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Desde San Lázaro. Lilly Téllez se equivocó. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

29 Jun 2023
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Desde San Lázaro. Lilly Téllez se equivocó. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/LillyTellez

Lilly Téllez se equivocó e hizo más daño al bloque opositor, que las mañaneras de todo un mes.

Vamos por partes.

A unas cuantas horas de que la oposición ganara la agenda pública a AMLO con el anuncio del método de selección de su candidato presidencial que incluye  la realización de elecciones primarias, la senadora panista les mete un autogol con su dimisión y con ello borra la ventaja alcanzada por los oficialistas.

La disolución del consejo electoral ciudadano que se había conformado para organizar las elecciones primarias con las que se postularía a su candidato a la presidencia, fue otro torpedo que dio en la línea de flotación del barco opositor que se había reencauzado el rumbo al 2024.

Estos dos autogoles de la oposición, encueró las limitaciones y las confrontaciones que ocurren entre los partidos políticos que componen la Alianza por México y el Frente Cívico Nacional, ya que no puede exigirse en tan corto plazo a los aspirantes ciudadanos o incluso con militancia partidista, recabar 150 mil firmas de apoyo para pasar a la siguiente etapa.

Más allá de estas escaramuzas, en el fondo prevalece el agandalle de Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano por no dejar pasar a aquellos suspirantes que son ajenos a las nomenclaturas de poder de los partidos políticos que dirigen.

Desde luego, Lilly Téllez se equivocó al no cuidar al bloque opositor con el precipitado anuncio de su dimisión y por darle armas al presidente López Obrador para hacerlos polvo.

Las formas y los tiempos son esenciales en política y con la  precipitada renuncia de la senadora panista a su aspiración, observamos a una política bisoña y poco racional.

Téllez se equivocó y su decisión agravió  al proyecto que intentaba representar.

Así como se encumbró, se ha precipitado y solo una reconsideración  de último momento que corrija su errónea decisión, podría resarcir el daño ocasionado, en tanto,  diremos que la estela de luz de Lilly Téllez se ha perdido en el firmamento.

En la columna de ayer semblanteamos  la posibilidad de que Xóchitl Gálvez fuera acompañada por Lilly para alcanzar la candidatura presidencial por parte de los opositores, pero ante los últimos acontecimientos es mejor que la hidalguense camine sola en ese periplo.

Si Téllez se hubiera aguantado su molestia y exponerla en privado a Marko, Alito y Zambrano y de no haber una reconsideración a los requisitos exigidos a los suspirantes, entonces sí, hacer el anuncio de renuncia a sus aspiraciones, pero ello después de que permeara entre la ciudadanía la propuesta democrática de las elecciones primarias.

Todo lo que pasa en el mundillo de la política da risa y coraje a la vez; cada paso en falso o yerros en cualquier frente, provoca la hilaridad y la burla o la preocupación y la angustia. Lo mismo observamos en el ánimo del presidente y sus corcholatas, que en el frente opositor más ahora que, a unas horas de anunciar su método de selección,  se desbarata su “mini Ine”  y una de sus aspirantes más destacadas dimite. El hecho fundamental es que en lugar de resolver los problemas más acuciantes por los que transita el país, el presidente de la República se la pasa enfundado con la casaca de Morena para denostar a sus adversarios.

La guerra entre los aspirantes del oficialismo va en aumento y el código de conducta firmado por las seis corcholatas,  resultó muerto ya que en lugar de  privilegiar la unidad y evitar la beligerancia, se hacen pedazos.

En el cuartel de Claudia Sheinbaum están desesperados porque ya sin el cargo público y sin el poder que ello representa como el manejo de un vasto presupuesto y  de los medios de comunicación, pues nomás la científica no levanta. Su campaña disfrazada de una cruzada para defender la 4T, es más mediocre que la de un síndico de un pequeño municipio.

El pago de encuestas a modo en las cuales le dan una diferencia de dos dígitos a la ex delegada de Tlalpan por encima del canciller es otra desesperada estrategia para intentar cubrir lo evidente.

Para nadie es un secreto que, tal vez, la señora tenga algunas virtudes, pero el de la personalidad luminosa, el carisma, la oratoria y la empatía con las causas del pueblo, pues nomás no se le da.

Con el intento de ser un clon de su jefe, tanto en el discurso como en sus poses autoritarias, se ha desdibujado la exjefa del Gobierno Capitalino y ello, de suyo, le aumenta la presión a su “Jefe” ante el riesgo evidente e inminente de que, si ella es la corcholata ungida, pues nomás no hay forma de que gane la elección presidencial.

Por ello, AMLO refuerza su presencia como jefe de campaña de sus corcholatas, para, por un lado, darle oxígeno a Sheinbaum y por otro, tupirle a la oposición con todo.

En fin, se han desinflado dos mujeres que pudieron ser presidentas de México, una, Lilly Téllez, por decisión propia; y otra, Sheinbaum, por  sus limitadas capacidades.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.