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A Morena le toca definir alianzas políticas rumbo a elección de 2027, afirma Claudia Sheinbaum

31 Mar 2026
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A Morena le toca definir alianzas políticas rumbo a elección de 2027, afirma Claudia Sheinbaum Imagen tomada de: https://x.com/PartidoMorenaMx
  • Sheinbaum deja en manos de Morena la definición de alianzas rumbo a 2027, tras tensiones con PT y PVEM por la reforma electoral y la revocación de mandato, en medio de fracturas en el bloque oficialista

De cara a las elecciones intermedias de 2027, corresponde al partido Morena definir la alianza con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), luego de que votaron en contra de la reforma electoral, consideró la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

 

En la conferencia de Palacio Nacional, la mandataria fue cuestionada en torno a si el PT continúa siendo un aliado confiable luego de que votó en contra de que la revocación de mandato se adelantara.

 

La titular del Ejecutivo federal comentó que, sin bien hay que tomar en cuenta las reformas aprobadas de 2018 a la fecha, es necesario que la gente decida si los sigue o no apoyando en las urnas.

 

En ese sentido, insistió en que corresponde a Morena definir las alianzas de cara al proceso electoral intermedio, en el que estarán en juego 500 diputados federales que integrarán la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, Congresos locales y más de mil ayuntamientos, así como la elección de cargos del Poder Judicial Federal y local.

 

“Ahora, si tomamos en cuenta todo lo que se ha aprobado con los partidos que han venido apoyando desde el 2018, pues es muy importante, ¿qué va a pasar con esos partidos? Ya la gente va a decidir si los apoya o no. ¿A quién corresponde hacer la alianza? A Morena, al PT y al Partido Verde que son los que han venido en alianza”, comentó.

 

El 10 de marzo pasado, tanto el PVEM como el PT en la Cámara de Diputados sepultaron la primera propuesta de reforma electoral, la cual planteaba reducir el financiamiento público a los partidos políticos.

 

La semana pasada, el PT votó en contra de adelantar la revocación de mandato a 2027 propuesta en el plan B.

 

Con ello, se fracturó la alianza legislativa del oficialismo, de Morena con el PT y el PVEM, sin embargo, aún está por verse si se mantiene la alianza electoral el próximo año.

 

A esto se suma que la dirigente nacional de Morena, Luisa Alcalde, apenas el viernes pasado amenazó con romper la alianza con el PVEM en San Luis Potosí, si éste decide postular como candidata a la gubernatura en 2027 a Ruth González Silva, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo Cardona.

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.