemus, quien si no fuera por el sector empresarial de la entidad que lo apoya;  y de los cuadros emecistas, además de la mayoría de los habitantes de Guadalajara y Zapopan, entre otros municipios de la entidad, su causa política estaría perdida desde ahora.

Tal como lo hicieron Alfredo del Mazo en el Estado de México; Quirino Ordaz, en Sinaloa; Claudia Pavlovich, en Sonora, Omar Fayad, en Hidalgo y Alejandro Murat, en Oaxaca, por citar algunos de los traicioneros tricolores, Enrique Alfaro se ha hecho a un lado en la lucha por mantener la égida de MC en Jalisco;   a cambio de impunidad, prebendas y canonjías.

Fuentes estatales aseguran que la Fiscalía General de la República tiene varios expedientes abiertos contra prestanombres y colaboradores cercanos al Jefe del Ejecutivo Estatal, así como el hecho de que  están en curso diversas indagatorias en torno al huachicoleo de combustibles, triangulaciones de recursos públicos a través de factureras fantasmas y otros ilícitos.

Andrés Manuel López Obrador, desde que fue investido con la banda presidencial y como conocedor de los entretelones del poder, estaba convencido de que para inclinar la balanza electoral a favor de su causa, tenía que convencer a los gobernadores en funciones para que trabajarán a su favor, así  dispuso de la estrategia correspondiente, para convencerlos, ya sea por la buena o por la mala, de que dejarán solos a los candidatos opositores y facilitarle el camino a los abanderados de Morena y aliados rumbo a las gubernaturas;  el resultado es de todos conocido.

Los gobernadores traicionaron a sus correligionarios y sin ninguna muestra de arrepentimiento aceptaron los cargos, principalmente, en el servicio exterior, como pago de sus servicios a la causa.

En esta lógica, veremos en el futuro con cuál  cargo será premiado Enrique Alfaro, tal vez ya no en esta administración, pero de que hay algo promisorio en el futuro, no hay duda de ello.

Alfredo del Mazo, el último gobernador de una notable estirpe de políticos que fueron gobernadores del Estado de México, traicionó a su familia, a su apellido y a los priistas mexiquenses, así como a sus aliados del PAN  y del PRD. Él no aceptó  ningún cargo público, pero  a cambio, escogió la impunidad y la inmunidad.

Tal vez en esto se parezca Alfaro con Del Mazo Maza.

El crecimiento insospechado en las encuestas locales de Jalisco, de Claudia Delgadillo,  la candidata de Morena y rémoras, desde luego, tiene que ver con sus capacidades, pero eso es muy diferente, a colocarse en un empate técnico en los estudios demoscópicos con Pablo Lemus, tan solo porque es muy entrona.

Al medir  y comparar la experiencia en cargos públicos entre ambos candidatos y sobre todo evaluar los resultados que han tenido, resulta que Pablo Lemus se lleva de calle a Claudia Delgadillo, pero está visto que estas fortalezas y cualidades no sirven a la hora de que el gobernador en turno traicione a la causa, sin importar que se lleve entre las patas a su compañero de la franquicia naranja.

Con los claroscuros que representa estar al frente del gobierno de una de las tres entidades más relevantes del país, Enrique Alfaro, está viviendo una etapa de declive en cuanto a la aceptación que tienen los jaliscienses de él y ello se debe a diversas razones,  que van desde los incrementos en los índices delictivos, hasta la protección que brinda a diversos de sus colaboradores que tienen fama de corruptos e ineptos.

Faltan 40 días para la celebración de los comicios del 2 de junio y veremos en su cruda realidad, si el gobernador de Movimiento Ciudadano entregó la plaza a sus adversarios políticos, o si de plano se creció al castigo y refrendó su apoyo a Pablo Lemus, no obstante no haber sido su favorito desde los tiempos en que fue nominado.

De hecho,  Lemus quedó atrapado en medio del conflicto que prevalece entre Dante Delgado, dirigente nacional de MC y el gobernador jalisciense y ello, de suyo, le ha costado sangre, sudor y lágrimas al ex alcalde de Guadalajara para remontar en todos los aspectos hasta colocarse en la antesala de la gubernatura.

Los electores de Jalisco tienen la última palabra y ella tiene que ver con acudir a emitir su voto este próximo 2 de junio y con ello elegir a su próximo gobernador, o tal vez, gobernadora?


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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.