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Renegociación del T-MEC ‘pone a temblar’ a las empresas americanas: regularían comercio chino

19 Dic 2024
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Renegociación del T-MEC ‘pone a temblar’ a las empresas americanas: regularían comercio chino Imagen tomada de: https://twitter.com/amsocmx
  • Larry Rubin, presidente de la Amsoc, señaló que la renegociación del T-MEC es igual de importante a la regulación del comercio con China

 

Con rumbo a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2026, la American Society (Amsoc) consideró que, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, sus reformas se relacionarán directamente con nuestro país.

 

Además, dijo que debe regularse el comercio con China en los países de Norteamérica ante un “piso disparejo imposible de competir”.

 

“El piso parejo tiene que ser para todos y evidentemente es uno de los factores que más preocupan a los inversionistas americanos y, particularmente al Gobierno de Estados Unidos”, afirmó Larry Rubin, presidente de la Amsoc, organización que reúne empresas estadounidenses en México, en rueda de prensa.

 

El líder empresarial detalló que es difícil competir con empresas que no son del todo privadas, ya que el Gobierno chino también les otorga financiamiento, lo que crea condiciones en el mercado disparejas.

 

“(No lo hay el piso parejo) con las empresas chinas porque son financiadas por su mismo Gobierno. Entonces no son empresas privadas realmente y eso crea condiciones en el mercado que son imposibles de cumplir”, criticó.

 

Dijo que las empresas buscan acaparar los mercados, lo que resulta en un control de precios que deja en desventaja a los productores nacionales en Norteamérica, por lo que debe de ser regulado.

 

“Nosotros somos del pensar que definitivamente el comercio con China tiene que ser regulado, tiene que ser visto en su misma proporción”, enfatizó.

 

En este sentido, señaló que los mayores beneficios en el comercio son México y Estados Unidos y que incluso pesan más que el comercio que cualquiera de ambas naciones pueda tener con China.

 

Con imagen tomada de: El Financiero

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El apunte del director

  • Octubre 2026

    Una decapitación orquestada desde la 4T

    La decapitación de la estatua del expresidente Felipe Calderón en Los Pinos no puede reducirse a una anécdota de protesta sindical ni mucho menos justificarse como un simple acto simbólico contra quien decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro en 2009. Lo ocurrido es un acto de vandalismo dentro de un recinto administrado por el Estado y, por ello, plantea una pregunta elemental: ¿cómo fue posible que un grupo de manifestantes ingresara, destruyera una escultura y se paseara con su cabeza sin que la seguridad del lugar lo impidiera?

    Los hechos están documentados. Integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, azuzados por Jesús Ramírez Cuevas, asesor presidencial, ingresaron al Complejo Cultural Los Pinos después de manifestarse contra Calderón, quien participaba en el Foro América Libre 2026. Los inconformes encontraron la estatua en el suelo, donde permanecía desde que un árbol la derribó en 2025, y procedieron a golpearla hasta desprenderle la cabeza. Uno de los participantes incluso caminó con ella antes de arrojarla contra el piso.

    La primera responsabilidad del gobierno es por omisión. Durante más de un año permitió que una pieza perteneciente al acervo histórico de Los Pinos permaneciera abandonada en el suelo. En julio de 2025, la dirección del complejo había anunciado que sería restaurada y reinstalada; eso no ocurrió.

    La segunda responsabilidad es todavía más grave: la incapacidad o falta de voluntad de la seguridad del recinto para impedir su destrucción. Los reportes disponibles señalan que durante el vandalismo no hubo intervención policial ni del personal encargado de proteger el Centro Cultural.

    Y allí aparece el problema político.

    No existe hasta ahora evidencia pública que permita asegurar que la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó la agresión o que Jesús Ramírez instruyó al SME para destruir la estatua. Afirmarlo como hecho sin pruebas desviaría la atención de algo que sí puede exigirse al gobierno: explicar por qué permitió que ocurriera dentro de un inmueble bajo responsabilidad federal y por qué nadie protegió un bien que formaba parte del recinto.

    Porque el Estado de derecho también se defiende cuando el personaje agraviado es un adversario político.

    Felipe Calderón puede ser cuestionado por sus decisiones de gobierno; el SME tiene todo el derecho de repudiar la desaparición de Luz y Fuerza del Centro, protestar contra el expresidente y exigir justicia por lo que considere agravios históricos. Lo que nadie tiene derecho a hacer es sustituir la protesta por la destrucción de bienes dentro de instalaciones públicas.

    Un gobierno democrático no puede administrar la legalidad dependiendo de quién sea la víctima. Si mañana un grupo contrario a López Obrador destruyera una estatua suya dentro de un recinto federal mientras los guardias observan pasivamente, el oficialismo reclamaría —con razón— la aplicación de la ley.

    Ese mismo principio debe valer para Calderón.

    La escena de Los Pinos es particularmente desafortunada porque convierte la intolerancia política en espectáculo: una estatua decapitada, una cabeza paseada como trofeo y una autoridad aparentemente incapaz de detener la destrucción.

    La Presidencia y la Secretaría de Cultura deberían explicar qué ocurrió, quién tenía bajo su responsabilidad la seguridad del complejo, por qué no intervino y qué consecuencias habrá.

    No hacerlo significaría enviar un mensaje peligroso: que en México existen actos de vandalismo tolerables dependiendo de contra quién se cometan.

    Y cuando el poder comienza a seleccionar qué patrimonio merece protección y qué adversario merece el abandono, lo que termina decapitado no es solamente una estatua.

    Es el principio elemental de que la ley debe aplicarse a todos por igual.