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Desde San Lázaro. Ecos del debate. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Abr 2024
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Desde San Lázaro. Ecos del debate. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/herasdemotecnia

Ciertamente el formato del debate no permitió la libre confrontación de ideas, pero hay que decirlo, ese acartonamiento lo propiciaron los propios representantes de las candidatas, sobre todo de Claudia Sheinbaum, en un afán por cuidarla y no exponerla ante los severos cuestionamientos e incluso de acusaciones por negligencia y corrupción.

Entre los yerros del reloj y de transmisión y el propio diseño del formato del debate, se perdió la oportunidad de ver en todo su esplendor a los tres candidatos que, seguramente, se quedaron con muchos temas guardados ante la imposibilidad de exponerlos por falta de tiempo.

Es deseable que en los dos próximos debates presidenciales, el propio INE de Guadalupe Taddei, difunda los pormenores de los acuerdos entre los representantes de los candidatos que intervienen en la construcción del formato, porque si no lo hacen,  deberá ese instituto cargar con culpas ajenas por ese exceso de cuidados que tiene Morena y sus aliados por su abanderada presidencial.

A qué le temen, a que Claudia sea avasallada por su adversaria, eso seguramente no pasaría, porque tiene la experiencia en debates y la preparación académica, además de la experiencia en el servicio público, para estar a la altura de las circunstancias, empero eso no es suficiente para sus representantes y asesores, quienes no quieren ni que la toquen con el pétalo de una rosa.

Al pretender hacer un ejercicio inclusivo al promover la participación de la ciudadanía en la elaboración de las preguntas para escoger solo algunas que respondan los tres aspirantes, se perdió demasiado  tiempo en el debate por contestar temas específicos e inquietudes de los habitantes de las diversas regiones del país.

Así como ya se definió la temática que abordarán los candidatos en los restantes debates, se debería  plantear solo el tema a tratar y fijarles su bolsa de tiempo para dar pie a la esgrima verbal entre los tres y tan solo los moderadores deben constreñirse a mantener el dialogo en los cauces del respeto.

Eso sería más interesante para los electores y seguramente abonaría en la consolidación de la incipiente democracia mexicana que pretende  un menor abstencionismo.

Al observar los pormenores del debate, nos atrevemos a esbozar algunas actitudes que no deberían repetir los tres candidatos, como la sempiterna sonrisa de Jorge Álvarez Maynez, o la pretensión de mantenerse impávida y “fría”  de la suspirante oficialista ante los embates de sus opositores

O las tomas televisivas a Xóchitl Gálvez que en nada  la favorecieron y que nada hicieron sus asesores para cuidarla.

Al término del debate, la hidalguense debió salir con un mensaje contundente de triunfo a los medios de comunicación e imponer su agenda mediática, pero lo omitió.

Los tres políticos son capaces e hicieron la tarea, pero para la hidalguense es necesario escoger bien sus batallas para repetir los argumentos hasta que se posesionen entre el electorado, como por ejemplo, que los chilangos fueron tratados durante la pandemia de Covid-19 con un producto utilizado para combatir a los piojos.

Este caso es  emblemático  para evidenciar la incompetencia y la corrupción del oficialismo, pero al incorporar otras denuncias en el debate, pues se diluyó.

Entre la tragedia del colegio  Rébsamen y el fatal percance en la Línea Doce del Metro se  desperdiciaron  otros misiles lanzados por la opositora.

Se anticipa que los dos próximos debates no serán un día de campo para Sheinbaum porque Gálvez se preparara mejor para hacerla tropezar.

En otra colaboración decimos que las dos candidatas cargan con una loza sobre sus espaldas; una, el fracaso de AMLO en temas relevantes como la inseguridad, corrupción, el desmantelamiento institucional de programas asistenciales que paliaban la pobreza y la marginación, como el Seguro Popular y las Escuelas de Tiempo Completo; la crisis en el sector salud y educativo,  tan solo por citar algunos; y la otra aspirante tiene que cargar con los negativos del PRI y el PAN, principalmente.

A quién demonios se le ocurrió sugerirle a Jorge Álvarez Maynez de esbozar una plena sonrisa después de sus intervenciones, hecho que se prestó a la burla, aunque hay que reconocerlo, dio material suficiente para  nutrir los memes en redes sociales. Igual en una de esas su destino es el camino de la comedia.

Los debates, sea como sea, contribuyen al fortalecimiento de la democracia que ve una de sus manifestaciones más claras en la expresión del voto ciudadano para elegir a sus gobernantes, entonces en esta lógica es menester que se hagan con un nuevo esquema que permita la libre confrontación de las ideas.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.